"Traeme a Martín"

(Por Juan Pablo Varsky) Polokwane.- “Traeme a Martín”, les dijo Maradona a sus colaboradores. El seleccionado ya había marcado el primer gol gracias a otro Martín, Demichelis. Había roto el candado griego con la pelota detenida, otra vez determinante. Sus ayudantes, Enrique y Mancuso, le sugirieron el ingreso de Higuaín, dulce tras su triplete ante los coreanos. Pero el DT pronunció esas tres palabras y terminó con el debate. Reemplazó a un Milito sin oportunidades y sometido al juego físico de los centrales griegos. Lionel Messi tenía 11 años cuando lo vio errar tres penales en el mismo partido, contra Colombia, en la Copa América de Paraguay. En el último partido profesional de Diego, anotó el gol del triunfo ante River con su cabeza platinada. Podríamos contar 22 cuentos. Todos sus compañeros tienen un episodio compartido con el hombre que hace llover. Por diferentes motivos, ha marcado sus vidas. Con esas historias sobre su espalda, la leyenda entró a jugar los últimos 10 minutos del encuentro, sus primeros en un Mundial.
Grecia salió a no jugar. Y a no dejar jugar. Armó el esquema más defensivo de la Copa. Al lado del 6-3-1 del alemán Otto Rehhagel, las propuestas de Suiza y Corea del Norte parecían el Barcelona de Cruyff. Dos laterales (Vyntra y Torosidis), tres centrales (Moras, Papadopoulos y Kyrgiakos) y una estampilla sobre Messi, el número 19 Papastathopoulos. Lo siguió hasta el baño. En la Euro 2004, ganada por los griegos con esta misma idea conservadora, el entrenador había ordenado cuatro persecuciones individuales contra Francia. Delante de la barricada, Katsouranis, Tziolis y Karagounis, un pillo del año cero, bloqueaban a los volantes argentinos. Y arriba, solitario, Samaras. Necesitaba ganar para clasificarse y ejecutó la táctica del murciélago, todos colgados del travesaño. Pero nadie criticará al rácano de Otto. Esa Eurocopa le dio inmunidad para siempre.
Con un equipo sin rodaje, la Argentina tuvo paciencia y desmarques para mover la pelota hasta los últimos 20 metros. Pero cuando llegó hasta el área, se apuró en el último pase. Había muy poco espacio y mucha gente rival para combinar velocidad con precisión. El combo césped artificial-pelota era cómplice de los griegos porque impedía los cambios de frente, ideales para desarticular el pressing. No hay nada más humillante para el futbolista que no poder controlar el balón. Sorprendido por el férreo marcaje personal a Messi, le costó acomodarse a ese nuevo escenario. Verón y Agüero entendieron cuál era el camino alternativo: toque corto y gambeta cerca del área. Ambos exigieron buenas respuestas del arquero Tzorvas. Sin embargo, la imprecisión de Bolatti en el primer pase, la timidez de Clemente para pasar al ataque y el poco peso de Milito contra los mastodontes griegos recortaban las posibilidades de traducir la posesión en peligro. Mientras tanto, Leo se llevaba a su implacable marcador a la derecha para hacerle su jugada registrada. Dos quites consecutivos sin falta lo desquiciaron. Retrocedió hasta la mitad de la cancha, pero no para tocarla sino para tenerla. Ante la pasividad del uzbeco Irmatov, los griegos se fueron turnando para cometerle infracciones en zonas inofensivas. A diferencia de sus partidos anteriores, se defendieron con intensidad, sin conceder espacios. Los últimos minutos del primer tiempo se jugaron al ritmo del pendenciero Karagounis, reemplazado por lesión. Grecia se fue al vestuario sin haber pateado al arco y con su arquero como figura, gracias a sus cuatro tapadas.
