La incineración de residuos: ¿Solución o problema?

Luego de consultar a “No a la incineración”, sobre las consecuencias que produce la incineración de residuos patogénicos (comúnmente conocidos como hospitalarios) me enviaron un interesante informe sobre las tecnologías alternativas para disminuir la contaminación generada por los hornos pirolíticos. A continuación les dejo las consideraciones más importantes que explican la problemática.
“Los incineradores de residuos al quemar, generan muchas sustancias tóxicas, entre esas furanos y dioxinas, estas ultimas son consideradas las sustancias más toxicas existentes en el mundo y además pueden causar malformaciones congénitas, retrasos en el desarrollo, alteraciones en el sistema inmunológico, y además son cancerigenas”, alertan.
“Aunque se instalara un horno de tecnología de punta no dejaría de ser contaminante, la materia no se destruye solo se trasforma, y por lo tanto todo lo que entra en horno sale sea trasformado en vapores gases y liberado en el aire o cenizas tóxicas que necesitan un tratamiento adecuado. Los controles necesitan de una tecnología muy cara y avanzada y por ejemplo en Argentina no hay ningún laboratorio donde se realicen análisis de dioxinas en aire”, fundamentan desde la ONG.
Como alternativa “saludable y respetuosa de las personas y el medioambiente” proponen las autoclaves para la gestión de residuos hospitalarios.

Proyecto Internacional de Eliminación de los COP. El proyecto busca promover la participación activa y Eficiente de la Sociedad Civil en la preparación de la aplicación del Convenio de Estocolmo. En el mismo intervinieron la Red Internacional de Eliminación de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (IPEN, por su sigla en inglés) y las cientos de organizaciones y personas que integran la Alianza Global para Alternativas a la Incineración y Alianza Global Anti-Incineración (GAIA) y Salud sin Daño (HCWH).
A continuación detallo parte de los fundamentos de proyecto que impulsa una conciencia ciudadana en el daño que provoca la incineración de residuos y propone como alternativa el sistema de autoclave.
Los establecimientos de salud generan miles de toneladas anuales de desechos. Éstos poseen una gran complejidad, debido a que comprenden, además de desechos comunes, materiales tóxicos, radiactivos e infecciosos.
Sumado a esto, las cantidades que se generan son cada vez mayores a medida que los países continúan desarrollándose, y la inquietud pública por los impactos que la disposición inadecuada de los mismos tiene en la salud humana está en aumento. Por este motivo, el manejo seguro de los mismos constituye un tema ambiental importante.
En América Latina, los métodos de tratamiento y disposición más comunes para estos desechos son la incineración en pequeños hornos o su simple vertido en basurales; ambas prácticas son sumamente riesgosas y deben cesar. Los desechos de establecimientos de salud contienen materiales infecciosos que no pueden ser arrojados directamente a los basurales y deben recibir un tratamiento y una disposición final especial. La incineración de estos desechos es una fuente importante de generación y emisión de distintos contaminantes tóxicos, entre los cuales se encuentran las dioxinas y furanos.
Estas sustancias se encuentran incluidas entre los 12 Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs) que el Convenio de Estocolmo apunta a eliminar prioritariamente, pues provocan una serie de impactos nocivos en la salud, incluyendo malformaciones congénitas, alteraciones en los sistemas
inmunológico y hormonal, retraso en el desarrollo y cáncer, entre otros.
La incineración también es una fuente especialmente importante de emisión de mercurio al ambiente. El mercurio es un neurotóxico muy potente, actúa sobre el sistema nervioso central en desarrollo, los riñones y los pulmones, tiene la característica de ser un contaminante persistente y bioacumulativo que atraviesa la barrera hematoencefálica y la placenta.
La liberación de estas sustancias al ambiente se da a través de emisiones gaseosas, líquidas y sólidas en todas las plantas de incineración, incluso en aquellas que utilizan tecnología de punta. La colocación de filtros en la chimenea de los incineradores no evita la emisión de dioxinas y furanos.
Por otra parte, la oposición ciudadana a esta tecnología -impulsada la mayoría de las veces por gente que vive cerca de incineradores y padece directamente los impactos que éstos generan en la práctica- se encuentra en franco aumento en todo el mundo. Como resultado, en Estados Unidos, aproximadamente el 88% de los incineradores de desechos de establecimientos de salud han cerrado en los últimas dos décadas. Por su parte, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) comienzan a manifestar mayor apoyo a las investigaciones sobre tecnologías alternativas.
Existen alternativas tecnológicas más limpias y seguras que, combinadas con procedimientos de segregación, reducción en la generación, reciclaje, compostaje, sustitución de materiales tóxicos, permiten tratar los desechos infecciosos sin necesidad de incinerarlos; es así que la eliminación de la incineración de los desechos de establecimientos de salud es posible y necesaria.
En la mayoría de los países de América Latina existe muy poca información
sobre el impacto en la salud por la exposición a los desechos procedentes de establecimientos de salud. Una correcta valoración de los riesgos e impactos permitirá mejorar el manejo de los desechos de estos establecimientos y la planificación de medidas preventivas adecuadas que reduzcan la cantidad de desechos generados. La mejor manera de reducir los costos que generan los desechos es reducir su cantidad.

