Un sueño hecho realidad

En Puan, una nueva puerta se abrió a la cultura gracias al empeño de una mujer que continúa el sueño de Victoria Ocampo y la esperanza de Isabel Bartolomé. Ella es Dolores Bengolea, hija del alma de Isabel y sobrina nieta de Victoria. De la primera heredó su casona antigua y su amor incondicional, de la segunda, su afán por promover la cultura a través del tiempo. Así fue que entre lazos familiares y del corazón, nació la posibilidad de crear la Casa Victoria Ocampo en nuestro pueblo.
Dolores es una mujer que desde niña estuvo rodeada por la creación literaria. Sus tías Silvina y Victoria, llevaban a su universo el aire mágico de la palabra y también, personalidades del mundo literario como Bioy Casares, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa.
Sin dudas, el destino quiso que siguiera el camino de sus ancestros y hoy día, además de haber sido parte de importantes proyectos culturales en Madrid y París, Dolores Bengolea es la esposa del cineasta Héctor Olivera.
Sin embargo, nada de estas características hicieron que esta mujer perdiera su sencillez. Así lo demostró cuando nos recibió en su casona antigua ubicada en la avenida San Martín. Su sonrisa luminosa y su voz segura, transmitieron confianza.
Luego nos guió hasta “El Galpón” de Isabel, actual Casa Victoria Ocampo. Primero debimos pasar por un caminito hecho con discos de arado que, en forma zigzagueante, nos llevó entre flores, árboles y plantas aromáticas. Cuando llegamos, nos encontramos con una construcción de paredes altas, amplios ventanales y con una decoración rústica y elegante al mismo tiempo.
La entrevista fluyó en ese marco natural y duró casi una hora. Vivencias, recuerdos y sueños, inundaron la conversación con Dolores Bengolea.

-¿Cómo surge el Proyecto Victoria Ocampo?

-Es novedoso en Puan y en la Argentina porque no existe otro proyecto así en nuestro país. Esta es una idea que tuvo mucha aceptación en Europa y Estados Unidos en los últimos 25 años. Victoria Ocampo tuvo esta idea en 1962. Ella siempre quiso su casa abierta a escritores y pensadores, no sólo ligados a la literatura o a la filosofía sino también a la ciencia, como fue el caso de Von Braun. El científico era un visionario a tal punto que le contó a Victoria como iba a ser el alunizaje del hombre antes de que sucediera. Es importante considerar la creación en su dimensión más amplia.

-¿Por qué Puan y no otro lugar del país?

-Traté de salvar las dos casas de Victoria, la de San Isidro y la de Mar del Plata que fueron donadas a la UNESCO para que se concretara el proyecto cultural.
La UNESCO vendió la de Mar del Plata y a la de San Isidro, la quiso tirar abajo para hacerla dinero. Por suerte logramos frenar la idea aunque de todos modos, la residencia no funciona de la forma que pretendía Victoria Ocampo. Ahora la están usando como un lugar de espectáculos de lujo y con entradas a más de cien pesos. Lo único que les interesa es recaudar dinero y los espectáculos no siempre son cultura porque a veces generan crecimiento y otras, simple esparcimiento.
Cuando me di cuenta que con la UNESCO no iba avanzar, guíe mi proyecto a la casa que me había donado Isabel Bartolomé.


-¿Cómo nace la relación con Isabel Bartolomé?

-Con ella tuve un vínculo muy fuerte de cariño. Isabel siempre me decía: “Dolores a vos te va a ir bien, así que estudiá”. Ella entró a trabajar en casa cuando yo tenía seis años y medio, y se fue cuando yo tenía 9 años. El vínculo quedó y se fue fortaleciendo cuando estuve en Europa porque constantemente me llegaban frases y exigencias de Isabel. Era muy tierna y cariñosa, pero su temperamento se imponía cuando algo no estaba bien. Ella luchó muchísimo para que yo y mis hermanos, tuviéramos una carrera universitaria. Esto no sucedió porque a los 20 años me fui de casa para independizarme y el trabajo no me dejaba lugar para el estudio. Esa experiencia me enseñó muchísimo. Nada me da miedo cuando de trabajo se trata.

-¿Cuándo conoció la localidad de Puan?

