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Historias poco conocidas de la Bandera y su creador

16291_789px-Batalla_de_Tucumán_crop¿LA PRIMERA BANDERA ARGENTINA QUEDO EN BOLIVIA?
-En 1885, el Padre Arrieta, en una capilla de Bolivia, encontró dos telas camufladas detrás de dos viejos cuadros de Santa Teresa. Una de ellas estaba manchada de sangre y parecía más vieja. Eran dos banderas ocultas detrás de cada cuadro. Ambas tenían manchas de humedad y tajos de viejas batallas. Una tenía 2,34 por 1,56 metros. “Era de seda despulida, con desgarraduras interiores, sin desflecamientos, descolorida, con tres franjas horizontales, celeste, blanca, celeste, es decir una indudable bandera argentina.” La otra “medía 2,25 por 1,60, en peor estado de conservación y sus tres franjas eran roja, celeste y roja”.
“Los capilleros, dos indios muy ancianos le dijeron a Arrieta que hacía muchos años, siendo ellos niños, oyeron de una gran batalla en el paraje cercano de Charayvitú. En aquella pelea había participado Juan de Dios Aranívar, cura de la zona. Fue perseguido por los españoles, debiendo refugiarse con los indios, donde pasó el resto de su vida”.
“Arrieta concluyó que había sido Aranívar quien ocultara las banderas en Titiri, antes de fugarse. La batalla de Ayohuma, derrota de Belgrano en su campaña al Alto Perú, fue librada cerca del Charayvitú.
Arrieta descubrió que en los libros parroquiales, Aranívar firmó las novedades hasta el día anterior a la batalla de Ayohuma. Después su rastro se esfumaba. Supo también que Aranívar había sido amigo de Belgrano, dándole refugio en su capilla.
En 1896 el gobierno Boliviano le entregó la bandera celeste, blanca y celeste de Titiri al gobierno argentino. Hoy se encuentra en el Museo Histórico Nacional.
La otra bandera, la de los colores misteriosos, quedó en Bolivia, actualmente en el Museo de Sucre. Años más tarde su enigma fue aclarado: no era roja, celeste y roja sino blanca, celeste y blanca; los colores del forro que la protegían detrás del cuadro se confundieron con la tela de la bandera original.
Aquella segunda bandera había sido, según el historiador Miguel Ángel Scenna, la misma que Belgrano desplegó en las Barrancas de Rosario a principios de 1812.
Pero lo más llamativo del caso es que dos años antes que el Padre Arrieta, el por entonces párroco de Tiriri, Párroco Martín Castro, movido también por la curiosidad, había descubierto las dos banderas detrás de los cuadros, pero no se animó a revelarlo y volvió a guardarlas tal y como estaban, con la intención de conservar el secreto para siempre.

manuel-belgrano¿DE DÓNDE VIENEN LOS COLORES?
¿Del azul y blanco del cielo?; ¿Del penacho o el uniforme de los Patricios? ¿Del escudo del Consulado de Buenos Aires, del que Belgrano fue secretario? No.
Evidentemente fue de la Orden monárquica de Carlos III, la que a su vez tomó sus colores del manto de la Virgen de la Inmaculada Concepción, patrona de España e Indias.
La Orden de Carlos III fue creada en 1771, y era una de las condecoraciones más altas impuestas por la monarquía española. Su distintivo principal era una banda de tres franjas, celeste, blanca y celeste, que remataba en la Cruz de la Orden. En varios cuadros de Goya pueden verse a los reyes de España de aquellos años con la “banda presidencial argentina. (…)
El celeste y blanco apareció en Buenos Aires durante las invasiones inglesas, el grupo fiel a Pueyrredón se identificó colocándose en su casaca una cinta celeste y blanca. También los Patricios, al elegir su uniforme, tomaron el azul con vivos blancos, rematando el sombrero con un penacho blanco con punta celeste.
En el caso de French y Berutti a quienes por muchos años se los imaginó repartieron cintas celestes y blancas entre los asistentes a aquellas jornadas de mayo de 1810, la realidad indica que eran cintas rojas, cintas blancas y retratos de Fernando VII.
Luego de la muerte de Mariano Moreno, los desalojados del poder crearon la Sociedad Patriótica: su distintivo fue celeste y blanco.

