El sonido de las sirenas, otra medida de la cuarentena. ¿Necesaria?

Desde el lunes de esta semana, diariamente a partir de las 16 horas, Bomberos Voluntarios comenzaron a recorrer la localidad con las sirenas encendidas para recordarle a la población la finalización del horario comercial y la obligatoriedad de permanecer en sus viviendas hasta las 8 de la mañana del día siguiente.

Hoy también se pudo ver a un patrullero policial sumándose a esta tarea al circular por las calles de nuestro barrio con la sirena encendida.

Estas nuevas acciones, se suman al toque general de sirena que realizan los Cuarteles de  Bomberos del Distrito ( y también algunos municipios de la región) desde que el Gobierno Nacional dispuso el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, y el Municipio estableció por decreto la restricción del horario comercial en el marco de la pandemia por coronavirus.

Si bien las medidas buscan efectivizar aún más el cumplimiento de la cuarentena que deberíamos acatar por nuestra propia responsabilidad social, la estridencia de las sirenas provoca angustia en algunos sectores de la población que atraviesan alguna enfermedad o les trae a la memoria recuerdos dolorosos porque vivieron el horror de conflictos bélicos.

Por ejemplo, a algunos vecinos, este sistema de notificación les recordó cuando, en 1982, en las ciudades se realizaban simulacros de oscurecimiento durante el conflicto armado contra Inglaterra por la soberanía de las Islas Malvinas.

Una angustia que se suma de por sí a la desoladora imagen de las calles vacías, a que las familias no se puedan visitar, y en donde hay personas impedidas de ir a trabajar.

En este sentido, es necesario recordar que más allá de la situación excepcional que estamos atravesando, donde se busca resguardar a las personas  de este enemigo mundial denominado “coronavirus” y que no sabemos hasta cuándo nos continuará acechando, hay otras problemáticas relacionadas al ámbito social o de la salud (psíquica y física) que siguen ocurriendo y a las cuales debemos continuar prestando atención.

Sabemos que en nuestras localidades de poca densidad poblacional, una amplia mayoría de vecinos cumplen con responsabilidad las medidas impartidas por el Estado, valorando el trabajo de todos los actores que intervienen en la prevención, conscientes de las consecuencias que podría provocar en el sistema de salud un contagio masivo.

Por ello, si tomamos como referencia nuestra propia realidad local, tendremos la seguridad de no perder el sentido común.

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