La Cumbrecita y Madame Carrel

(Por Rubén Ceminari, 30/01/2018) Hoy es un paraíso verde, con grandes árboles por doquier, cruzado por susurrantes y transparentes arroyos, en un ambiente muy cuidado, con hermosas construcciones -muchas de las cuales llevan nombres y estilos centro europeos- . Suizos, alemanes y austríacos dieron origen a este hermoso pueblo de La Cumbrecita, enclavado en las Sierras Grandes cordobesas : desde la cima del Cerro Wank , puede disfrutarse de la vista de todo el Valle de Calamuchita, desde el Embalse “Los Molinos” hasta el Embalse “ Río Tercero”, y todos los pueblos circundantes (Potrero de Garay, Los Reartes, Villa General Belgrano, Santa Rosa de Calamuchita, Villa Rumipal, Villa del Dique y Embalse en torno a la RP5; Athos Pampa, Villa Alpina, Villa Berna en el camino a La Cumbrecita, y Yacanto al pié del cerro Champaquí).

En difícil imaginar que esta zona era un páramo en los comienzos de la década del 1930, donde solo existían unos pocos árboles autóctonos, senderos de caballos que comunicaban a las aisladas y dispersas casas de los lugareños.
Proveniente de la ciudad Buenos Aires, después de un largo viaje en tren hasta Alta Gracia, de una travesía en auto por caminos de tierra en malas condiciones para llegar a Los Reartes, y de recorrer varios kilómetros a caballo entre los obstáculos propios de la montaña, el 7 de septiembre de 1934, enamorado del agreste paisaje, Helmuth Cabjolsky compra 500 hectáreas , – un alemán llegado con su familia al puerto de Buenos Aires en 1932, donde ocupaba el cargo de Gerente en la sucursal de la empresa Siemens-, y es ahí donde comienza la historia de esta villa turística, cargada de esfuerzo, trabajo …y algunos misterios.

Los hermanos Federico y Enrique Behrend , cuñados de Helmunt , vienen a vivir al lugar un largo tiempo en carpas, en las costas del Río del Medio, desde donde diseñan y construyen la primera huella de acceso vehicular, y comienzan la titánica tarea de forestar el lugar (construcción de un vivero de por medio); aprendiendo el oficio de albañiles, y escuchando las sugerencias de los lugareños para elaborar adobes de barro y paja ,es que en 1935 levantan la primera casa, donde actualmente está emplazado el Hotel La Cumbrecita.

28 de enero del 2018: tránsito el tranquilo camino peatonal de ripio, (una huella de mulas y caballos que se abre entre el bosque y lo alto de la montaña); camino a paso lento entre el Mirador del Peñal y el Mirador del Indio, disfrutando de un indescriptible paisaje, del canto de los pájaros, del aire puro de la montaña. Tomo por un angosto sendero- y un poco difícil de encontrar-, que me lleva al viejo cementerio alemán de La Cumbrecita, enclavado en la paz del bosque: un cerco de piedras y un portón de madera lo delimitan…entre sus tumbas me llama la atención una cruz de madera -y un crucifijo que la envuelve, realizado artesanalmente, que denota mucho afecto- aun muy bien conservadas a pesar del tiempo… ahí descansan los restos mortales de una intrigante habitante de este pueblo: Madame Carrel, fallecida el 2 de febrero de 1968, hace exactamente 50 años.

Indagando entre los viejos pobladores, investigando en la web, leyendo viejas notas periodísticas, pude rearmar un poco esta historia, que sin dudas tiene más matices de los que aquí resumo.
Alexis Carrel nació en Sainte-Foy-lès-Lyon, Francia, el 28 de junio de 1873. Se recibió de Doctor en Medicina, en la Universidad de Lyon, enfocando su esfuerzo a resolver un gran problema de la época: como detener una hemorragia vascular, mediante la sutura y reemplazo de un vaso sanguíneo, así como el trasplante de órganos. Sus trabajos experimentales en Europa y Norteamérica, le valieron significativas distinciones: en 1912 recibió el Premio Nobel de Medicina «en reconocimiento a su trabajo acerca de sutura vascular, y trasplante de vasos sanguíneos y de órganos», y también fue honrado con la membrecía de sociedades científicas en los EE.UU., España, Rusia, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Francia, la Ciudad del Vaticano, Alemania, Italia y Grecia, y doctorados honoríficos de las Universidades de Belfast, Princeton, California, Nueva York, Brown y Columbia. Recibió la orden de la Legión de Honor de Francia, y la Orden de Leopoldo de Bélgica. Fue Gran Comandante en la Orden de la Estrella Polar de Suecia, y el destinatario de otras condecoraciones en España, Serbia, Gran Bretaña y de la Santa Sede.