-Antes de llegar a Puan tenía una leve idea del lugar, pero no sabía que tenía este bello paisaje ondulado. Tal vez en Europa sea común, pero en la pampa argentina sorprende. La primera vez que vine a Puan llegué a dedo porque no tenía un peso. Isabel me recibió con todo su cariño y acogimiento. Recuerdo con mucha alegría a su hermano Carlos que, cuando vio mis alpargatas rotas, al día siguiente me regaló unas nuevas. Para mí fue como un regalo del cielo.

-Isabel era como una segunda madre…

– Poco a poco, Puan se fue transformando en ese lugar que muchas veces las mujeres decimos cuando nos peleamos con nuestros maridos: “Si es así, me voy a casa de mamá” –dice entre risas Dolores- y Puan se fue transformando en la casa de mamá, creo que Isabel terminó siendo mi primera mamá.

-¿Cómo encontró a Isabel después de tanto tiempo?

-Isabel hacía siete años que había vuelto a Puan y la encontré en condiciones muy precarias, pero ella siempre fue una mujer dinámica y fuerte.
Recuerdo que tenía el baño en el patio de la casa y cuando llegué esa tarde, me dijo: “Que suerte que llegaste a las tres, porque es la hora en que está más calentita el agua del molino”. Me duché en ese baño con la puerta abierta y fue maravilloso ver desde allí a los pájaros, las flores y la vegetación. Y pensé:“Esto es todo lo que quiero en la vida”. Con el tiempo fui ayudándola a que tuviera más comodidades en su casa porque durante el invierno debía lavar los platos afuera y tampoco tenía calefacción.

-Dolores, qué le transmitía Isabel…

-A veces dormía en la habitación de Isabel y escuchaba su respiración suave y rítmica, me infundía paz y confianza. Esa sensación hacía que luego de despertar, volviera a caer en la profundidad del sueño. La tranquilidad me llevaba a tener sueños diversos y apasionantes.


-¿Cómo surge la idea de reformar el galpón de Isabel?

-Ella me dijo: “Si me arreglás el galponcito del fondo te regalo mi casa, no quiero que lo reformes para mí, quiero que lo arregles para vos”. A partir de ese momento, inicié el trabajo de remodelación.
El diseño estuvo a cargo de la arquitecta Cristina Corral y con muy bajo presupuesto, situación que generó un mayor desafío. Recuerdo que el albañil estaba indignado porque hacíamos la reforma con revoque grueso, pero la calidez del estilo rústico a la gente de Buenos Aires le encanta. En la ciudad están hartos del revoque fino y grueso.
Con el electricista fue peor, porque no aceptó que hiciéramos la instalación de los caños por fuera y al final, el trabajo lo hice yo. Después, el albañil Trujillo, a quien aprecio mucho, entendió y quedó contento con la obra.

– ¿Qué impresión se llevan los creativos que llegan a la Casa Victoria Ocampo?

-Les encanta, aquí está todo el amor de Isabel y mío. Acá hay paz, no interfieren los ruidos, es como si estuviéramos en el campo. Se oyen los pájaros y por las tardecitas, el sol pega de distintas formas y varía el color de su luz. El atardecer es diferente al de Buenos Aires. La luz es más dorada porque estamos alejados del Ecuador.

-Puan le da tranquilidad, naturaleza y… ¿Buenos Aires?

-Hice largas experiencias en el exterior, pero siempre viví en Buenos Aires. Es una ciudad con actividad cultural única, con gente muy creativa y llena de inquietudes. Tienen ilusiones y proyectos. Buenos Aires me da contacto con la vida desde el punto humano. Me fascinan las personas creativas y que son capaces de darte vuelta la vida en tres palabras y hacerte sentir que los muebles flotan en el aire. A esto lo viví desde muy chica cuando escuchaba a mi tía, Silvina Ocampo y a personalidades como Adolfo Bioy Casares. En la casa de ella se vivía este clima y automáticamente sentías que todo flotaba en el aire hasta uno mismo. Mi hermana María, ya fallecida, también era muy talentosa.
En Buenos Aires encuentro seriedad, talento, personalidad, gracia, buen gusto y osadía.

-Puan… ¿carece de osadía?

