“Sobrevivimos a las dos guerras: la de los ingleses y la del retorno”

El bahiense Adrián López Rausch, actualmente es director de la publicación Héroes de Malvinas. En esta entrevista con Todas las Voces describe su experiencia de vida como veterano de guerra.
Durante el conflicto bélico, participó con el rango de Suboficial Segundo Armas Submarinas y formó parte del Destructor ARA Seguí, del Teatro de Operaciones Malvinas (TOM).
Además cuenta el dolor vivido a su regreso de la guerra y sobre su decisión de dejar las Fuerzas Armadas.
“Si para el ciudadano que participó en la guerra con el grado de Conscripto, su vida posterior significó una tremenda lucha para sobrevivir, eso mismo ocurrió con la gente de Cuadro: fuimos estigmatizados por el solo hecho de seguir una vocación militar,” narra.
“La lucha por dar una vida digna a mi familia fue durísima. Esto se revirtió hace pocos años gracias a la incansable labor de Veteranos de Malvinas de todos los rangos, unidos a ciudadanos de bien, y también sostenidos por generaciones más jóvenes,” expresa durante la nota.

-¿Qué edad tenías cuando estuviste en el conflicto?

-Tenía 33 años, había ingresado a la Armada a los 15 años.

-¿Qué recuerdos consideras que te marcaron a fuego?

-Todos, desde los más pequeños hasta los más desgarrantes, como saber y luego ver a mis camaradas muertos, en distintas acciones.

-¿Qué rango militar tenías?

-Tenía el Grado de Suboficial Segundo Armas Submarinas, y mi navío se llamaba Destructor ARA Segui.

-¿Cómo viviste el después de la guerra?

-Seguramente como todos, pasamos esos primeros tiempos envueltos en un manto de silencio indiferente. La sociedad a la que pertenecemos, no tolera una derrota, y habíamos perdido una batalla. Esta situación nos llegó de parte del ciudadano común, de aquellos a quienes solicitábamos una salida laboral, también de la parte política, donde se inició una feroz campaña desmalvinizadora.

-¿Cómo siguió tu vida?

-Si para el ciudadano que participó en la guerra con el grado de Conscripto, su vida posterior significó una tremenda lucha para sobrevivir, eso mismo ocurrió con la gente de Cuadro: fuimos estigmatizados por el solo hecho de seguir una vocación militar.
En mi caso, dejé voluntariamente a la Armada, y puedo decir que hasta hace muy poco, la lucha por dar una vida digna a mi familia fue durísima. Esto se fue revirtiendo hasta hace pocos años gracias a la incansable labor de Veteranos de Malvinas de todos los rangos, unidos a ciudadanos de bien, y también sostenidos por generaciones más jóvenes.

-¿Cómo surgió la idea de realizar la publicación Héroes de Malvinas?

-Si bien todos los caídos merecen el más alto aprecio, un día pregunté por un tripulante del Crucero Belgrano hundido por los ingleses, ya habían pasado algunos años, y nadie lo recordaba. Él había crecido en la Armada, nuestros destinos hicieron que nos encontráramos varias veces. Y cuanto me dolió que nadie pudiera tenerlo en el recuerdo, era solo un muerto más… un número más entre los fallecidos del Crucero. Nadie escribía sobre el veterano vivo, menos aún de aquellos que habían ofrendado su vida por nuestro suelo.
Entonces, con todas en contra y sin tener nada de escritor pero mucho de corazón y de dolor, empecé con algo que si bien es una publicación modesta, en ella pongo absolutamente todo para que sea digno recordatorio de mis hermanos caídos. Y de aquellos a los que aún tengo vivos, intentando no sean solo un número, porque nuestros Héroes más que nadie merecen ser recordados con nombre y apellido.

-De que manera vas recogiendo los testimonios de ex combatientes y familiares de caídos en Malvinas, debe ser una búsqueda minuciosa…

-No, cada número nace en mi cabeza y allí magino desde su tapa hasta lo escrito. Solo miro a mí alrededor y allí están mis futuros entrevistados que como pequeñas lucecitas, me llevan a golpear las puertas de sus hogares. En cada uno de ellos recibo toda la atención y su colaboración, y luego de cada edición, siento la satisfacción del deber cumplido.

-De todas estas historias, cuál es la que más te llamó la atención.

-Todas son piezas irrepetibles de vidas, desde la más pequeña hasta las más desgarrantes llevan una carga que la vivo ciento de veces cuando debo desgravar y escuchar sus testimonios.
Cada historia me deja esa angustia que no es posible dimensionar. Entre en esas voces, hay silencios. Entre esas voces, hay llanto. No importa la edad, ni la jerarquía, ese dolor que tal vez muy pobremente pueda reflejar en la gráfica, queda sin embargo para siempre en mi más profundo interior.