PEDIDO SIN RESPUESTA
timthumbEl 7 de febrero de 1812, Belgrano llegó a Rosario con el regimiento número 5 de Patricios. El 18 de febrero de 1812 se creó la escarapela argentina, siendo de color blanco y celeste. Belgrano reiteradamente le escribía al Triunvirato para que resolviera la necesidad de crear una bandera que los distinguiese de sus enemigos, pero no obtenía respuesta.
El día 27 de febrero, Belgrano escribió: “Siendo preciso enarbolar bandera, no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de V.E.”.
No se sabe quién bendijo la bandera de Rosario, ni cómo se juró, ni quién la enarboló. El hombre que la izó podría haber sido Cosme Maciel. Por vía del relato oral, se afirmó que la bandera fue hecha por las manos de Catalina Echevarría de Vidal y que fue el padre Julián Navarro quien la bendijo. Pero nada de esto consta en aportes documentales.
El Primer Triunvirato, formado por Paso, Chiclana y Sarratea, era manejado por Bernardino González Rivadavia, preocupado por el apoyo inglés a la Revolución. Si América se declaraba independiente los ingleses, como aliados oficiales de los españoles, deberían combatir contra los insurrectos.

¡OCULTEN ESA BANDERA!
MediaMaratonEl 3 de marzo de 1812 González Rivadavia escribió una indignada carta a Belgrano ordenándole que ocultara de inmediato aquella bandera, y le envió otra. Belgrano nunca recibió la novedad: días antes había partido a hacerse cargo del Ejército del Norte.
El 18 de julio, enterado de la disconformidad del Triunvirato, Belgrano le respondió que: “La bandera la he recogido y la desharé para que no haya ni memoria de ella”.
La primera vez que la Bandera Argentina flameo en el Fuerte de Buenos Aires fue al mediodía del lunes 17 de abril de 1815. Era celeste, blanca y celeste, y fue la primera vez que la bandera argentina flameó en un edificio del gobierno nacional. La enarboló un marino, norteamericano de nacimiento: el capitán Tomas Taylor, alistado en las fuerzas navales criollas. La orden de hacerlo fue impartida por el coronel Antonio Luis Beruti, hermano de Juan Manuel, que luego escribió: “Con lo cual se entusiasmó sobremanera el Pueblo en su defensa, y desde este día ya no se pone otra sino la de la Patria”.
El 20 de abril el coronel Pizarro le regaló una bandera de raso al Cabildo, en nombre del Cuerpo de
Artillería Urbana. Le tocó izarla a un inglés: el almirante Guillermo Brown.

