Cuando un gran amigo se va

(Por Silvia Iturrios) “Hoy 18 de mayo, un día tan caro a mis sentimientos, porque es el  Día de los Museos, no puedo no hacer pública esta tristeza que me invadió al conocer la noticia de que Chiquito Malvicini partió. Tanto para él como para mí, el Museo Ignacio Balvidares fue en algún momento de nuestras vidas nuestro segundo hogar. Y esa tristeza primera se fue atenuando porque, al desempolvar recuerdos, anécdotas y vivencias compartidas, me invadió la sensación de gratitud. El MIB fue el lugar que me hizo conocer, querer y valorar a ese ser incondicional que de manera desinteresada estaba siempre  dispuesto.

Momentos que me hicieron sonreír al recordar los viajes que realicé con él por los lugares más insólitos para encontrar lo que queríamos según su sugerencia. Para el Paseo del Carro, visitamos quintas, chacras y chacharitas con el fin de poner en valor las herramientas del lugar. Él mismo colocó  la ventana del rancho del fortín y también hacía las trabas para los mástiles del Paseo del Inmigrante.

Hombre honesto, respetuoso, habilidoso y versátil porque colaboraba en las muestras mensuales, armando un gallinero dentro del museo, un alambrado o un barco de inmigrantes. Y estos trabajos, nos encontraban sin horarios junto al equipo maravilloso de AMIGOS del MIB que acompañó mi gestión desde 1992 hasta el 2011.

La tarea de un verdadero equipo, nos hizo descubrir a ese otro Chiquito, que si bien no era de risa fácil, era un  hombre sensible y pícaro que disfrutaba de las mateadas de trabajo y de las cenas de camaradería.

Con varios de quienes fueran integrantes de la Asociación Amigos del Museo, nos comunicamos ante la noticia y ante la impotencia de no poder estar acompañando a Facundo y familia, lo despedimos a  CHIQUITO con los mejores recuerdos, y a mí personalmente me queda la satisfacción de habérselo  dicho siempre. Fue una parte de mi mano derecha y su casa el recorrido obligado para saludarlo al dar la vueltita por la laguna y preguntarle si necesitaba que le trajera algún cuchillo de Tandil.

Siempre será de esos amigos que no se olvidan, la amistad trascendió los proyectos y  la institución”.

Amigos del Museo Ignacio Balvidares

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