-Puan es una sociedad muy uniforme, creo que hay que venir y sacudir un poco para que la gente se anime a vivir y que el ánima esté más presente en el cuerpo. Falta estimular el entusiasmo. Cuando se vive con entusiasmo, no se necesitan hacer esfuerzos.
También falta gratitud, la gente no se da cuenta como liberar el ser agradecido. La escritora chilena Marcela Serrano tiene una frase maravillosa. Dice que ser agradecido es la única libertad verdadera que tenemos todos los hombres, y todas las otras libertades que quedan son puro “bla bla” porque siempre hay formas de bajarlas de un hachazo.
Ser agradecido y pararse en ese lugar en la vida es importante. Violeta Parra escribió “Gracias a la vida que me ha dado tanto” y su canción refleja ese concepto.

-¿Es un acto de humildad?

-Es un acto de humildad pero no de la humildad de la persona que baja la cabeza. Es aquella que surge de una respiración profunda y llena todo tu espacio. La humildad es un lugar de tranquilidad cuando uno sabe que hizo las cosas bien.
También es una manera de cerrar una etapa. Uno no es agradecido las 24 horas al día y los 365 días del año, pero ser agradecido es un recurso que debemos sacar en cada momento de la vida.
Cuando alguien llega con un vaso de agua fresca en el momento preciso, es maravilloso. No importa cual sea esa pequeña acción, lo importante es cuando la persona ve tu necesidad y aparece en el preciso momento. Si uno cultiva esa sensación, se deja de ser víctima y la queja deja de tener sentido. No me refiero a la protesta legítima sino a la queja por costumbre.

-¿Los argentinos somos víctimas?

– Los argentinos somos víctimas y además, esta actitud es estimulada por los gobiernos porque teniendo víctimas, es más fácil manipular a la gente.

-Es imposible no preguntarle por Héctor Olivera, su esposo…

-Héctor es un hombre atípico para este país sino no podríamos estar juntos. Él no me aguantaría a mí ni yo a él. Es un hombre generoso e inteligente pero sobre todas las cosas, tiene sentido del humor. Se ríe de si mismo y dice estupideces acusándose todo el día y eso provoca carcajadas. Es una maravilla vivir y trabajar junto a él porque es tan sensato, inteligente y agudo. El dirige y yo hago la parte de producción. Soy la que velo por el presupuesto.
Es un trabajo duro, cada vez que uno termina dice: ¡Basta! Nunca más me meto en esto. Aunque cuando pasan dos años y aparece un nuevo proyecto, nuevamente nos zambullimos con mucha felicidad en la realización de una nueva película.

-¿Cuál es la próxima película?

– Es una versión libre de la historia de Elena Greenhill, una bandolera inglesa que vino a vivir a la Patagonia casada casi por obligación con un hombre mayor. A partir de la muerte de su marido, es acusada de haberlo asesinado y encarcelada en un Hotel de Neuquén. Por aquellos años no había cárceles para mujeres. Luego es defendida por un estudiante en leyes y cuando logra su liberación, vuelve a su estancia. Allí se encuentra con que sus vecinos le habían robado todo. A partir de ese momento, ella comenzará a robar para recuperar los bienes perdidos y se suceden una serie de aventuras espectaculares. En la película también aparecen otros personajes legendarios de la Patagonia como Buth Cassidy, Sundance Kid y un arqueólogo en busca del esquivo plesiosaurio patagónico.

-¿Cuáles serán las próximas visitas?

– Uno de ellos es el creador de nuestro sitio web, Fernando Flores. El año pasado recibió un premio muy importante de la universidad Di Tela, por la realización de un afiche titulado “Nuestra Latinoamérica de hoy”. También vendrá un artista plástico amigo de él.
Luego nos visitará el arquitecto Fabio Clementeri para dar una conferencia en el Museo Ignacio Balvidares. Es respetadísimo en todo el mundo. Trabajó para el gobierno de EEUU, Brasil, Italia y Francia. También realizó trabajos para la UNESCO.
Fabio es una de las personas que más sabe sobre la preservación del patrimonio.

-¿Cuál es el objetivo de esta conferencia?

