Cómo joden los mosquitos

Pican, pican los mosquitos, pican con gran disimulo, unos pican en la cara y otras pican en el c….
Esa estrofa del popular versito que cantábamos cuando chicos, se ha puesto de moda nuevamente por la invasión de estos malditos insectos, que por doquier aparecieron hace unos días.
¿Dónde estuvieron todos estos meses estos espantosos engendros de la molestia y la puteada fácil? ¿Se habrán tomado vacaciones? ¿Habrán estado jodiendo a alguna otra población de incautos contribuyentes de tasas?
Y sí, ahora aparecieron y se sumaron a las interminables molestias que nos hinchan las pelotas. Esas que provocan otro tipo de insectos, que no pican pero hacen bastante más daño.
Como si fuéramos sufridos habitantes de una aldea amazónica, debemos soportar este verdadero aluvión de mosquitos, que hasta parecen blindados porque ningún insecticida les hace efecto. Ni las pastillitas azules con olor a perfume horrible que inunda toda la habitación. Ni hablar de hechar flit, porque en lugar de exterminarlos a ellos, corremos riesgos de intoxicación nosotros.
El otro día fumigaron, pero ¿no le habrán errado y en vez de insecticida le pusieron vitaminas?.
Son feos, patones y se reproducen más que los conejos.
Si hasta las moscas, igual que los radicales, se sintieron superadas en número y se tomaron el buque porque ya no se ve ninguna. Hasta cuentan por ahí que las moscas dicen a los que les preguntan que ya no son moscas.
Más indignados que los votantes de Lavagna, los vecinos del Barrio Cámara de Comercio de Puan, exigimos que Álvaro Uribe haga algo para desterrar de nuestro barrio a los mosquitos terroristas que no dejan de asolarnos. Aunque, se meta en otro territorio, nosotros lo autorizamos Don Álvaro.
Sospecho –y no quiero ser mal pensado– que tamaña invasión de bichos se deba al pintoresco canal de desagüe a cielo abierto que tenemos acá nomás, desde hace mucho tiempo, y por el cual a nadie parece movérsele un pelo, al menos a los señores que deberían entubarlo.
Además, en donde antes los mosquitos tenían un sitio obligado de reunión: la ex Plazoleta San Martín, lugar donde aprovechaban a juntarse entre los árboles a entretenerse un poco entre charla y charla, ahora ya no hay nada, solo unos escuálidos arbustos que no les atraen nada. Así, ya tienen en nuestro barrio un lugar donde hacer de las suyas.
Y dejo de escribir porque una nube de mosquitos me tapa la visión del teclado.
En un pedido desesperado, y con varios dedos atravesados por mordiscones asesinos, (¿Los mosquitos pican o muerden?) los vecinos de esta popular barriada, exigimos la retirada de estos bicharracos, poniendo el grito en el cielo. El grito nomás porque si ponemos otras partes del cuerpo seguro nos ligamos algún picotón.

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