Con gran afluencia de público, comenzó Café con Historias

Organizado por el Museo Ignacio Balvidares y la Dirección de Cultura, el martes comenzó el ciclo de charlas “Café con Historias.”
La cita convocada en el restaurante Arcaico, tuvo momentos musicales alternados con relatos sobre aspectos poco conocidos de los inicios de la historia puanense.
En este primer encuentro, los narradores fueron Carlos Lavigne, Silvia Bousquet y la Directora del Museo, Silvia Iturrios.

La apertura musical de “Café con historias” fue de Jorge Capotosti, Director de Cultura del Municipio de Saavedra, quien a través del saxo, interpretó clásicos del Jazz.
Luego y antes de presentar a los narradores, la Directora de Cultura, Laura Velasco junto al conductor Fernando Fernández y la señora Tati Dudka, leyó fragmentos de la historia de Puan, haciendo una semblanza sobre 1810, 1910 y 2010.
“La Junta que se había formado como primer gobierno patrio, manda una expedición a las Salinas Grandes, esta sale en octubre de 1810 y reconocen las tierras de Puan con las últimas estribaciones: los dos cerros y la isla.
En muchos mapas se indica como Puan Mapu, tierra de Puan o Puan Lauquen, Laguna de Puan.
Cien años pasaron y el Centenario de la Patria se vivió con intensidad. La patria ya estaba en marcha y por 1910, los periódicos publicaban: “La laguna quedó reducida notablemente, ahora en el 2010 está pasando lo mismo. También decían que el 12 de mayo de 1910, se inauguró el edificio de nuestro Banco Nación.
El periódico de Puan, La verdad, relataba que ese día a las tres de la tarde se realizaba una fiesta para celebrar el acontecimiento y motivo suficiente había, ya que la nueva construcción representaba una obra que honraba a Puan.
Cabe aclarar que el Banco ya estaba funcionando desde 1904 en un edificio de la sociedad española, donde hoy funciona la Cooperativa Obrera y su primer gerente fue Juan Del Sel, quien fue además fundador de Tiro Federal.
Es interesante ver como Cabanetes, desde el periódico de Pigüé criticaba nuestra sucursal diciendo que unos pocos estancieros había en Puan y nombra a Mariano Unzué, Alejandro Leloir y al Doctor Udaondo. Dice que ni siquiera destornillándose los sesos entiende el establecimiento del banco y que Pigué, haciendo tantas solicitudes no lo ha obtenido. Él sostiene que el poderoso Mariano Unzué lo logró.”

Historias de hacendados

Siguiendo con el relato, Tati Dudka, brindó algunos datos sobre los hacendados mencionados en la crónica. “Mariano Unzué, era un acaudalado ganadero que poseía tierras en el partido de Puan pero que vivía en Buenos Aires, en la casa que había comprado al hijo de Cornelio Saavedra. Hoy dicha construcción, es el reconocido Palacio Unzué, ubicado sobre la calle Agüero. Y las estatuas que estaban en su jardín, fueron llevadas al Parque Lezama de Buenos Aires.
Alejandro Leloir es quien deja de herencia el lugar destinado a la cría de caballos y actualmente es Parque Leloir.
Don Andrés Udaondo, amante de la historia fue quien en el cabildo de Luján y casa del Virrey Sobremonte, fundó el museo que hoy lleva su nombre.”

Centenario y Bicentenario de la Patria

Para finalizar la semblanza, la Directora de Cultura, Laura Velasco, trajo a la memoria los festejos por el centenario patrio. “En 1910, el periódico La Verdad dice: “Esta noche tuvo lugar el banquete patriótico en el Hotel del Pueblo.
También cuenta que en la noche, la plaza sería muy concurrida con motivo de funcionar el Biógrafo.”
“Nos remontamos a 2010 y dentro de 100 años, podrán decir: se festejó este Bicentenario con un gran desfile en la plaza, que fue por la calle San Martín. También podrán decir que lo conmemoramos con una pantalla gigante, con una película que pudimos disfrutar aquí en la Plaza Adolfo Alsina, que se hicieron concursos, charlas históricas, cuántas cosas podrán contar dentro de 100 años,”concluyó.

