Un mundo de sensaciones

Cuando las explicaciones no se encuentran o lo que es peor aún, cuando la verdad es muy evidente, desde los gobiernos nos intentan convencer que ciertos problemas surgen de sensaciones percibidas por la población. Y seguro, más de una persona recordará los dichos de Aníbal Fernández cuando era ministro de Justicia que, en declaraciones a los medios de comunicación, fundamentaba el problema de la inseguridad en una sensación social.
Por este caso podríamos decir que los medios refuerzan la idea de inseguridad ocupando sus transmisiones con un sinnúmero de hechos delictivos que a la vez satisfacen a sus consumidores adictos a esta clase de noticias. Sin embargo, no por ello, el Estado debe omitir un problema que obviamente existe y que cada víctima vive en carne propia: sean 10 o un centenar, el problema debe ser atendido.
Pero el mundo de sensaciones no está limitado a una jerarquía gubernamental, sino a varias. Tal es el caso del Municipio de Puan que también adjudica a una sensación temas tan importantes como la ausencia temporal o permanente de un médico en un pueblo.
La falta de profesionales de la salud y el consecuente peligro que ello supone ante una emergencia, puede ser una sensación para los habitantes de localidades como Felipe Solá, 17 de agosto y Bordenave. Nada de lo que digo surge de un rumor sino de una situación cierta ocurrida en el recinto del Concejo Deliberante durante una charla sobre la Influenza H1N1 dada por el Ente Descentralizado de Salud a los bloques de concejales.
La conversación indefectiblemente derivó en un debate donde ediles opositores y oficialistas se opusieron a la teoría de la sensación y cuestionaron el concepto emitido por los representantes del sistema de salud.
¿Qué hacemos cuando en un pueblo hay un paciente grave y no hay profesional para asistirlo? ¿Dejamos que se muera? Fueron algunos de los interrogantes.
Parece que la regionalización del Hospital de Puan, implementada en el año 2006, implica una demanda mayor de médicos para cubrir las guardias activas y deben recurrir a profesionales de otras localidades del distrito, dejando sin atención a las poblaciones antes citadas.
“No estamos de acuerdo con el sistema de salud”, dijeron desde el Frente Vecinal.
De no creer, pero integrantes del oficialismo mostraron su malestar ante una medida emanada del Ejecutivo.
Lástima que hayan dejado pasar tanto tiempo. Cuántas situaciones habrán vivido los habitantes de las mencionadas localidades cuando el médico no se encontraba en el pueblo.
“Tenemos que plantearnos como continuar la estructura del sistema de salud en los próximos años”; “Los médicos necesitan adquirir la experiencia de hospitales más grandes y tomar contacto con casos de distinta complejidad, por eso hacen guardias en otras localidades”; “Convocamos a médicos para que vengan a Puan pero no quieren”, etc. Frases que tienen algunas certezas pero que no justifican desmerecer el pedido de los lugareños a los cuales, tampoco le es fácil vivir en localidades pequeñas y alejadas de las grandes urbes.
Ante estas situaciones, uno siente que desvalorizan los médicos de pueblo y todo lo que pueden hacer en una pequeña comunidad. Podemos afirmar que en el país hacen falta profesionales de la medicina y vaticinar a futuro que será más difícil conseguir médicos para el distrito. Pero también podemos hablar de cómo viven muchos médicos en las ciudades trabajando en hospitales precarios, con guardias hacinadas y salarios paupérrimos. Que tal vez cambiarían esa vida por lugares como los nuestros, claro que siempre y cuando se los preserve y ofrezca cierta seguridad laboral.
No es bueno que personas con altos estudios defiendan un par de conceptos cerrados a la solicitud de los casi 2000 habitantes que viven en las localidades de Bordenave, 17 de Agosto y Felipe Solá. O lo que es peor aún, mirando el sistema de salud de países como EEUU, cuando hoy estamos lejísimos de cualquier otro lugar del mundo.
Viendo esta película de la realidad, no puedo olvidar a un matrimonio de médicos (oriundos de Capital Federal) que trabajaban en Gualjaina, una localidad ubicada en la zona precordillerana de la provincia de Chubut, quienes debían cruzar el río homónimo, recorrer caminos sinuosos y atender a los pobladores que vivían en las sierras.
Como dijo alguna vez el Dr René Favaloro: “En cada acto médico debe estar presente el respeto por el paciente y los conceptos éticos y morales; entonces la ciencia y la conciencia estarán siempre del mismo lado, del lado de la humanidad.”

1 comentario

    • Anonymous on 09/08/2009 at 01:21

    impresionante, tal cual como lo siento yo

    Lily!!

Los comentarios han sido desactivados.