PEQUEÑO GRAN HOMBRE
Manuel-BELGRANO (1)Cuando a las dos de la tarde del 4 de septiembre de 1902 exhumaron sus restos, los doctores Quiroga y Malbrán calcularon que la estatura del General Belgrano era inferior al metro y sesenta y cinco centímetros.
En su juventud, Belgrano pudo ver y juzgar a la clase dirigente en tiempos de invasiones inglesas, lo hizo en su autobiografía: “Todos eran comerciantes españoles –escribió– y exceptuando uno que otro, nada sabían más que su comercio monopolista, a saber, comprar por cuatro para vender por ocho con toda seguridad”.
Cedió su sueldo de vocal para financiar una expedición militar a Córdoba, y donó la mayoría de sus libros para crear la base de la Biblioteca Nacional, fundada por Moreno.
Su presencia no imponía mucho respeto: a su corta estatura se le sumaba una insoportable voz de pito la que, probablemente, diera nacimiento al fantasma de su homosexualidad, del todo falso. Es verídica y famosa la anécdota de aquella ocasión en la que San Martín intentó dar un ejemplo de voz de mando a sus oficiales. Belgrano era su segundo en el mando. San Martín retumbó:
–Batallón! March!
Después pitó Belgrano:
–Batallón! March!
Dorrego largó una carcajada y San Martín le saltó encima como un gato:
–Señor –gritó–. Hemos venido aquí a unificar las voces de mando! Repita!
–Batallón! March! –insistió Belgrano, que no tenía otra voz sino la propia–.
Dorrego se volvió a tentar. Al día siguiente San Martín lo trasladó a Santiago del Estero.
Belgrano, en marcha al Paraguay, dispuso el trazado definitivo de dos pueblos al llegar a Corrientes: Curuzú Cuatiá y Mandisoví.
Cuando Belgrano volvió a Buenos Aires luego de su campaña por el norte, la Asamblea Constituyente lo premió con cuarenta mil pesos: los donó para construir escuelas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Salta, y volvió al Norte, a la zona de Potosí.

QUISO CASARSE Y NO PUDO
9789500724051En 1816, durante un baile por los festejos de la Independencia, Belgrano conoció a María Dolores
Helguera y Liendo, tucumana de catorce años, una chica rubia de ojos café, descendiente de “una vieja familia tucumana retirada de la vida social”. La relación de Dolores y Belgrano fue la comidilla social de Tucumán. Resolvió casarse con Dolores; y se hubiera casado si la fatalidad no se hubiera interpuesto en su camino”. Dolores quedó embarazada. Sus padres, para proteger el honor familiar, la obligaron a casarse con un catamarqueño de apellido Rivas. El 4 de mayo de 1819 nació una niña que fue llamada Manuela Mónica del Corazón de Jesús.
Rivas emprendió un viaje de negocios a Bolivia, y Belgrano volvió a Tucumán. Al poco tiempo cayó gravemente enfermo de sífilis e hidropesía, por lo que debía volver a Buenos Aires, pero no tenía un peso para hacerlo. José Celedonio Balbín, un comerciante amigo, le prestó dos mil quinientos pesos para el viaje, que hizo acompañado por el doctor Redhead, su médico, el capellán y sus dos ayudantes Gerónimo Helguera y Emilio Salvigny.
Detuvo su marcha en Córdoba y otro amigo, Carlos Del Signo, le prestó cuatrocientos pesos para seguir viaje a Buenos Aires. Finalmente llegó a su casa de la calle Piran (hoy Belgrano), vecina a Santo Domingo.
El gobierno central le debía quince mil pesos de sueldos atrasados, pero había guerra con Santa Fe y le enviaron un mensaje diciéndole que no tenían fondos. Le adelantaron 2.300 pesos.
Fray Cayetano Rodríguez anunció en una carta dirigida al doctor José Agustín Molina: “Belgrano ha llegado hace seis días; está bastante malo, todos dudan de su salud y aun de su vida. (…) El pueblo de Buenos Aires está convertido en una horda de bandidos”, le dijo en otro tramo de la carta.
El país vive lo que luego se conocerá como el período de la “anarquía”.

SU TESTAMENTO
testamen1El 25 de mayo Belgrano llamó al escribano y le dictó su testamento. Allí aseguró en el ítem tercero: “Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente”. Diversos historiadores suponen que la omisión de Manuela Mónica se debió al secreto de su relación y al casamiento de Dolores con Rivas. Veremos más adelante que, sin embargo, se ocupó del futuro de la niña de manera “no oficial”. En el cuarto ítem: “Que debo a Don Manuel Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensarán en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y preste en el Paraguay al Dr. Vicente Anastasio de Echeverría, para la compra de una mulata. Cuarenta onzas de que me es deudor el Brigadier Don Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director, dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas, tres mil pesos que me debe mi sobrino Don Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho”.
Belgrano designó albacea a su hermano Domingo Estanislao, chantre de la Catedral, y lo instituyó su heredero. A él le dijo secretamente que “pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes a favor de una hija natural llamada Manuela Mónica que de edad de poco más de un año había dejado en Tucumán”.
Murió a las siete de la mañana del 20 de junio de 1820.

