El país enfrenta la peor sequía de los últimos cincuenta años


“No se han tomado medidas preventivas”, dice en su volanta el diario El Mundo

* El ganado muere y la producción agrícola sufre graves consecuencias * El consumo de agua se está racionalizando en varias provincias

El capataz de la hacienda de Los Cauquenes, Mario Yayu, escupe de costado y el suelo reseco a sus pies, absorbe al instante el salivazo. “¿A quien se le ocurrió que Argentina es el granero del mundo?. Habrá sido hace tiempo porque en los últimos años hasta los cardos se mueren”, masculla, con la vista pérdida en el páramo sembrado con las osamentas de las reses que murieron de hambre o de sed. De las 900 cabezas de ganado con que contaba esa hacienda, de la provincia norteña de Chaco, sólo 40 aún resisten a la peor sequía que haya padecido la Argentina en los últimos cincuenta años.

Los indígenas que pueblan el Impenetrable, la región más pobre de Chaco, le preguntan al cura o a los ancianos, que pecado tan grande han cometido, para que Dios los castigue primero con el dengue, luego con el Mal de Chagas y ahora con este sol inclemente que los incinera. Jorge Capitanich, gobernador de la provincia, señala la que superficie sembrada de trigo se redujo de 40.000 a 10.000 hectáreas y la de girasol, de 300.000 a 60.000 hectáreas. “Sin ayuda del gobierno federal, estamos perdidos”, dice Capitanich.

El último informe del Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA) indica que las isoyetas (líneas de lluvia) se han desplazado hacia el oeste del país, donde los terrenos que se extienden a los pies de la cordillera de los Andes no son aptos para la agricultura o la ganadería intensiva. Esto se debe al enfriamiento de las aguas ecuatoriales del Océano Pacífico, a partir del 2008. De persistir este fenómeno, conocido como La Niña, se agostaría por completo la “franja verde” que atraviesa las fértiles provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe.
Si persiste el fenómeno de ‘La Niña’ se reducirá por completo la “franja verde” de las regiones fértiles de Bs. As., Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Santa Fe
“Para qué hacer predicciones cuando la sequía ya se nos vino encima. En el 2005 recomendamos que se tomasen medidas preventivas, como reducir el área de los cultivos industriales (se refiere principalmente a la soja) y crear una reserva hídrica federal para situaciones de emergencia. Nadie prestó atención a lo que decíamos y vean lo que sucede ahora”, dice Juliana Sandoval, del Instituto Argentino de Investigación de Zonas Áridas (IAIZA). En Cosquín, un municipio de la provincia de Córdoba, los vecinos abren el grifo y lo que sale son unas gotas parduscas y fétidas.
Sin agua
El río Cosquín quedó reducido a un hilillo de agua que no alcanza para alimentar la planta potabilizadora. Ante esto, una flota de camiones-cisterna extrae el agua no procesada del mermado caudal y la transporta directamente al pueblo. Los habitantes de Córdoba capital también deben hervir el agua e incluso racionarla pues el pantano de San Roque, principal fuente de abastecimiento, ha perdido más de 1 millón de metros cúbicos. El último corte de agua en esta bella ciudad turística, duró más de 24 horas.
A causa de la sequía, la revista alemana Oil World recortó su pronóstico de la producción argentina de soja para la campaña del 2009-2010, de los 52 millones de toneladas previstas en agosto, a 50 millones de toneladas. La diferencia puede parecer insignificante, pero no lo es, si se considera que la oleaginosa representa el 5% del total de las exportaciones argentinas. Por razones ajenas al fenómeno que nos ocupa, los productores tuvieron que sembrar semillas de baja calidad, lo cual reduciría la cantidad de aceite que se obtiene de cada planta. Entre el 1 y el 27 de octubre, el promedio de las precipitaciones en las provincias “sojeras” de Códoba, La Pampa y Santa Fe, sólo alcanzó el 30% de las que se registraron hace cuatro años, en el mismo período.
De la iglesia de San Fernando de Catamarca salió una procesión hacia el santuario del Señor de los Milagros. Envueltos en un remolino de polvo que apenas les dejaba respirar, los fieles elevaban las manos hacia un cielo plúmbeo y sin nubes.

Diario El Mundo, España 6/11/09