En la parte final, cambió jugadores pero no su proyecto. A la Argentina, que nunca cedió el protagonismo, le costaba crear situaciones de peligro. La influencia de Verón pasaba más por la participación que por la resolución. Agüero recibía de espalda y le costaba girar ante la rigurosa marca griega. Milito seguía moviéndose, pero no encontraba su lugar. Importante jugador complementario, Maxi no podía ser la solución. Clemente se animaba a proyectarse, pero no finalizaba bien. Messi seguía atrapado por el insoportable Papastathopoulos. Comenzaba a notarse el cansancio y la falta de chispa. En los primeros 25 minutos del segundo tiempo, Grecia solamente cometió dos infracciones. Siempre con diez futbolistas detrás del balón, ya no necesitaba golpear para interrumpir el juego. Además, osó tirar dos pelotazos que encontraron mal parada a la defensa argentina por no hacerle marca personal a Samaras con el equipo en ataque. Demichelis perdió en un mano a mano y el delantero quedó solo para el zurdazo apenas desviado. Tzorvas le sacó una pelota increíble a Bolatti y, al igual que sus colegas de Nigeria y Corea, se convirtió en gran protagonista de su equipo. El cero a cero garantizaba el primer lugar del grupo, pero la selección quería ganarle a este rival que no quería jugar. El partido entró en zona de cambios. Maradona incluyó a Di María por Maxi para que el zurdo impusiera supremacía numérica y desborde por la izquierda junto con Clemente. Pero no alcanzaba para darle creatividad y cambio de ritmo. Diego sacó al agotado Agüero y puso a Pastore, el jugador más glamoroso del plantel, futbolísticamente hablando. Destila clase y elegancia. Todo lo hace simple, con garbo y sentido estético. El enganche del Palermo italiano tardó 30 segundos en meterse en el partido. Grecia no lo tenía en su catálogo. El 23 argentino se ubicó a la espalda de Tziolis y empezó a distribuir la pelota con agilidad e inteligencia. Interpretó el concepto de tocar y moverse para volver a intervenir en la jugada. El principal beneficiado con el ingreso de Pastore fue Messi. Como antes con Pablo Aimar, Leo se entiende muy bien con los futbolistas que pasan rápido la pelota. Al igual que el ingreso de Agüero ante Corea, esta decisión del entrenador influyó decisivamente en el juego. Otra vez su lectura del partido y su intuición lo llevaron a tocar la tecla correcta. La Argentina encontró por arriba lo que había buscado por abajo. Demichelis ganó de arriba y, tras un rebote en Milito, quemó el arco de Tzorvas. No tardó mucho la revancha para el otro Martín tras su error ante Corea. El gol desarmó a los griegos. Difíciles cuando juegan para conservar el resultado, muestran todas sus limitaciones cuando deben jugar para cambiarlo. No se les cae una idea y dejan de marcar. El 19 se olvidó de Messi y Leo por fin hizo estragos en los últimos 20 metros. No pudo estrenarse como goleador en el Mundial. Tras una gran jugada, abolló un caño de un zurdazo. Da la sensación de que cuando este chico haga un gol en Sudáfrica, se caerá el estadio. Pastore ejerció de director de orquesta y dictó el tempo . Verón se sumó al circuito de juego y hubo tiempo para el “ole, ole”. Faltaban diez minutos. Diego podía hacer un cambio más. A Milito no le quedó cómodo el partido. Prefiere el punto de partida retrasado para llegar por sorpresa, pero el equipo lo necesitó de referencia posicional en ese ataque permanente. Ni sus compañeros ni él encontraron la manera de potenciarse mutuamente. Pero nadie podrá reprocharle falta de entusiasmo al delantero de Inter.
Su ingreso emocionó a los hinchas. Cabeceó un par de pelotas, tocó para atrás otras tantas y pifió un zurdazo. En el minuto 89, Pastore, Di María y Messi elaboraron una gran jugada de toque y toque. Tzorvas le negó el gol a Lionel. ¿A quién le cayó el rebote? Al hombre que hace llover. Le pegó con el borde interno del pie derecho y la clavó abajo. Una vez más, reescribió su propio libro. Muchos lloraron, otros se rieron, todos festejaron. No hay manera. Este tipo está tocado. Para el próximo milagro, ya lo saben. La contraseña es “tráeme a Martín”.

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