Su escepticismo se desmoronó en 1904, al vivenciar en la milagrosa Gruta de Lourdes, la curación de Marie Bailly (una moribunda con peritonitis tuberculosa a quien él llamó con el seudónimo de “Marie Ferrand” en sus escritos -publicados de forma póstuma bajo el título de “Un viaje a Lourdes”): quedó impresionado por lo que vió y constató medicamente, y se convirtió así en un científico creyente.

Anne Marie Laure Gourlez de la Motte nació el 15 de febrero de 1877 en el castillo de Carheil, uno de los más bellos y lujosos de la comuna rural de Plessé, ubicada en el departamento Loire Atlantique, en el oeste de Francia: Los de la Motte residían en París, donde Anne y su único hermano recibían la mejor educación. Pasaban sus vacaciones en el castillo, cabalgando y cazando en los bosques privados. Anne era una gran deportista, ya fuera navegando, patinando sobre hielo o manejando los primeros automóviles. Sin embargo, la imagen alta y atlética de la joven mundana se complementaba con la de la enfermera vocacional: había instalado un dispensario en uno de los edificios del castillo, en donde atendía enfermos y heridos de las granjas vecinas.

Alrededor del 15 de agosto de 1910 en una visita a la Gruta de Lourdes, Anne tomó una niña ciega en sus brazos, la que al instante irrumpió en un llanto al ver por primera vez la luz del sol. Un médico presenció la escena, y charlaron largamente en los días siguientes, impactados sobre los prodigios que habían vivido: así se conocieron Anne y Alexis.
Ella enviudó de su primer marido a los 32 años: hay versiones de que estudió Medicina en La Sorbona disfrazada de hombre, siendo una de las primeras medicas de Francia, (dicen que siendo alumna de Joliot, y de la hija de Pierre y la célebre madame Curie ), mientras otros datos dicen que solo fue enfermera de la Cruz Roja. De su primer matrimonio nace un hijo el 18 de noviembre de 1907: el marqués Henri Alfred Jarret de la Mairie (que viene a la Argentina presuntamente antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial).

El 26 de diciembre de 1913 aparecía en el New York Times un cable especial fechado el día anterior, dando cuenta de que en París se había casado el médico Alexis Carrel con Anne de la Motte. Se dice que esta mujer era una asombrosa radiestesista, manejaba el péndulo para buscar objetos, y toda la vida se consideró poseedora de dones casi sobrenaturales: una aptitud parapsicológica especial, que reconoció tempranamente, estudió, trató de desarrollar a través de la técnica de la radiestesia y compartió con su marido para concretar experiencias controladas: experimentaban con péndulos y probaban ejercicios de percepción extrasensorial. Ambos militaban en grupos católicos de ultraderecha. Durante la Primer Guerra Mundial, Anne fue enfermera de la Cruz Roja en el frente Francés, obteniendo la Cruz de Guerra por su admirable sangre fría durante un ataque aéreo alemán.

Tras haber residido en USA -donde Carrel trabajó como médico en el Instituto Rockefeller-, en 1940 volvieron a Francia, y en 1942 Alexis es nombrado por el gobierno de Vichy, regente de la polémica Fundación Francesa para el Estudio de los Problemas del Hombre, en la que también trabajaba Anne. Luego de la Liberación, el Dr, Alexis Carrel es acusado de colaborar con el régimen pro nazi, su salud se deteriora y fallece el 5 de noviembre de 1944, evitando así un seguro juicio por traición a la patria.

Entre 1949 y 1950 Madame de Carrel llega a Buenos Aires: Asistió como enfermera voluntaria en el hospital Fernández y formó parte del Servicio Sacerdotal de Urgencia, mediante el cual se consolaba y se administraba los sacramentos a los enfermos que lo solicitaban; y también publicó los libros inéditos de su marido.
En 1954 llega a La Cumbrecita y se instala en el Hotel “La Cumbrecita”, colaborando como enfermera, con el médico Von Witzleben, que atendía las consultas y vivía en el mismo hotel.

La recuerdan como una mujer alta y elegante, de contextura grande y el pelo blanco, paseando por el pueblo adornada con sus medallas de guerra y un sombrero de ala ancha, y ya en sus últimos años, ayudándose con un bastón para aliviar una lesión que tenía en la columna.

