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Colores de un atardecer puanense

La caída del sol puede convertirse en una estampa maravillosa gracias al mágico efecto del espejo de agua y al límpido cielo de una llanura pampeana que nos deja ver el infinito horizonte.
Observar el atardecer en la laguna de Puan, nos da la posibilidad de reencontrarnos con la tranquilidad que solo nos da la naturaleza en estos recónditos lugares de la provincia de Buenos Aires. Y según en la estación del año en que lo hagamos, siempre descubriremos una postal diferente.

Algo de ciencia

Según un artículo del sitio informativo, RTV.es, los expertos dicen que a medida que el sol baja y se acerca hacia el horizonte van dominando el ambiente los colores cálidos. Pinceladas naranjas, rojas y amarillas inundan el ambiente y nos arropan creando una sensación de sosiego.
La luz del sol es blanca. Es decir, es la suma de todos los colores del arco iris (rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta). Viaja desde el sol a la Tierra sin alterarse hasta que penetra en la atmósfera. Entonces choca con las partículas que la componen. A grandes rasgos son polvo, gotas y cristales de agua, sal y las moléculas que forman el aire: oxígeno, nitrógeno y gases nobles.
Todos estos elementos juntos dispersan los rayos de sol y los absorben y a continuación emiten en todas las direcciones como si fueran bolas de billar. Cada elemento lo hace de una manera según sus particularidades.
El nitrógeno y el oxígeno dispersan más el color azul y violeta, que emiten en todas las direcciones, mientras que dejan pasar los tonos naranjas y rojos en línea recta. El resultado es un cielo con aspecto de lienzo celeste uniforme.
Por la tarde, sucedería lo mismo si no fuera porque el Sol está bajo. En esa posición sus rayos recorren hasta 10 veces más atmósfera hasta llegar a nuestros ojos que cuando está el Sol en el cenit.
Así, los tonos azules sufren tal dispersión que no llegan a nuestros ojos mientras que el naranja, rojo y amarillo sí.
Cuantas más partículas sólidas hay suspendidas en el aire más coloridos y saturados son los atardeceres.


Por [email protected]