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La vida es una narración

La vida no es otra cosa que la oportunidad de vivir historias, recordarlas y contarlas para que no se olviden. Por ello este año y siguiendo el lema propuesto por el Consejo Internacional de Museos (ICOM), estaremos compartiendo de la mano del Dr. Carlos Díaz crónicas y vivencias que han marcado la historia local y de nuestro distrito.
Invitamos a todas aquellas personas que deseen ser partícipes, relatando sucesos que se sumen porque son valiosos aportes a nuestra memoria.

Iniciamos con “ANÉCDOTAS DE CIRCO”

Recordando las cosas y hechos que ocurrían en la época de nuestra niñez y adolescencia, me viene a la memoria, dentro de muchas, la llegada y estadía de los circos ( 1950-1960).

El más tradicional fue el de los hermanos VILLALBA, que anula o bianual llegaban con su carpa y se instalaban, generalmente en la quinta de ARCUCCI ( T. Torre y San Martín) permaneciendo en la ciudad varios meses, especialmente si venían en invierno, dado que había niños que concurrían a las escuelas.

Estos hermanos, Andrés y Diego, eran los ases del motociclismo y lucían su habilidad en el “Globo de la muerte”, donde raudamente comenzaban a girar y nuestros corazones a palpitar al mismo ritmo de esa velocidad centrífuga que producían para que no se cayeran. A todo esto había que sumarle el olor a nafta preparada adrede para una mejor y perfecta combustión, ocasionándonos una sensación inigualable e inolvidable.

“Las águilas humanas” a toda altura de la carpa. “ Trosky” con el trapecio y el alambre, los infaltables animales y domadores y por supuesto “ Pochito”, la estrella infantil.

Otros circos, con carpas más pobres y que sabían instalarse en el predio detrás del Mercado Municipal eran de los “ gitanos” donde los números artísticos no eran de mucha calidad, pero traían su atracción principal : “La osa boxeadora”. A este pobre animal le envolvían las extremidades delanteras a modo de guantes de box y dentro de su jaula y con su cuidador hacían una parodia de enfrentamiento. El contrincante, siempre alguien del pueblo, de físico grande y que tuviera coraje y necesidad de algunos pesos que, los organizadores le daban. Nunca vimos ganar a un coterráneo, pero el entusiasmo, la curiosidad, la incertidumbre y la música de la banda del circo, nos transportaba a una situación de éxtasis.

Por. Dr. Carlos A. Díaz.