UN SOLO DIARIO REFLEJÓ SU MUERTE
01_fmtFrancisco de Paula Castañeda, director del Despertador Teofilantrópico Místico-Político, el suplemento al Despertador, el Paralipómenon al Suplemento y el Desengañador Gauchi-Político, fue el único de los ocho periódicos de Buenos Aires que dio la noticia. No lo hizo ni La Gaceta de Buenos Aires, ni el Boletín del Ejército, ni el Termómetro del Día, ni el Argos, etc. En los días 27 y 28 se hicieron los funerales en la Iglesia de Santo Domingo, pero a ellos “asistieron únicamente sus hermanos, sobrinos y algunos amigos”.
Porque es un deshonor a nuestro suelo/Es una ingratitud que clama al cielo/El triste funeral, pobre y sombrío/Que se hizo en una iglesia junto al río/En esta ciudad, al ciudadano Ilustre General Manuel Belgrano, escribió Castañeda.

82 AÑOS DESPUÉS. DOS MINISTROS SE LLEVAN SUS DIENTES COMO SOUVENIR
Nadie podía imaginar que el olvido no iba a ser la peor afrenta contra el prócer: ochenta y dos años después, en la exhumación de sus restos, dos ministros de la Nación tomaron partes de su cadáver como souvenir.
El 4 de septiembre de 1902, a las dos de la tarde, el atrio de la Iglesia de Santo Domingo estaba
atestado de curiosos: el gobierno de entonces, decidido a incumplir la última voluntad del prócer, que había sido “poder descansar en una tumba austera”, había convocado a una “suscripción popular” para levantar un mausoleo hecho de los mejores materiales de la época: mármoles y escultores italianos.
image541b6df5d52a29.34763494Hasta aquel momento la lápida de Belgrano había sido parte de un lavatorio de la familia, sumida en la mayor pobreza.
Si fuera por la crónica del diario La Nación, aquella tarde de septiembre no había sucedido nada. El diario de los Mitre comentó: “Se verificó ayer a las dos de la tarde la exhumación de los restos del
General Belgrano que, como se sabe, estaban sepultados en el atrio de la Iglesia de Santo Domingo y deben depositarse en el mausoleo cuya inauguración se efectuará el mes próximo”.
Souto, el Presidente de la Comisión, y los ministros del Interior y de Guerra, Joaquín V. González y el Coronel Pablo Ricchieri, junto a los médicos Marcial Quiroga y Carlos Malbrán presidieron el acto en que se levantó la losa del suelo. El escultor Ettore Giménez–recuerda Jimena Sáenz en el número 38 de Todo es Historia– removió los escombros con cuidado, pero debajo de la lápida no había ningún ataúd.
Gran alarma del Ministro de Guerra que hizo retirar a todos creyendo que se trataba de un sabotaje. El servicio de seguridad retiró al público y el escultor siguió removiendo hasta que encontró, debajo de la bóveda, los restos de Belgrano. No había vestigios del ataúd sino algunos clavos y tachuelas, y los huesos estaban dispersos y destruidos por la acción del tiempo. “A medida que se extraían se depositaban en una bandeja de plata, que sostenía uno de los monjes del convento. Las tibias se descubrieron en la tierra colocadas casi paralelamente, pero al sacarlas quedaron reducidas a pequeños fragmentos. (…) Se han encontrado en relativo buen estado algunos dientes”. Esta frase, de apariencia inocente, se transformaría luego en la piedra del escándalo.
Sigue La Nación: “El escribano Enrique Garrido levantó un acta que firmaron Carlos Vega Belgrano, nieto del prócer, Manuel Belgrano, bisnieto, Armando Claros, el Dr. Luis Peluffo, el Reverendo Padre Becco, prior de la orden dominicana, el mayor Ruiz Díaz y los ministros del gabinete. La urna fue depositada bajo el altar mayor esperando la terminación de los trabajos del suntuoso mausoleo”.