-Fabio va a explicar el valor relativo del patrimonio de un lugar. Hay elementos que son patrimonio en algunos lugares y que en otros serían una porquería. Si uno toma en cuenta los árboles de la plazoleta San Martín y los lleva a Brasil, no significan nada. El clima, la vegetación y el contexto natural – cultural son diferentes.
Acá fue distinto. La gente guardaba afecto por esos árboles, por el hecho que enmarcaban el busto de San Martín y tenían una antigüedad de 30 o 40 años. Por aquella época era otro Puan.
Por más que la Municipalidad diga que plantó 1500 árboles, hoy no tienen ningún valor, no existen. Por eso nadie salió a decir mirá que maravilla esos 1500 árboles, porque le faltan 40 años para crecer. Por supuesto que para que tenga cuarenta años más, hay plantarlos hoy, pero nadie le dio un premio de genio científico a Einsten cuando tenía un año.

-Dolores, ¿A usted le afectó esa situación?

-Por ejemplo, cuando vi la foto de la iglesia de Puan no me pareció ninguna maravilla, pero la gente habla de la iglesia antigua como de una maravilla. Entonces, ¿quién soy yo para decir que no era una maravilla porque arquitectónicamente no era una maravilla? Si no tenía valor arquitectónico, yo no puedo matar el valor afectivo que tenía para la comunidad.
Fue muy duro ver los árboles talados. Pude enterarme de la evolución de los hechos cuando leí el Semanario Perfiles. La mañana que esto sucedió estaba por viajar a Buenos Aires y vi todas las ramas podadas en pleno verano. Arrancarlos así, salvajemente, la verdad que fue un horror.

-Tal vez ese afecto por un patrimonio natural es difícil de comprender.

-A los árboles no podemos sacarlos del contexto histórico- afectivo de Puan, y tampoco es necesario que esté una foto de los árboles en el Museo para que adquieran valor.
La mayoría del patrimonio está en el corazón de la gente, si las cosas dejan de tener valor cuantitativo y adquieren un valor afectivo, cómo medirlo. ¿Cómo se mide el amor? ¿Cómo se miden el recuerdo que dejaron esos árboles? Mi hija Serena iba siempre a hamacarse a la plaza e iba sola. ¡Cuánto vale eso!

-¿Será ignorancia?

-Yo creo que es ignorancia, pero es lamentable que no duden. Si yo hago cien mil macanas y viene alguien a llamarme la atención por lo que hice, yo paro, miro y pregunto por qué. Hay cosas que son inadmisibles. No se puede tocar el dolor de la gente con tanta liviandad.

-¿Qué mensaje le dejaría a la comunidad?

-Traten de no modificar demasiado a Puan, que el crecimiento no los devore. Crezcan cuantitativamente y cualitativamente. Crezcan culturalmente.

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TRAYECTORIA: sobrina nieta de Victoria Ocampo, tuvo ocasión de encontrar en Europa a los amigos de Victoria gracias a sus cartas de presentación. Conoció a Roger Caillois, Grahan Greene, Soledad Ortega, Angeles Gasset, Madeleine Malraux, Nigel Nicolson y su hijo Adam; y por intermedio de ellos a Claude Gallimard, Colette Duhamel, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Milan Kundera y Mario Vargas Llosa. En Madrid trabajó en la reestructuración de la Revista de Occidente y en la creación de la Fundación Ortega y Gasset y, en París, en el área cultural de la Embajada Argentina.
Tradujo del francés obras de teatro de Alain Malraux. Es autora de cuentos infantiles y fue co-guionista de “El Evangelio según Marcos” de Héctor Olivera, basado en el cuento homónimo de Jorge Luis Borges. Tuvo a su cargo la Producción y dirección de escenografía en realizaciones cinematográficas: “Two to tango”, producción de Roger Corman; “De los Apeninos a los Andes”, producción italiana y “Dios los cría”, de Fernando Ayala y la Producción ejecutiva del film Ay Juancito, de Héctor Olivera.Fue invitada al Baltic Center for Writers and Translators (Visby, Suecia) y al International Writers & Translator`s Center of Rhodes (Grecia).Fundadora y miembro de la Comisión Directiva de la Asociación POR VILLA OCAMPO, luchó ocho años para que la UNESCO no destruyera Villa Ocampo, la casa de San Isidro, y se comprometiera con los términos de la donación que había aceptado. Ante la evidencia de que al Organismo Internacional no le interesa asumir su compromiso de transformar esa casa en un lugar de creación preparado para recibir y albergar artistas, escritores y traductores, Dolores puso en marcha el Proyecto Victoria Ocampo para honrar el espíritu de su tía en la casa de Puan, otra donación signada por el amor y la cultura.

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