Los recuerdos de la Escuela Nº 1 cobraron vida en el Café con Historias

Con la presencia de los exalumnos Ana María Denegri, Omar Vallejos y Jorge Dorio y de la exdocente Dora Cuevas, la Escuela Nº 1, en conjunto con la Dirección de Cultura, organizó el lunes por la tarde “Café con Historias”.
Se trata de un ciclo donde se evocaron anécdotas y experiencias de quienes alguna vez pasaron por las aulas del establecimiento educativo que este año cumple 125 años de trayectoria en Puan.
Además se presentó una línea de tiempo, marcando hitos de la vida institucional iniciada en 1886, y un espacio de evocación denominado “Galería de los Recuerdos”, en el cual se expuso una antigua fotografía donde aparece un numeroso grupo de alumnas, tal es el caso de Isabel Bartolomé y Hortensia Cabrera, entre otras.
Para comenzar el acto, los chicos leyeron en sus “cuadernos viajeros” anécdotas de algún familiar que cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 1. Brisa, Macarena, Florencia, Lucía, María Olga, Pía y Gianfranco, de 3º año de la EP, fueron quienes le dieron vida a los recuerdos.
A continuación, alumnas de 6º año compartieron reflexiones sobre la escuela y la Gesta de Mayo.

“Ojalá haya dejado en mis alumnos, el recuerdo que ellos dejaron en mi”

Con un “Viva la Escuela Nº 1”, Dora Cuevas comenzó su alocución.
“Un hermano de mi amada abuela vino a clases en 1886. Aquí encontré el amor de mis alumnos, quienes me dejaron un cofre lleno de maravillas, de alegrías y sorpresas. Yo tenía a mi cargo 1º Inferior y la grandeza de esas almitas las tengo guardadas como un tesoro muy especial”, evocó Dora.
La ex maestra también tuvo palabras para quienes fueron sus compañeras de trabajo, a las que definió como “amigas valiosas” y reconoció que le hubiese gustado compartir este momento con ellas. “Quisiera que estuviesen hoy aquí”, señaló.
“Siempre lo pienso y ojala yo haya dejado en mis alumnos, alguno de los hermosos recuerdos que ellos dejaron en mi. Lo digo con toda franqueza, en 20 años no recuerdo que alguno me haya faltado el respeto. Me enseñaron mucho y me dieron su ternura e inocencia.
Cuando se acercan y me saludan, los veo que son abuelos y les digo siempre lo mismo: “para mi tenés todavía el guardapolvo blanco y el alma blanca que me regalaste”
“Cuando me recibí no sabía pararme frente a una clase, no tenía noción de la responsabilidad que me esperaba. Pero cuando lo comprendí, me di entera”, reflexionó.

“Fueron los años más felices de mi vida los que viví aquí”

Ana María Denegri fue docente de la Escuela Nº 1 y también una de las directoras que más tiempo permaneció en el cargo (1973-1990)
“Fue mi segundo hogar, comencé a venir como alumna el 1 de septiembre de 1946. Aquí cursé los siete años de primaria. Fue testigo esta escuela de mis primeras prácticas docentes y suplencias, de manera que he pasado aquí más de 20 años.
El 9 de marzo de 1973, luego de deambular por otras escuelas haciendo experiencia, llegué nuevamente para hacerme cargo de la dirección”, evocó.
A Ana María no le fue nada fácil dar este paso tan importante en su carrera, ya que siete días antes, Puan fue azotado por un tornado que provocó destrozos en la escuela.
No quedó una sola chapa sana y todos los vidrios del edificio fueron destruidos.
Faltaban solo unos pocos días para el comienzo del ciclo lectivo.
La Inspectora Alcira Giraudo me entregó la llave y me dijo: “Ana María, cuando se inicien las clases, esta escuela debe estar en condiciones para recibir a los alumnos”.
No sabíamos qué hacer. Los padres de los chicos, los docentes, con esfuerzo, logramos al menos el arreglo provisorio de la escuela.
Pero no fue el único problema, cuando nos reunimos con el personal, vimos que había 50 solicitudes de alumnos para pasarse a otra escuela. Queríamos saber qué pasaba.
Nancy, Mireya, Teresita, Ethel, Marta, Porota Urcelay, Poti Vázquez. Hicimos como los apóstoles, de dos en dos, salimos a recorrer el pueblo para visitar a todos nuestros alumnos. Recuerdo que pudimos recuperar 25, fue una alegría tremenda porque los padres quisieron confiar en nosotros”, recordó.
Porota Denegri rememoró los días en que todo el equipo docente formaba un sólido grupo de trabajo. “Tirábamos todos del mismo carro”, dijo.
“Pusimos todo nuestro esfuerzo para levantar la escuela. No fue fácil ni rápido, pasaron unos cuantos años hasta que quedar satisfechos.
En 1986, cuando celebramos el centenario, contábamos 450 alumnos, repartidos en 15 secciones de grado. Director, Vicedirector, Secretario, todo el equipo de psicología, docentes especiales y cuatro porteros, entre ellos nuestro querido y amado Jalaue, como le decíamos todos”, contó.
Y rememoró la fiesta de los cien años, mencionando que se dispuso la participación de cien chicos vestidos con guardapolvo, portando una torta con una velita cada uno, ingresaron a los salones donde se realizaba la cena.
“En 1990 dije “adiós a trabajo docente” pero no “adiós a la escuela”. Ella sigue siendo mi segundo hogar, si volviese a nacer sería otra vez maestra. Fueron los años más felices de mi vida los que viví aquí”, finalizó.

