Otro control de Moreno sobre la carne: habrá tres clases de precios

El gerente de compras de una cadena de supermercados quiso comprobarlo personalmente. El último lunes recorrió los cuatro puntos de venta con los que suele testear el consumo. Y así descubrió que la venta de carne se vino abajo. En los híper se habla de una caída de 30% en los últimos 5 días. Algo parecido ocurre en las carnicerías, con porcentajes que varían según los cortes y los barrios.
“Cuando el asado llega a 30 pesos el kilo los consumidores se escapan”, señaló el gerente que solicitó no ser mencionado. Tal vez, porque sabe lo que se avecina. Ayer en la industria frigorífica anticiparon a Clarín, que Guillermo Moreno piensa en un nuevo sistema para controlar el precio de la carne.
El secretario de Comercio se los contará en detalle el próximo viernes en la reunión semanal que mantiene con todos los eslabones de la producción. Pero por lo que ya comunicó en conversaciones telefónicas, establecerá tres tipos de precios, una modalidad que concretó en otros rubros.
Habrá una franja de valores en los cortes premium, otra en los semipremium y una para los llamados masivos o populares. Entre los primeros se encuentra el lomo, el bife ancho y el angosto, el cuadril y la colita de cuadril. Los semipremium abarcan a la bola de lomo y a la nalga. Y no le perderán pisada a los populares que incluyen los cortes delanteros del animal y el asado. Otra posibilidad que se barajaba anoche es separar según se trate de las más económica carne de vaca, o las más caras de vaquillona o ternero.
Moreno aseguró que no pondrá freno a las exportaciones. De hecho, la industria está embarcando cuota Hilton, carnes termoprocesadas y menudencias. Pero si se destinaron al exterior 46.000 toneladas en diciembre, el volumen se redujo a 22.000 toneladas en enero.
Una merma que se atribuye a que el Gobierno demora la entrega de permisos de exportación. Hasta tal punto, que en el caso de envíos kosher a Israel, habría tenido que intervenir un funcionario de la embajada israelí. Se trata de una información que muchos dan por verdadera y nadie quiso confirmar.
Por cierto, el aumento en el precio del ganado, que tomó impulso desde diciembre, aunque ayer haya descendido algunos puntos en el mercado de Liniers, cambió el escenario en esa cadena. El kilo vivo subió 40% en 40 días por un stock vacuno que perdió 2 millones de cabezas en todo el país y una caída en la oferta de esas fábricas de novillos que son los feed lot.
Si el año pasado fueron a faena 17 millones de cabezas, este año se estiman entre 13 a 14 millones. De este modo, el consumo de carne por habitante y por año podría descender de los actuales 70 kilos a 60, que aún lo ubica en el record mundial, detrás de Estados Unidos con 45 kilos y de Alemania con 30 kilos. Si en Liniers el kilo vivo se paga entre 6 y 8 pesos, a la salida del frigorífico trepa a 12 o 15 pesos, casi lo mismo que en EE.UU. y muy por encima de los valores que rigen en Uruguay y Brasil.
Con estos datos en la mano, el sindicato de la carne, en sus dos expresiones, una liderada por el moyanista Alberto Fantini y la otra por el duhaldista Miguel Molina, reclamarán hoy a los industriales un ajuste salarial del 40%, hasta ahora el porcentaje más alto solicitado por un gremio. La negociación será a cara de perro. Los frigoríficos deslizaron que se negarán a aceptar ese pedido.
Quizás, porque preveían tiempos difíciles, las plantas adelantaron compras y aseguran estar abastecidas de hacienda para los próximos 15 días. Creen que la carne tocó un techo. Y que si bien el precio no va a retroceder significativamente, dejará de escalar posiciones. Con estos argumentos, un industrial arriesgó: “El control de Moreno llega tarde”.

Silvia Naishtat
Clarín