Dicen que practicaba la adivinación, que era “Psiquica”, que diagnosticaba y curaba enfermedades con solo pasar su mano por sobre el cuerpo o viendo el aura de una persona… hasta “veía” problemas óseos como fracturas ( “no hizo falta equipos de rayos X en la zona, mientras vivió Madame Carrel !!”, me dijo un antiguo poblador del lugar). Venían “pacientes” a visitarla de lugares lejanos del país… también hacia predicciones sobre el futuro de las personas. Era muy católica.. y nacionalista.

En coincidencia con varios alemanes del Tercer Reich, algunos de ellos nacionalistas nazis y otros simples soldados convocados por su patria, que residieron- permanente o temporariamente-,después del 45, en esa zona: muchos se hacen los distraídos al recordar, pero otros, con sigilo y con la actitud de estar diciendo lo indecible, me cuentan: “ recuerdo al aviador alemán Hans Rudel en La Cumbrecita, el de la pierna ortopédica.. y uno de bigotitos que también era aviador: Adolf Galland !!”.

En Athos Pampa los pobladores de más edad recuerdan a sus vecinos, los hermanos Walter y Reimar Horten, quienes diseñaron en la Alemania nazi el primer avión a reacción del mundo: el Horten Ho229: un “ala volante” propulsada con un motor jet también de su invención (se dice que fue sobre sus planos que se construyó del bombardero B2 norteamericano, a fines de los 80)… y algunas visitas que solían recibir de sus amigos “Venían cada tanto un tal Mengele y un Eichmann” – los criminales más buscados de la Alemania nazi-,” También visitaban al otro vecino de los Horten: Walther Schnurr (Dr. en Química, desarrolló explosivos y el combustible para las bombas voladoras –las V1 y V2- en el Tercer Reich; en las industrias IG Farben – conglomerado de empresas muy conocidas aun, que funcionaban utilizando mano de obra esclava de los campos de concentración-, se le atribuye la invención del temible gas Zyklon-B, utilizado en las cámaras de gas de los campos de exterminio nazi. Después de la guerra, fue una pieza clave en el desarrollo atómico de Alemania y Argentina, hasta su retiro en los años 70).

En Santa Rosa de Calamuchita recuerdan al “alemán grandote que le decían Bubi”.. el Inspector de Pesca de Embalse, y Concejal de su pueblo. Cuando llegó a la Argentina usó el nombre falso de Carlos Lücke, y mas tarde su verdadera identidad: Ludof Von Alvensleben, oficial SS, cercano al jefe de la Gestapo Himmler, : responsable de redadas de judíos enviados a las cámaras de gas en los campos de concentración en Polonia, fue acusado como criminal de guerra, pero murió en el 70 cuando fue pedida su extradición. Además de los cientos de tripulantes del Graff Spee que fueron “hospedados” en Capilla Vieja en 1939, y muchos de los cuales eligieron continuar su vida en el Valle de Calamuchita, una vez finalizada la guerra.

Dicen que la espaciosa habitación de Madame Carrel, estaba colmada de libros y viejas fotografías, además de un tocadiscos Winco para escuchar la música que tanto amaba, y que como consecuencia de sus investigaciones poseía un extraño aparato que contenía en pequeñas porciones todos los minerales del cuerpo humano: con la sola aplicación de la mano en un extremo del mismo, un pequeño péndulo imantado en radium empezaba a girar, marcando en espacios numerados el contenido de cada mineral en la sangre. Así realizaba un análisis completo en un lapso muy breve. Una señora escribió en la columna de opiniones de un diario: “Asombrada, en mi total ignorancia, le pregunté por qué no se aplicaba ese mismo sistema en lugar de extraer sangre para los análisis habituales. Me contestó con gran dulzura y cierta ironía algo que siempre recuerdo: “¿No sabía usted que la farmacopea es una industria tan poderosa como la guerra…?”.

¿Verdad, mito o leyenda?: De las pertenencias solo pude averiguar que después de su entierro, su hijo se llevó lo que le interesaba, y sus demás y escasos bienes, fueron distribuidos entre sus amigos.
Como cada mañana, Madame Carrel despertaba muy temprano y se arrodillaba a orar junto a su cama, en una habitación del Hotel “La Cumbrecita”… así fue sorprendida por la muerte, hace 50 años, cerca de cumplir sus 91 años de vida, pero aun su espíritu – dicen quienes la recuerdan- cuida la salud y el futuro de los habitantes de La Cumbrecita.