Opinión: Vivir en tiempos de pandemia

(Por Fernando Sánchez – Todas las Voces Puan)

¿Qué día es hoy?

“Viernes”, me contestan.

Parece un domingo, o un feriado, pienso.

Por un momento, mientras cruzo las vías, me parece que estoy en medio de una escena de una serie de ciencia ficción distópica,,  de esas que muestran poblaciones completamente desiertas. Con la salvedad de que, por suerte, acá no hay zombis que quieran devorarnos.

Calles vacías. Algún que otro perro anda de acá para allá, preguntándose ¿dónde están los humanos? ¿Será que nos dejaron el pueblo para nosotros solos?

Suena increíble que algo que empezó en China, hoy no afecte a nosotros.

La globalización nos jugó una mala pasada, quizás la más grave.

Gente encerrada, hundida en la psicosis que se acentúa con cada imagen de noticiero amarillista que continuamente dispara cifras de muertos, enfermos y  las mil y una maneras de prevenir contagios. En las redes las fake news o noticias falsas reinan, desencadenando rumores infundados, haciendo del pánico su principal producto.

A otros aun no les cayó la ficha y continúan sin tomarlo en serio. Andan por la calle como si nada, piensan que están de vacaciones y que todo esto es “una jodita para Tinelli”. Estos sujetos hacen que las medidas se endurezcan más.

No dejemos entrar al virus, evitemos la mayor cantidad de contagios posibles, quédense en casa.

Y ahí aparece una brecha que solemos no ver, esa que marca claramente las diferencias sociales. Porque no es lo mismo pasar estos días en una casa confortable, con servicio de internet, Netflix y TV por cable, que afrontar el aislamiento en un humilde hogar de dos por dos, sin servicios básicos y menos que menos internet. No es lo mismo la familia con acceso a la tecnología que el abuelito que vive solo, y pasa estas largas jornadas en compañía de un viejo aparato de TV con la programación básica.

Las consecuencias de la pandemia van a llegar, y seguramente las vamos a superar. Pero quedarán otras secuelas, las psicológicas, o las del laburante que no pudo continuar con su emprendimiento y la pasa mal, o el changarín que vive el día a día.

Estas situaciones límite sirven para valorar la idea del Estado como garante. Las voces neoliberales que pedían a los países achicar el gasto público, ahora  suplican para que el mismo Estado que querían reducir, los atienda y los cure. Está visto que la salud, pública no se negocia. Ahora lo comprenden en Europa, lamentablemente un poco tarde.

En estos días, el pilar del sistema educativo,  los docentes, sacan recursos de donde no los hay para garantizar la continuidad de los aprendizajes.

Vía e-mail, a través de plataformas virtuales, o acercándoles cuadernillos y fotocopias a los chicos, directivos, maestros y profes hacen malabares, en ocasiones con los conocimientos tecnológicos básicos y también aprendiendo sobre la marcha,  todo para que nadie se quede sin la posibilidad de aprender.

Esta pandemia tiene héroes anónimos, hasta hace pocas semanas olvidados y hasta maltratados: los trabajadores de la salud y otros servidores públicos que hasta suelen dar la vida para cuidarnos.

Esta crisis nos va dejar muchas lecciones, una de ellas, la principal creo yo, es la necesidad de ser solidarios, empáticos con el Otro, no pensar en el individualista “sálvese quien pueda”.

A convencernos que el problema del vecino, también puede ser mi problema.

A mirar al mundo con otros ojos, y aprender, por nuestro bien, a ser más humanos.

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