EL DIARIO LA PRENSA REVELO LO OCURRIDO
24703919_1Los lectores de La Prensa tuvieron la verdadera versión de los hechos. El diario fundado por José C. Paz tituló: “En el sepulcro del General Belgrano. Exhumación de sus restos. Un acta defectuosa.
Repartición de dientes entre los ministros”.
La Prensa decía: “en la tumba de Belgrano se encontraron varios dientes en buen estado de conservación, y admírese el público: esos despojos sagrados se los repartieron buena, criollamente, el ministro del Interior y el ministro de Guerra. Ese despojo hecho por los dos funcionarios nacionales que nombramos debe ser reparado inmediatamente, porque esos restos forman parte de la herencia que debe vigilar severamente la gratitud nacional; no son del Gobierno sino del pueblo entero de la República y ningún funcionario, por más elevado o irresponsable que se crea, puede profanarla. Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación”.
Al día siguiente, La Nación siguió obviando la noticia para lo cual, como veremos más adelante, tenía buenas razones.
El 6 de septiembre La Prensa publicó una carta del Prior de Santo Domingo, titulada “La Razón del
Despojo”. Decía la crónica: “Las dos cartas que publicamos a continuación y que recibimos ayer del
R.P. Becco, prior del convento de frailes dominicos explican los hechos de acuerdo con las respectivas declaraciones de los ministros:
Señor Director de La Prensa:
Muy Señor mío:
El Excelentísimo señor Ministro del Interior Dr. Joaquín V. González, que llevó un diente del General Belgrano para mostrárselo a varios amigos, acaba de remitirme esa preciosa reliquia del glorioso prócer de la Patria, la cual está en mi poder y bajo la custodia de esta comunidad, como el demás resto de sus cenizas.

Señor Director de La Prensa:
Muy Señor mío:
El Excelentísimo Señor Ministro de la Guerra depositó en mis manos el diente del General Belgrano que llevara para presentarlo al Señor General Dr. Bartolomé Mitre. Saluda al Señor Director con todo respeto. S.S.S. Fray Modesto Becco

La aparición de Mitre como furtivo admirador de dentaduras explica la actitud de La Nación. La
Prensa agregó: “Las dos cartas que publicamos han sido fechadas ayer 5 de septiembre en el Convento de Predicadores y están timbradas con el sello de la Orden. Así quedará en el Archivo de La Prensa y a disposición de aquellos que quisieran verlas como documentación preciosa de hechos contemporáneos.
Las explicaciones son de definida ingenuidad, pero nos llama la atención especialmente la del Ministro de Guerra. Este funcionario declaró ayer en su despacho, ante varias personas, que había retirado el diente del General Belgrano con el objeto de consultar al General Mitre sobre “la conveniencia de engarzarlo en oro, para colocarlo luego con los demás restos en la urna del monumento”.
La edición de Caras y Caretas anterior del 7 de septiembre incluyó un artículo titulado “El Mausoleo a Belgrano”: “Sólo unos pocos dientes consérvanse en buen estado –decía– y si la oportunidad no hubiera sido tan impropia, habríase celebrado la ocurrencia de un chusco al ver la curiosidad con que los ministros examinaban los caninos del gran hombre y establecer la comparación mental con los afilados y mordientes de los políticos actuales…”. En el mismo número podía verse una caricatura de Belgrano levantándose de la tumba con una leyenda que dice: “Hasta los dientes me llevan! ¿No tendrán bastante con los propios para comer del presupuesto?”.

Fuente: “Argentinos Tomo I” – Jorge Lanata