"Pido Gancho"

“La rayuela se juega con una piedrecita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrecita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrecita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrecita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrecita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrecita y la punta de un zapato”.

“La infancia y el cielo”, fragmento de Rayuela, Julio Cortázar

El cuento fue relatado por Maribel García, Directora de la Red de Museos de los Pueblos, ante el público que visitó la muestra “Pido Gancho” en el Museo Ignacio Balvidares y en el marco del 107º Aniversario de la Colonia Santa Rosa.
Y como en el cuento de Cortázar, la muestra evocó la magia de los juegos del pasado que, seguramente, siempre siguen vigentes en nuestros recuerdos de niños.
La exposición cuenta con más de 300 juguetes antiguos, y en nuestra localidad, presentó la sección “Popies y Pebetes” para recordar los juegos tradicionales de los alemanes del Volga.
Con el aporte de la comisión de la Colonia Santa Rosa y Asociación Amigos del Museo, la muestra tuvo otros aportes interesantes como “el pelznickel”, personaje mítico de los alemanes del Volga que según cuentan quienes padecieron el miedo que les provocaba, aparecía en las navidades acusando las faltas de los chicos.
Además, se rescataron otros juegos como el aro y el alambre, el turak –juego de naipes propio de los alemanes-, el criket, entre otros.
Durante la apertura de la exposición, Maribel García, Directora de la Red de Museos de los Pueblos ponderó la calidez de la gente de Puan y bregó por la necesidad de rescatar esta característica porque, según dijo, “no siempre se da en todos los lugares”.
“Estoy a cargo de cinco museos que constituyen la Red de Museos de los pueblos de la municipalidad de Olavarría. Dos de ellos, están en localidades de Alemanes del Volga y cuando me invitaron a la muestra, dije qué bueno es poder compartirlo.
Cuando llegué a Puan, me encontré con las mismas historias que me contaban en otras colonias tales como las mamás que pintaban los huevos para las Pascuas y el Pelznickel”, explicó.
“Los relatos surgen al ver los juguetes. Una señora me contó que cuando era chiquita le regalaron unas muñequitas y que cuando fue a bañarlas, éstas desaparecieron porque estaban hechas de paja. No eran de plástico como las de ahora”, relató.
Maribel contó que a veces le preguntan cuál es el juguete que más capta la atención de los visitantes y dijo: “No hay un juguete en particular, porque tiene que ver con las vivencias de cada uno de nosotros. Las mujeres por ahí me dicen que nunca pudieron tener una muñeca, entonces las hacían con ramitas y los hombres, recuerdan que fabricaban una ruedita con un alambre para hacer carreras. Era darle la magia de niños, para que ese entretenimiento se convirtiera en el mejor del mundo.”

En las fotos: Dir. Museo Ignacio Balvidares, Silvia Iturrioz;
Maribel García, Dir. Red de Museos Olavarría, Pres. Asociación Amigos Colonia Santa Rosa
Ariel Walter quien agradeció las colaboraciones y
la presencia del Lic. Raimundo Marmori, Director Provincial de Colectividades Extranjeras.


El Pelz
nickel, era un
personaje que aparecía en las
Navidades acusando
faltas de los niños.
Era convocado por el Christkind,
joven de blanco
que repartía regalos entre cánticos.
Para Las Pascuas, los huevos de gallinas eran decorados
por madres y abuelas para los más chiquitos.