Rondeau en La Nación: “Historias mínimas y secretos de pueblos bonaerenses”

Sobre pueblos ignorados de Buenos Aires y sus historias versa el libro Desconocida Buenos Aires. Secretos de una provincia, del periodista y fundador de la ONG Proyecto Pulpería -que trabaja en la recuperación de pequeños pueblos-, Leandro Vesco.

En pocas páginas, cada capítulo se aboca a historias que transcurren en alguno de los parajes. Por ejemplo, las visitas de Jorge Luis Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares al almacén de ramos generales de Pardo, en el partido de La Flores, cerca de donde la familia de Casares tenía su estancia de veraneo Rincón Viejo; el ritual 100% italiano que significa degustar de un banquete en El Gringo Viejo, el restaurante para 30 comensales que gestiona Tito Cimarosti en el jardín de su casa en Coronel Suárez; o cómo es la vida de los 15 habitantes de Villa 7 de marzo, el último balneario de la costa bonaerense, en los albores de la Patagonia y a 35 kilómetros de Carmen de Patagones.

Además, un repaso de las pulperías más tradicionales, los restaurantes de campo que vale la pena conocer, los pueblos de costas menos conocidos y aquellos que, con las puertas abiertas, están a la espera de repoblarse.

A continuación, algo de profundidad sobre dos historias que aparecen en el compendio. Y llaman la atención.

Por la refundación de Rondeau

Cuando cerró el ramal del tren que unía Constitución con la Patagonia, la vieja estación del pueblo, que era de paso y estaba rodeada de galpones de estiba de cereal, perdió su razón de ser. Los campesinos empezaron a mudarse. Se volvió cada vez más difícil la llegada de provisiones y el traslado de los pueblerinos. Fueron desapareciendo las fuentes de trabajo y como la escuela local era solo primaria, dejaron de verse jóvenes. De a poco, la vida en Gral. Rondeau se fue apagando. La gente se mudó, las casas ostentaron vacío.

Un -fatídico- día de 2010 la escuela cerró definitivamente y el club, subsidiario de ella, también.

En 1891, cuando la estación fue inaugurada por la concesión del Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste que planeaba unir el puerto de Bahía Blanca con Río Cuarto (Córdoba) y Villa Mercedes (San Luis), la población rural en nuestro país se calculaba en cerca del 60%. Hoy, se sabe que más del 92% de los argentinos vivimos en ciudades (entendidas como poblaciones de más de 2000 habitantes). En el interín, decenas de pueblos en peligro de extinción. O extinguidos.

Dentro del partido de Puan, al sur de la provincia de Buenos Aires (casi al límite con La Pampa) está(ba) General Rondeau. Hace dos años, Jorge “Bocha” Tanoni, hijo del guarda de la estación del ferrocarril y uno de los que se crió en el paraje, tuvo la que llaman “la loca idea”: quería comprar Rondeau y refundarlo.

Los amigos de la infancia lo apoyaron. Bocha logró comprar 25 hectáreas en los alrededores del club para que “no nos lo robaran”. Luego, se reunió con el intendente de Puan y recibió el apoyo de la Municipalidad. La mejor estrategia era formar una ONG, que se dio en llamar Néstor Luis Montero, en honor a un amigo-vecino que fue uno de los más insistentes en mantener el pueblo con vida y que a pesar de que la escuelita estaba cerrada todavía entraba a limpiarla para que “no se viniera abajo”. Desde allí todos juntos pujarían por la refundación.

Y en eso andan. En noviembre pasado organizaron la primera Fiesta Popular de Pollo al disco en la que además de almuerzo hubo baile y música en vivo. Con la intención de repetirla cada año, añoran con convertirla en Fiesta Nacional. También tienen previsto un baile zonal en marzo y una carrera de Rural Bike para abril.

Pero no son los únicos planes, la idea es mejorar la conectividad de la zona (no hay Internet y la señal de celular se vuelve intermitente por la falta de una antena), recibir en comodato los terrenos del ferrocarril para hacer un sistema de huertas y un mini parque industrial, y poner en funcionamiento en la antigua escuela un museo y una biblioteca primero y si, con el tiempo, llegaran a instalarse familias reabrirla con su misión original. Para eso necesitan entre 10 y 12 chicos.

“Mi sueño se podía hacer realidad”, se emociona Bocha al otro lado del teléfono desde Laprida, la localidad bonaerense en la que vive y queda a 350 km de Rondeau. Y está seguro que de lograrlo volvería al pueblo de su infancia porque, como se dice, siempre se llega tarde a la niñez.

Fuente: La Nación – Link a la nota completa en https://www.lanacion.com.ar/2216253-lo-que-late-en-el-corazon-bonaerense

Imágen de la Escuela de Gral. Rondeau

También podría gustarte Más del autor

Los comentarios están cerrados.