“Es una satisfacción volver después de tantos años”

Omar Vallejos, actualmente radicado en la ciudad de Neuquén, es un exitoso empresario y publicista, miembro de la Asociación Cultural Sanmartiniana de aquella ciudad.
“Fui alumno de la escuela desde 1944. Era mi maestra Elvira Leoz, éramos compañeros de banco con Jorge Dorio. Veníamos en el primer turno, recuerdo que aun era de noche en invierno.
El 10 de junio de 1945 se cambió en el país el sentido de circulación de los automóviles y había que venir a la escuela atentos, porque ya los autos venían por la otra mano.
También fue ese el año que nos tuvimos que trasladar a otro establecimiento, por las refacciones realizadas en este edificio.
Cuando regresamos, la escuela había cambiado por completo y era como la conocemos ahora”, destacó.
En ese tiempo –continuó– se fabricaba la tinta, llenaban un tarro grandote e iban pasando por cada aula, llenando los tinteros.
Es una satisfacción volver después de tantos años, le agradezco la invitación a Laura Velasco, la Directora de Cultura”, concluyó.

“Para enseñar hay que amar”

“Cantábamos el Himno Nacional en esas mañanas de invierno, cuando había pantalones cortos y manitos sin guantes, y mucha pobreza en todo el país”, recordó Jorge Dorio, actor y director teatral, actualmente radicado en Buenos Aires.
“Yo nací en Puan al lado de la laguna, en la quinta de mi abuelo Juan Martín que luego se inundó. En esos tiempos había muy pocas radios con molinito, y me llevaban los jueves a la chacra de Victorio Vercellino a escuchar a Gloria Fortuna.
Cuando nos agarró la tos convulsa, nos curaban con remedios caseros como el jarabe de tuna.
Y mi madre Eleonor Martín, me llevaba a caminar de la quinta hasta el cerro a las cinco de la mañana. Recuerdo, cuando era chico, ver llover sapos en las grandes tormentas. Yo les cuento esto a mis alumnos de Buenos Aires y no me lo creen.
Jugábamos con el aro y el alambre, saltábamos los charcos con una felicidad inmensa. Las cosas simples, son el elixir de la vida. En ellas está el amor, la felicidad y la elevación espiritual, valoró.
Este actor con una trayectoria de 60 años trajo en el tiempo su recuerdo de dos de sus maestras: las señoritas Natalini y Echaves.
“Eran hermosas, una lánguida, parecía una pintura de Modigliani; y la otra rubia, hermosa, con unos ojos que no voy a olvidar nunca. Para aprender nos traía productos, recuerdo que al hablar de las abejas, ella nos traía miel para probar. Me gustaría que todas las maestras del país vuelvan a esas prácticas”, mencionó.
Y reflexionó: “para enseñar hay que amar, porque sino uno es un paracaidista con una granada en la mano que viene a destruir mentes. Porque la misión es formar hombres de bien, y no gente que pierda la cultura del trabajo y viva de las dádivas de un Estado. Lo que dignifica al hombre es la familia y el trabajo, no los planes trabajar.
Una de mis maestras para el Día de Sarmiento me dio una poesía, por culpa de esa poesía yo soy actor”
Por último, Dorio leyó “Rebelión contra el espíritu crepuscular de la poesía moderna”, una poesía de Ezra Pound.
“Quisiera dejarles un regalo como actor, a los chicos del futuro, a los hombres del presente y a los que nos estamos por ir”, dijo.

Obsequios

Para finalizar este Café con Historias, Stella Maris Vacca, Directora de la Escuela Nº 1, junto a alumnos, hicieron entrega a los panelistas de certificados. En el de los ex alumnos puede verse el edificio de la Escuela, el logo creado para los 125 años, y además se incluyó, mediante el ensamble de imágenes, una recreación del libro de matrícula donde están asentados sus nombres.
Por su parte, Dorio dejó como obsequio a la Directora una de sus películas, La Luz del Bosque, la cual dirigió y también actuó. Omar Vallejos entregó, en nombre de la Asociación Cultural Sanmartiniana, una lámina del Libertador.
Laura Velasco, en nombre de la Municipalidad hizo entrega de un presente a los invitados y, en nombre del intendente, un reconocimiento a Jorge Dorio por su trayectoria actoral y su aporte a la cultura.
“Les agradezco infinitamente, el mejor reconocimiento es haber encontrado a mis compañeros de juegos, a la calidad todos ustedes”, se despidió Dorio.

 

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