Noche de abanicos en el Museo Ignacio Balvidares

El sábado se realizó una nueva edición de “una noche en los museos.”
En esta oportunidad, el Museo Ignacio Balvidares organizó las actividades entorno a la historia y utilización del abanico como medio de expresión a fines del siglo XIX y principios del XX.
Entre las actividades presentadas, hubo una coreografía con abanicos y bailes a cargo del taller de danzas españolas del Centro Municipal de Arte.
También se convocó a los alumnos del primer ciclo de primaria a participar del proyecto “Nuestro abanico” donde utilizaron distintos recursos de expresión plástica y por lo cual, recibieron de regalo libros de cuentos.
En el cierre del encuentro, Maximiliano Lago brindó un taller de Origami, donde niños y grandes pudieron confeccionar artesanías en papel.


Bajo la consigna “viví una noche en el museo”, las actividades comenzaron a partir de las 18.30 con visitas guiadas y la presentación de la muestra: “Buenos Aires en Puan”
Luego continuaron con la exposición de los distintos lenguajes del abanico, modo de expresión utilizado por las mujeres para comunicarse con los hombres a fines del siglo XIX y a principios del Siglo XX.
“En dicho período, el abanico fue un elemento de comunicación ideal porque la libertad de las damas estaba totalmente restringida”, explicó la directora del Museo Ignacio Balvidares”, Silvia Iturrios.
La interpretación estuvo a cargo de alumnas del taller de danzas españolas, dirigido por la profesora Elba Riera, perteneciente al Centro Municipal de Arte.
Antes de empezar el desfile demostrativo, Iturrios agradeció la colaboración de Mercedes Carro, presidente de la Sociedad Española, quien aportó el lenguaje del abanico.
Después enumeró cada una de las simbologías y las alumnas vestidas con trajes españoles, fueron desarrollando las distintas expresiones: sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro era interpretado como “sígame”; mantenerlo en la oreja izquierda, significaba “quiero que me dejen en paz”, dejarlo deslizar sobre la frente simbolizaba “has cambiado” y moverlo con la mano izquierda era “nos observan”. Y así se sucedieron diferentes mensajes del abanico, demostrando la elegancia y el protocolo de la época.

“Una historia requete requete vieja”

Con aire de suspenso, Silvia mostró a los más pequeños una antigua caja de cartón que había encontrado en el museo pero para dejarlos intrigados, la abrió un poco y la volvió a cerrar sin mostrar qué había en su interior.
Así y ante la mirada expectante de los chicos, comenzó a leer el cuento “Una historia requete requete vieja” de la autora Adriana Gallo que relata el diálogo entre Mariana y su abuela.
En la narración, la anciana deja intrigada a Mariana de la misma forma que Silvia a los niños, haciéndola adivinar sobre qué objeto contenía la caja.
El elemento en cuestión era un abanico guardado de generación en generación y que además había sido testigo de la historia de amor entre Victoria y Francisco en épocas del Virreinato.
Francisco declara su amor regalándole un abanico a Victoria iniciando así el noviazgo con previa aprobación de las familias hasta que un día llega la noche del casamiento. “Como era una calurosa noche de verano, Victoria usó el abanico que le había regalado Francisco, que le sirvió para aliviar en parte tanto calor. Esa noche ella le prometió que lo guardaría con mucho amor para la hija que tuviesen y para la nieta que llegaría más tarde.”
Al finalizar la lectura, la Directora del Museo, Silvia Iturrios, enlaza la ficción con la realidad y deja al descubierto el misterio de la caja diciendo: “y esa nieta es la que lo trajo aquí al museo y quedó guardadito para que ustedes lo vean.”

Taller de origami

En el cierre del encuentro se realizó un taller de origami, a cargo de Maximiliano Lago.
Allí, chicos y grandes pudieron confeccionar pequeñas artesanías en papel.
Según explicó Maximiliano, “el origami es un arte milenario que nació en Japón y la palabra significa plegado de papel.”
“La técnica fue traída a América por Miguel Unamuno, escritor que en muchas de sus obras habló de este arte,”explicó.
“Es muy buena para los chicos porque el doblado perfecto que deben hacer para el armado de las figuras, les desarrolla la capacidad cognitiva,”valoró.

Ambientación

En la sala temporaria del Museo Ignacio Balvidares, los visitantes pudieron interiorizarse de la historia del abanico a través de una línea del tiempo desde sus orígenes más remotos en Egipto, donde era una simple rama de palmera utilizaba para espantar insectos, pasando luego por China y Japón, países que dieron origen a su forma plegable, hasta llegar a Europa en los siglos XVIII y XIX con las características actuales.
La muestra de abanicos se realizó con las colecciones deL MIB y con aportes de Mercedes Carro, Néstor Malvicini y Laura López Quintana.
El lugar estuvo decorado con móviles de pantallas hechas sobre propagandas de comercios puanenses y las expresiones plásticas aportadas por las escuelas.
En otro sector, se expusieron antiguas tarjetas que mostraban el lenguaje del abanico.
Entre las curiosidades de la muestra, pudo observarse un abanico en miniatura con figuras de Disney, además de otros muy antiguos realizados en celuloide.
Por último, los asistentes al evento, fueron convidados con las deliciosas “masitas de la abuela” acompañadas de café.