Campamento en Puan. Otras historias.

Los narradores del encuentro, fueron Carlos Lavigne, Silvia Bousquet y Silvia Iturrios, quienes rescataron los relatos de narradores espontáneos que formaron parte o nó de la Campaña del Desierto y dejaron vivencias en sus libros.
Lavigne rescató el patriotismo de aquellos soldados y expuso sobre las vivencias de un joven extranjero que se enroló en el ejército a los 14 años, deseoso de formar parte de la División Costa Sur, comandada por el Coronel Salvador Maldonado. “Tuvo que enfrentarse a otra cultura y con las vicisitudes del desierto. Cuando estaba en el campamento se quedó dormido durante un guardia y los militares no perdonaban mucho, lo castigaron, lo dejaron toda una noche a la intemperie y con muy poca ropa”, dijo.
Después, Jorge Raier, en voz y guitarra, interpretó milongas sureras de Alberto Merlo: La Chata de Lobería y La Vuelta de Obligado.
La charla continuó con Silvia Bousquet, quien narró historias de mujeres anónimas que formaron parte del campamento militar. “Algunas pasaron a la historia con sus nombres pero hay muchísimas mujeres que lucharon en estas tierras y que no trascendieron. Los libros no las citan con sus nombres y apellidos. Mujeres que permanecieron en el anonimato y ayudaron a sus hombres a cambiar la historia.”
“Con su llegada cambió la vida de los fortines, ellas decidieron acompañar a sus hombres. Lamentablemente casi todas perdieron sus nombres, casi todas fueron llamadas por su apodo como La pasto verde que vivió en Puan, la Pava Caliente, La pecho ‘e lata,”contó.
“Ellas les daban alegría y aliento a sus hombres. Fueron casi todas humildes, casi todas eran analfabetas. Se imaginan ustedes que en el entorno en que vivían no podían tener mucha instrucción. De igual modo que los soldados, ellas recibían los castigos. Tal es así quedó registrado en los partes diarios la pelea entre La Tigresa y Rosa La Mala”, detalló.
También se refirió a algunas descripciones del Ingeniero Ebelot, quien demarcó la Zanja de Alsina. “En su libro Pampa, cuenta que una vez muy cerca de Guaminí, le tocó presenciar un cambio de guarnición en el que no faltaban las mujeres de todas las edades. Había madres amamantando a sus niños arriba del caballo y otras, parecían llevar una culebra enroscada en el cuello de las tantas arrugas que tenían, y en sus bocas apretaban con la encía un cigarro porque no tenían dientes.”
Al final de “Café con Historias”, Silvia Iturrios, directora del Museo Ignacio Balvidares, indagó sobre los relatos de Alfred Ebelot, ingeniero, escritor y periodista, porque según dijo, “tenía una visión clara de lo que era la ciudad y la campaña, de lo que era la elite dirigente y el pueblo humilde”.
Su narración estuvo enfocada en episodios descriptos por el Ingeniero. El primero se refirió a los “velorios del angelito”, hecho que demostró la barbarie de la época.
“Ebelot cuenta que lo invitan a pasar al velorio porque venía de parte de Alsina y describe que cuando entra al lugar, ve gente bailando y el cuerpo del pequeño colocado sobre una tarima. En medio del clima festivo, Ebelot saluda a la madre que estaba ausente del jolgorio y velando a su hijo.
También detalla que las mujeres cuando pasaban al lado del féretro se persignaban rápidamente y luego seguían bailando,” contó.
“Como en la época era poca la diversión, aprovechaban cualquier ocasión para divertirse,” explicó Silvia.
El segundo episodio elegido, fue sobre un rastreador que vivía cerca del Fortín Sandes entre 17 de Agosto y Goyena y que según cómo era el galope de los caballos, sabía que algo raro podía suceder. “Ebelot cuenta que cerca de la zanja había habido una incursión de los indios, entonces le mandan un rastreador. El hombre, originario del lugar, después de observar la tierra, deduce con mucha precisión que habían pasado 15 caballos, yeguas y un potrillo de 6 a 8 meses. Al otro día encuentran todo lo que había dicho,”narró.