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Falleció Faber-Castell, el fabricante de los lápices de fama mundial

0,,16074199_403,00Ha muerto el conde Anton-Wolfgang von Faber-Castell. Elocuente, urbano y elegante era el rostro de la marca de lápices alemana Faber-Castell, todo un símbolo en el país.
Prácticamente no hay nadie en Alemania y otros países como Argentina, que no haya utilizado un lapicero o un rotulador de la empresa Faber-Castell. La empresa comenzó a mediados del siglo XVIII sus actividades como taller de carpintería y terminó fabricando lápices. En los últimos tiempos, incluso lápices destinados a la cosmética. A pesar de su éxito, el conde von Faber-Castell nunca dejó de pisar terreno firme. Siguió trabajando, incluso cuando ya estaba en edad de jubilarse, para mantener los estándares y el historial de éxito de la compañía. Falleció ayer jueves (21.01.2016) en Houston. Tenía 74 años.

Anton-Wolfgang von Faber-Castell nació el 7 de junio de 1941 en Bamberg. Estudió en una escuela suiza y concluyó sus estudios universitarios de Derecho en Zúrich. Trabajó durante seis años en el sector financiero en Londres y Nueva York y después se incorporó a la empresa familiar, fundada en 1761. El conde de Faber-Castell formaba parte de la octava generación de la compañía. Deja mujer y cuatro hijos. El mayor, ya entrado en la treintena, se incorporó a la empresa familiar en el 2003. Faber-Castell deseaba que la compañía permaneciera en manos familiares. (dpa)

0,,747025_4,00Un lápiz que cumple 110 años
El lápiz Faber- Castell cumplió 110 años. Cambiaron los tiempos y la forma de producción y aunque el mundo esta regido por computadoras, el lápiz no ha perdido vigencia.
El lápiz fue descubierto durante el siglo XVI en Inglaterra. Caspar Faber se dedicó en 1761 a la producción, en la ciudad de Stein, Alemania. En 1790, Josef Hardtmuth, proveniente de Viena, mezcló polvo de grafito con arcilla y agua y lo quemó en un horno mejorando con ese proceso la calidad de los lápices. De acuerdo con la cantidad de arcilla se podía definir la dureza del lápiz. Es ahí donde nació el lápiz que hoy conocemos.

Faber-Castell: un matrimonio que escribió historia
En 1905 la única heredera de la fábrica de lápices Faber, Otillia de Faber, se casó con el conde Castell. Aunque los planes del noble eran hacer una carrera militar, tomó el mando de la fábrica de lápices heredada por su mujer, dedicándose de lleno a la fabricación de lápices. Con un toque militar y un buen concepto de marketing salieron entonces a la venta los lápices Faber-Castell 9000.
El creador de estos lápices decidió que fueran verdes como los uniformes de su ejército y sexagonales para que no se cayeran del pupitre. Hoy, más de cien años después, mantienen su forma, no se ven avejentados y siguen siendo codiciados por escolares, escritores, pintores y amantes del arte.
En aquel entonces la región alrededor de Núremberg era el centro de producción de Faber-Castell, hoy lo es Brasil. Cien años después estos lápices no perdieron ni calidad ni vigencia.

0,,1469199_4,00Todo lo que un lápiz esconde
El Nobel Günter Grass es un reconocido amante de estos lápices. En su última obra “Un campo abierto” hizo admirar a un personaje los lápices, diciendo: “ni muy duro ni muy blando, usted no tiene idea Hofthaller, de todo lo que un lápiz esconde…”. Un lápiz muestra y esconde todo lo que escritores o artistas quieren o no mostrar.
Goethe, Vicent Van Gogh y un sin fin de artistas prefirieron y prefieren los lápices a las plumas. La gran ventaja de éstos es lo escrito; con ellos es más fácil borrar y además son más baratos y funcionan siempre, a diferencia de las plumas.
A pesar de que los tiempos han cambiado y las computadoras dominan nuestras vidas, los lápices no han perdido vigencia. Son algo indispensable para los niños en la escuela, los jóvenes en la universidad y los empleados en las oficinas. Son baratos y duran mucho tiempo. Hoy existen en sus más variadas formas y calidades, tamaños y precios, pero los Faber-Castell 9000 seguirán siendo verdes y sexagonales y quizás también lo sean en cien años más.(DW)