Apuntes sobre la imbecilidad

Imbecilidad: la propiedad de algunos cerebros de no dejarse contaminar por ninguna idea.
Valeriu Butulescu

Esta definición es aplicable a estos tiempos y a la sociedad en la cual habitamos.
Fernando Guerrero en su artículo “El Imperio de los imbéciles en las organizaciones” dice: “Cuando hay alguien inteligente, inmediatamente es detectado por los individuos imbéciles y toda una inmensa masa cae sobre él despiadadamente hasta destruirlo. Para ello, emplean todos los medios a su alcance, aunque sean laberínticos, con tal de lograr su objetivo. Es que los individuos imbéciles atacan con el mismo odio a la ciencia con el que Newton la defendía.
Las personas inteligentes constituyen un estorbo para sus fines malévolos; por eso, los atacan sin piedad y con sadismo. Las personas imbéciles pasan la mayor parte de su tiempo pensando cómo hacer daño a las personas no imbéciles, obstaculizando el desarrollo normal de las actividades.
Aquí radica la importancia de estudiar la imbecilidad, en la búsqueda de caminos que permitan identificar a los individuos imbéciles y, a su vez, conocer su verdadera naturaleza para estar en capacidad de enfrentarlos”.

La necesidad de darnos cuenta de la presencia de este tipo de personas es muy importante, porque muchos de ellos ocupan puestos ejecutivos, y ahí radica lo peligroso.
El caso del horno pirolítico para 17 de Agosto va camino –entre otros tantos ejemplos– a convertirse en un emblema de nuestro pago chico. Allí se demuestra uno de los costados más débiles y menos pulidos de la sociedad: la capacidad de debate, participación y compromiso.
Yo adjudicaría a una suerte de apatía colectiva, el “qué me importa”; el “total a mi no me toca” y otras tantas expresiones de desinterés que pudimos oír.
Sin dudas, fue efectivo el trabajo realizado por las sucesivas dictaduras en nuestro país, aunque la última fue la más terrible en términos de aniquilamiento, ya sea de ideas como de personas.
Después podríamos hablar de empobrecimiento intelectual y hasta de cultura del facilismo que completaron eficazmente y sin violencia la tarea, pero ese sería tema para otra nota.
Preocupa la ausencia de ideas, el egoísmo, el temor a participar y por supuesto la omnipresente figura de la imbecilidad.
En plena era de la información, la gente está (o quiere estar) menos informada. Internet y otros medios desbordan de datos, informes, notas periodísticas, estadísticas, reseñas científicas que alertan de la peligrosidad de los hornos pirolíticos. Y hasta la misma Organización Mundial de la Salud (que no creo sea un organismo fundamentalista ni opositor a gobierno provincial o distrital alguno) reconoce que la principal fuente de emisión de dioxinas y furanos son los hornos pirolíticos emanados por estos incineradores. Y recomiendan otras opciones tecnológicas más sanas y limpias.
¿En manos de quién estamos? ¿A quiénes delegamos la responsabilidad de representarnos? Legisladores que aprueban proyectos de hornos pirolíticos, quizás pensando que lo de horno tiene más que ver con lo gastronómico, que con la incineración de residuos peligrosos. Algunos concejales reconocieron su falta de asesoramiento previo, hicieron una autocrítica, se informaron, cambiaron su postura y eso es sumamente valorable. No cualquiera reconoce cuando se equivoca y mucho menos “un imbécil” como el que nos ocupaba al principio de esta nota.
Hasta aquellos que ven al horno pirolítico como un dechado de virtudes, también tienen derecho a defenderlo, pero que lo demuestren con pruebas, en el debate, y no con diatribas y argumentos pobres. Claro, cuando no puede justificar algo, generalmente “el imbécil” agrede, descalifica, acusa, desvía la atención del tema central para confundir. Es decir, utiliza la violencia ante la falta de palabras.
Creo que ya no quedan más pretextos, acá se juega con la vida. Pueden prometer, mentirnos y postergarnos y –muy a nuestro pesar– eso sería muchísimo más tolerable que poner en riesgo el ambiente y nuestra salud.
Por último dejo algunas consideraciones para contribuir al debate:
-Se insiste con una tecnología que libera dioxinas y furanos al ambiente, produciendo enfermedades gravísimas y perjudicando a la producción agrícola ganadera de la zona cercana al horno.
-En el 2001, Argentina firmó el Convenio de Estocolmo, por el cual se compromete junto a muchos países a descartar las prácticas de incineración de residuos.
-Asimismo, provincias como la de Buenos Aires aun siguen avalando este tipo de hornos. Aunque, cuando la cosa se complica y la población comienza a sentir los efectos de la contaminación, paradójicamente es la misma provincia la que los clausura.

-Igualmente, la legislación deja abierta la puerta a otras alternativas más saludables y menos dañosas al ambiente, tal es el caso del Autoclave, microondas, hidrólisis alcalina, etc.
– En muchos lugares de Argentina estos hornos fueron erradicados luego que sus efectos enfermaran a muchas personas.
– La ciudad de Buenos Aires prohibió la incineración de residuos hospitalarios en el 2002. ¿Serán fundamentalistas o estarán equivocados? Ese sería el dilema del imbécil
– Integrantes de la Coalición Ciudadana Anti-incineración visitaron Puan y hablaron con la gente y los concejales. Aun así, el Ejecutivo sigue adelante con su proyecto del incinerador en 17 de Agosto, sin tener en cuenta estos alertas y las graves consecuencias que acarrearía a la población. -El horno pirolítico de 17 de Agosto podrá incinerar unos 80 kilos de residuos por hora. Y bueno es saber que en realidad la basura peligrosa que genera un hospital es solo el 15% del total. Teniendo en cuenta que los efectores de salud del distrito son pocos y pequeños, comparados con los de grandes centros urbanos, no se entiende la necesidad de poner un horno.
– ¿Sería tan errado sospechar que la real intención es traer basura de otros distritos y hacer un negocio con la incineración, con lo cual nos convertiríamos en uno de los basureros bonaerenses?
– Otras de las cosas que se argumentan es que el horno es de alta tecnología y posee filtros especiales que evitan la fuga de tóxicos al aire. Eso no es cierto, sabemos que esa tecnología no existe en el país, como tampoco el laboratorio equipado para medir la emisión de dioxinas. Los filtros serían costosísimos y deberían cambiarse muy a menudo (hablamos de un valor más alto que el propio horno)
-El horno para 17 de Agosto, según fuentes municipales, costó unos 500 mil pesos y un incinerador de última tecnología, que puede encontrarse en Europa o EEUU, cuesta millones de dólares. Nos da la sensación que este podría ser solo una parrilla con chimenea.
Creo que no hay más excusas, no permitamos engaños. No dejemos que nos atrape la imbecilidad.
Ah! Si de reducir residuos se trata, ¿qué pasó con las tan anunciadas (desde 1999) plantas de reciclaje de residuos para Darregueira, Puan y Villa Iris? ¿Se habrán hecho “humo”?

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1 comentario

  1. Anonymous dice

    Muy buen articulo ! Felicitaciones, ojala tenga algun efecto y rescate el pensamiento atrofiado de los habitantes del partido. Ciudadanos del partido de Puan saquense las anteojeras !! 17 de agosto debe ser el pueblo mas lindo y mejor mantenido del partido, un lujo sus veredas, etc. Es una lastima que un negociado arruine todo esto.

    Publicado el 08 diciembre, 2008

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