Sobre la nueva ley de Radiodifusión

(…)Los Kirchner salieron a la arena durante la crispación de la guerra gaucha y lanzaron su golpe más fuerte en la debilidad poselectoral, convencidos de que son los medios, y no la oposición, sus enemigos. Y habían gozado como ninguno de sus antecesores de las mieles del pacto de convivencia con el poder de prensa. Ese vínculo fue recompensado en los inicios de la era K con la promulgación de la Ley Clarín, luego con la prórroga de las licencias de los canales de aire y finalmente con la autorización de la fusión Cablevisión-Multicanal.
El envío del proyecto al Parlamento como reacción al divorcio es una demostración de que detrás del texto no descansa el declamado interés por democratizar la palabra, sino de controlarla. Para demostrarlo basta un ejemplo del presente: la actual gestión del Comfer autorizó que Electroingeniería, contratista oficial y empresa de servicios públicos, adquiera Radio del Plata contraviniendo la norma vigente que prohíbe que compañías de servicios públicos sean propietarias de medios. Ni Cristina, ni su marido, ni los presidentes anteriores hicieron nada en favor de la radiodifusión: al contrario, pasaron por alto las pocas restricciones que la infame ley de la dictadura previó para evitar la concentración del espectro radioeléctrico.
La Presidenta advirtió que con el debate su proyecto “se va a poner a prueba la democracia”. Pero como Alfonsín y De la Rúa será su propio poder lo que Cristina Fernández pondrá en juego.