Convenio de Estocolmo.

Con la entrada en vigencia del Convenio de Estocolmo sobre Compuestos Orgánicos Persistentes, los gobiernos que lo ratificaron (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México, Paraguay y Uruguay) deben elaborar planes nacionales para avanzar hacia las metas del mismo, que para los COPs de producción no intencional (dioxinas, furanos, bifenilos policlorados o PCBs y
hexaclorobenceno o HCB) son la reducción continua y progresiva y, en los casos en que sea viable, la eliminación definitiva. En el Convenio, los incineradores de desechos médicos se encuentran en la lista de las fuentes que poseen un potencial elevado de formación y liberación
de dioxinas y furanos al ambiente. Ante el compromiso asumido por los países que ratificaron el convenio, deben elaborar planes nacionales para avanzar hacia las metas del mismo, que para los COPs de producción no intencional (dioxinas, furanos, bifenilos policlorados o PCBs y
hexaclorobenceno o HCB) son la reducción continua y progresiva y, en los casos en que sea viable, la eliminación definitiva.
En el Convenio, los incineradores de desechos médicos se encuentran en la lista de las fuentes que poseen un potencial elevado de formación y liberación de dioxinas y furanos al ambiente. Ante el compromiso asumido por los países que ratificaron el convenio, y teniendo en cuenta que los gobiernos no solo disponen de sus propios presupuestos sino también de los mecanismos de
asistencia financiera internacional que dispone el Convenio de Estocolmo, se abre la posibilidad para los países de América Latina de realizar un avance de suprema importancia en la prevención de la formación de COPs, sustituyendo los incineradores de desechos de establecimientos de salud existentes por tecnologías limpias aplicadas junto a estrategias de reducción y manejo de desechos adecuadas. Sin embargo, en algunos ámbitos gubernamentales se toma como medida válida para implementar el Convenio la instalación de incineradores centralizados y más avanzados tecnológicamente para reemplazar los numerosos hornos pequeños de baja tecnología que operan en toda la región. Los hornos pequeños que se encuentran operando son especialmente preocupantes debido a que están muy pobremente equipados y controlados, por lo que liberan, en proporción, una cantidad de COPs mayor a la que es liberada por hornos de alta tecnología. Sin embargo estos últimos también liberan COPs al ambiente. Este hecho, sumado a la disponibilidad de tecnologías alternativas más fáciles de controlar que no generan compuestos orgánicos persistentes, vuelve incomprensible la propuesta de seguir recurriendo a la incineración. Una lectura fiel al espíritu del Convenio busca prevenir la generación de COPs en primera instancia.

Difícil control

Según un estudio realizado por Dr. Paul Connet, Profesor de Química en la Universidad de St. Lawrence (Canton, Estados Unidos), donde plantea uno a uno los problemas que se presentan en la instalación de los hornos pirolíticos, dice: “No hay forma de que un incinerador reciba vigilancia permanente con respecto a las emisiones de dioxinas o metales tóxicos. Para medir la emisión de dioxina es necesario obtener muestras del flujo de gas, pero éstas toman de 5 a 8 horas, además hay que enviar el filtro a un laboratorio, haciendo que el proceso sea costoso y dilatado.
Es típico que la vigilancia, si es que hay alguna, sobre la producción de dioxinas en los incineradores pequeños sea al azar. De los aproximadamente 5,000 incineradores de desechos
médicos que operaban en Estados Unidos en 1993, menos de 20 habían recibido monitoreo de su producción de dioxina. Más aún, los operadores de las instalaciones reciben el aviso de aplicación del monitoreo con un mes de anticipación, por lo que tienen suficiente tiempo para poner en óptimas condiciones su operación y ajustar el flujo de desechos para el momento en que se aplica la medición. La veracidad de que tales medidas son indicativas de la cantidad de dioxinas emitidas durante las operaciones rutinarias se estira hasta el límite.
Básicamente, después de que un incinerador de desechos médicos obtuvo el permiso de operación resulta poco confiable, por lo menos en cuanto a la emisión de dioxinas se refiere”.
Además platea como problema previo la falta de persona idóneo para desarrollar estas tareas y toma como ejemplo a Alemania. “No es suficiente contar con el equipo para el control de contaminantes. También es muy importante contar con el personal calificado encargado de su manejo. A la fecha los hospitales no cuentan con dicho personal. Es por ello que en Alemania ya no se permite la incineración de desechos médicos en los hospitales; más bien hay que enviarlos a los incineradores municipales equipados con tecnología avanzada para el control de la contaminación del aire, cuyo manejo está a cargo de personal calificado.

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