Historias de un abogado patagónico. Hoy “Insólita audiencia”

Domingo (Chacho) O. de Zárate

(Por Domingo Ortiz de Zárate) Primero ubiquémonos en el tiempo: invierno del ‘73. En lo político, había ganado la fórmula peronista Cámpora-Lima en el orden Nacional y Jorge Cepernic-Encalada en la provincia de Santa Cruz. En ese invierno la Patagonia sufría una de las más grandes nevadas de la historia, con caminos intransitables que afectaban gravemente la situación en los medios rurales, donde se agotaban las provisiones, no había combustible suficiente para calentarse y hasta para cocinar. En esa situación la Nación envió un helicóptero, cuya historia y consecuencia serán de un capítulo aparte que conocerán en futuros relatos.
A todos los magistrados, luego del triunfo de Jorge Cepernic como Gobernador, el Poder Ejecutivo les solicitó que presentaran su renuncia a los fines de reorganizar el Poder Judicial.
Ninguno hizo objeción al pedido, nadie se amparó en el derecho de estabilidad de los Jueces garantizado por la Constitución; hasta aun aquellos que sabían que no iban a ser confirmados en sus cargos. Tal el caso de los Doctores Marcelo Castro Dassen y Mario Chillier, que no hicieron ningún tipo de planteo y podrían haber defendido sus derechos constitucionales ante los Tribunales. Pero estas personas eran hombres de honor y probidad; sabían que comenzaba un nuevo ciclo y permitieron, con la presentación de sus renuncias, las manos libres a las nuevas autoridades para el nuevo período constitucional que se iniciaba.
Mostraron a través de ese accionar, su hombría de bien (no como ahora actúan los funcionarios que hay que sacarlos con la policía), pues esos hombres llevaban en sus genes valores hoy tan desvalorizados como son la decencia y el respeto a la propia sociedad, en donde un hombre cuando llegaba a la función pública, tenía internalizado que el cargo no era de su propiedad, y su renuncia debía estar preparada y firmada desde el momento de la aceptación.
Debo señalar que el suscripto como Magistrado, había recorrido el mismo camino, aunque corrían rumores de mi próximo ascenso en el Poder Judicial. Deseché volver a Buenos Aires, ante un ofrecimiento de un antiguo amigo (el Juez Federal Dr. Torslasco que luego integró el tribunal que juzgó a los militares) quien había sido designado como Juez de Instrucción y me ofreció una de las Secretarias.
Efectuadas estas consideraciones que son inherentes para el tramado de la historia, continuaré entonces, con el meollo de la narración.
Un día, recibo una llamada de Marcelo Cepernic, quien en esos momentos se desempeñaba como Secretario Personal del Gobernador, y me comunica que su padre me quería ver en la Residencia.
Le pregunté a qué hora, y me contestó con un dejo de resignación:-Cuando quieras, el protocolo no es el fuerte de este Gobierno.
Importante es remarcar con todas las letras que a Don Jorge Cepernic, nunca le hicieron una denuncia por mal manejo de los fondos Provinciales, llegó a la Gobernación con un patrimonio ajustado a su situación, si bien no tengo pruebas que aseveren la afirmación, se fue mas pobre de lo que llegó.
El bonachón de Don Jorge, no se negaba a la audiencia que le pedía la gente del pueblo y a veces la Residencia se hacia chica y hasta de cómo “última ratio” para salir del paso, los atendía en el baño.
Se imaginarán los nervios del suscripto ante una audiencia con el Gobernador, así que por la tarde, teniendo en cuenta el objetivo de la citación, estuve todo el tiempo maquinando las palabras que debía expresar ante tanto honor.
Cuanto llegué a la residencia que era un pandemónium, me recibió como anfitrión Pepe Porto, que ya se sabía iba ser el Presidente del Tribunal y como Don Jorge en ese momento estaba ocupado, me invita a pasar al comedor de la residencia.
Para matizar la espera, me convida con un whisky (aunque no me lo crean hasta ese momento mi resistencia al alcohol era muy pobre, dado que si bien no era abstemio, mi contacto con las bebidas espirituosas no estaban en mis prioridades y gustos). Empezamos a hablar de generalidades y a los cinco minutos, llega Tito Borelli profesional médico de prestigio, quien con la chaquetilla de médico, dice que había escuchado un proyecto del gobierno para realizar una campaña para detectar y adoptar políticas para la prevención del cáncer de mama, y venia a ofrecerse como voluntario. Lo invitamos a acompañarnos, y mientras el tiempo trascurría, los vasos se seguían llenando y me encontré en la insólita situación de discutir y analizar, como un experto, sobre el cáncer de mama y sus efectos, los modos de prevenirlo, las consecuencias futuras de no hacer algo al respecto…. y la espera continuaba. La primitiva botella había sido reemplazada por otra, y utilizábamos la bebida espirituosa para evitar la sequedad de nuestras gargantas. En un momento sentía que el piso se me movía y en mi inconciencia pensaba que además de la nevada… un terremoto.
Pero al final todo llega, y nos hacen pasar al salón donde estaban los periodistas del canal trece para entrevistar al Gobernador sobre las consecuencias de la nevada. Don Cepernic estaba sentado en un espacioso sillón frente a la periodista, invitándonos a los presentes, a colocarnos detrás del sillón mientras se desarrollaba la entrevista. En ese momento entre los vahos del alcohol pensé, si mi familia está viendo el noticiero me van a ver…, estuve a punto de levantar la mano para un saludo a los míos, pero lo pensé mejor, basado en mi estado de semiinconsciencia y me aferré fuertemente al sillón (si bien estábamos en un gobierno popular, no era muy paquete ver rodar por el suelo, a un potencial integrante del máximo organismo de justicia).
Concluido el reportaje, Don Jorge nos da la mano uno a uno a los que estábamos de “clake” en la entrevista, nos agradece el hecho de haberlo visitado y en buen romance nos pone de patitas a la calle.
Gracias a Dios que de la residencia a mi casa hay un poco trecho. Mi esposa ansiosa me preguntó sobre el resultado de la entrevista y yo le dije: – no se a qué fui, pero tengo una hermosa curda y me quedé dormido soñando en los paisajes helados en mi sillón favorito.
Después de esta narración, me doy cuenta que mi primera intervención para el gobierno popular naciente, fue un bolo como actor de reparto. Nunca me lo pagaron y se ve que la actividad actoral no es mi fuerte, pues nunca fui llamado para una remark.-
La historia no obstante terminó bien, mi pliego fue mandado a la legislatura y con mis jóvenes años, tengo decir con orgullo, que me tocó integrar una justicia de primer nivel: ningún magistrado fue cuestionado por la sociedad, con un personal de lujo, que en nuestras épocas ingresaban por riguroso concurso y con el personal anterior que muchas veces fueron nuestros mejores profesores cuando hacíamos los primeros palotes en la función.
Como botón de muestra, la rendición de gastos del ultimo presupuesto fue aprobado a los dos meses de habernos separado de la gestión.

Para leer más historias ingresar a historias desconocidas patagonicas

También podría gustarte Más del autor

Los comentarios están cerrados.