-¿Qué opinión tenés de los reclamos de soberanía realizados por el gobierno?

-No está mal hacerlo, pero tampoco es suficiente. A lo largo de casi 200 años, los piratas ingleses usaron nuestros reclamos para empapelar sus escritorios. Decir “esto es mío” significa solo una expresión, pero tampoco seamos ingenuos porque en nuestro caso eso no vale nada. Si fuéramos una Nación seria, con poder económico y en consecuencia con poder bélico, seguramente otro sería la consideración de estos detestables usurpadores.

-¿Viviste con dolor la actitud de la sociedad argentina respecto de los veteranos de guerra?

-El dolor mayor fue regresar a una rutina que la misma Armada intentó que sea como si nada hubiera pasado. Sin embargo, en ella faltaban nuestros camaradas que ya no estarían más entre nosotros. Después en el orden de importancia, fue vivir el día a día en lo económico, mantener una familia. Antes de la guerra era muy difícil, y a la vuelta los gobiernos de turnos se ensañaron con las Fuerzas Armadas.
Cuando me retiré, comprobé que el medio civil era casi más de lo mismo. Seguramente la urgencia por sobrevivir y mantener viva a una familia, me metió en una actividad frenética, desesperada, que no me permitió caer. Y por ello siempre doy gracias a Dios porque en mi caso se cumplió aquella frase de que todo lo que no mata fortalece.

-¿Tuviste la oportunidad de volver a las Islas?

-En nuestro caso, no pisamos suelo Malvinero porque nuestro viejo destructor Seguí, como otras Unidades de la Armada, operábamos en el Teatro de Operaciones Malvinas (TOM). Pero si tuviese la oportunidad, viajaría a la Islas Malvinas de cualquier modo, menos con pasaporte inglés, porque estaría traicionando todo lo heroico, todo lo valiosamente ofrendados por mis hermanos veteranos de la Guerra de Malvinas.

-El Estado, ¿se ocupa como debería de los veteranos?

– Por desgracia, nuestra Patria siempre tuvo conductores que solo llegaron a hacer las cosas a medias. Si bien en estos últimos años se adjudicaron algunas pensiones, y algunos otros beneficios, los gobiernos jamás podrán escapar al juicio de la historia, porque todo lo que reconocieron fue por la presión de nosotros mismos.
Fue después de una desigual lucha de más de 30 años, cuando nuestros muertos por suicidios suman más de 500, cuando la ayuda psicológica, después de tantos años, poco puede hacer. O sea que la frase “más vale tarde que nunca”, en este caso no puede conformarnos.
No creo que sería correcto dar las gracias por lo que se ganó con dignidad, los que sobrevivimos a las dos guerras, la de los ingleses y la del retorno, jamás olvidaremos a nuestros muertos, y menos aún a quienes lo llevaron a tan triste final.

-¿A qué se dedicas en la actualidad?

– Trabajo como Auxiliar Docente, donde además doy charlas de nuestro tema Malvinero, escribo y edito la revista Héroes de Malvinas, con contenido único de los protagonistas de nuestra gesta. Escribo cuentos cortos y novelas, en estos momentos como autor compositor tuve la enorme satisfacción de que grabaran dos de mis temas: “Malvineros” y otros dos están siendo masterizados en los estudios de grabación.
También participo en los juegos olímpicos para Veteranos de Malvinas a Nivel Nacional, donde fui distinguido en varias oportunidades.

– Tu hijo canta una de tus canciones.

-Justamente Marcky (Marcos López) es quien grabó mis temas. Aunque en estos momentos, el Señor Manolo Forte los está produciendo en Santa Fé,
Él es uno cantante, siempre digo aquel que siembra mucho tiene más posibilidades de recoger una buena cosecha, éste uno de mis hijos, es un músico de altísimo nivel pero un ser humano enormemente excepcional, y eso para mí es lo más importante.

-Por último, qué reflexión final nos puede dejar sobre esta fecha.

-Treinta años pueden parecer muchos o pocos. En mi caso, lo vivido durante la Gesta de Malvinas está metido en mi vida como si hubiera ocurrido ayer. Así de frescos están los recuerdos cuando escucho las vivencias de mis camaradas. Así están cuando camino con mi mochila vendiendo mis ejemplares, así de fresca están cuando expreso mis sentimientos a través de mis canciones.
Para mí el tiempo no ha pasado, sin embargo no puedo perder de vista la realidad porque si bien es dura, no puede uno substraerse a ella, menos aún ignorarla. Sí quiero aportar más y mejor a nuestra causa Malvinera, pasaron 30 años, y parafraseando al Señor Almirante Robacio, diría que “el tiempo no importa, no será mañana, o tal vez dentro de 30 años más, el tiempo no importa, porque finalmente volveremos”.

Arriba derecha: López Rausch junto a sus compañeros del grupo de desembarco del destructor ARA Seguí