Arte

El arte no está en cuarentena. Hoy Silvia Iturrios

La narradora Silvia Iturrios nos habla de la actividad que desarrolla desde hace más de 10 años, cuando era Directora del Museo Ignacio Balvidares. La docencia también le posibilitó incursionar en el arte de contar, cuando en el área de Lengua, incentivaba a sus alumnos a desarrollar la imaginación.

Después de su jubilación, decidió perfeccionarse e incursionar en todas las aristas que ofrece el oficio de narrar con la voz, la gestualidad y el movimiento corporal, llegando a públicos muy diversos y deseosos de escuchar bellos relatos.

-¿Cuándo comenzaste a incursionar en el arte de la narración?

Hace más de 10 años que empecé, cuando era directora del Museo Ignacio Balvidares (MIB).

Como maestra, tuve siempre la suerte de estar a cargo del área de Lengua y eso me facilitó trabajar con la imaginación y la fantasía. Entonces, cuando estaba con los niños, desplegaba mi niño interior y les daba herramientas para que ellos escriban.

Siempre me gustó narrar, recuperar lo ancestral de la oralidad, de transmitir las historias y las vivencias a través de la palabra. A mí me encantaba escuchar a mi abuela que me contaba solamente un cuento… el de “Epaminondas” que era un niño que hacía todo al revés. Pero a mí me encantaba escucharla cuando contaba historias cotidianas y creo que era por el énfasis que ella ponía.

Cuando estaba a cargo del MIB, cada 18 de Mayo, en ocasión del Día de los Museos, hacíamos muestras, algunas eran meriendas con cuentos. Cuando lo rehabilitamos, en aquel momento, entre el público había niños –es el día de hoy y una chica aun lo recuerda– les conté el cuento japonés “Momotaro, el niño melocotón”.  Después, en medio de una ceremonia oriental, les serví té de durazno.

Marcela Sabio, narradora santafesina, dice que cuando uno cuenta, se tiene que olvidar de todo y que el día de mañana, quien escuchó tu relato, recuerde esa bella y sencilla historia y no a quién la contó. Y esa es mi intención, no que se acuerden de mí, sino del mensaje que les transmití. Hoy por hoy, veo a la narración como un placer, es el arte de escuchar y volar con la imaginación.

Silvia participa de Cuentos en el Buzón, propuesta del Museo local para la Navidad de 2019. En la foto de portada, presenta una narración en “Al Museo con linterna” (julio de 2019)

Doy gracias a Dios de tener el talento de la voz y poder ponerla al servicio de otro para el disfrute. También el cuerpo habla, los gestos y las miradas. Cuando voy a las escuelas, siempre hago como que me tropiezo, que caigo en un pozo y me caen papelitos. Utilizo la gestualidad porque realicé también un taller de mímica y clown para aprender a manejar un poco el cuerpo.

Durante mi actuación, cae un papelito sobre mi rostro con un nombre y a partir de ahí comienza el juego con los chicos, donde yo les digo que el mundo de la fantasía y de la imaginación está en peligro de extinción y hay que salvarlo. A partir de ahí, comenzamos a ver de qué manera podemos salvarlo y ahí, los chicos empiezan a decir con cuentos, poesías y rimas. De esta manera, interactuamos un poco y les cuento una adivinanza, y si la seño la adivina, les narro una historia.

Cuando estaba en el Museo, narraba la historia lugareña a modo de cuento, así cautivaba más la atención del público. Después de desarrollar las diferentes temáticas, venía el momento del relato.

Cuando me jubilé, me dije… ¿y ahora qué hago con este don? Fue así que decidí narrar en los geriátricos, recorriendo todo el distrito, llegando hasta la localidad de San Germán.

Contanos… ¿Cómo se dio la posibilidad de narrar un cuento para el Hogar de Ancianos de Tandil?

Cuando visito esa ciudad, voy a narrar al Hogar San José, que desde afuera se ve precario, pero adentro hay una gran calidez humana y muchas actividades. Ahora como los abuelos no reciben visitas, ven a través  de la pantalla los mensajes de sus familiares y las actividades, desde allí me pidieron que les cuente un cuento (ver video).

Generalmente, busco narrar cuentos que me gusten a mí. Los tengo que sentir y vivenciar. Si el cuento no me resuena, no lo puedo contar. Primero me lo apropio  y después hago núcleos temáticos. Nunca lo relato textualmente y de memoria, siempre digo que es una adaptación de tal autor.

-¿De qué manera reciben tus narraciones los distintos públicos, ya sean niños, adolescentes o adultos mayores?

-Cuando un cuento sirve tanto para los niños como para los abuelos, es porque los abuelos, cuando lo oyen, vuelven a ser niños.

Generalmente, cuando iba a los geriátricos del distrito, pedía que hubiera niños y las maestras generosamente llevaban a los chicos de los grados iníciales para después realizar un trabajo en conjunto.

Recuerdo que acá, en Puan,  en el Hogar Melvin Jones, relaté el cuento de una princesa que se enamora, con un final feliz, porque siempre trato que sea así para dejar ese sabor de querer volver a escuchar otro, y una de las abuelas me dice: ¡Ay! ¿No me podés conseguir un príncipe?

Hay un cuento que se llama “El regalo de Navidad”, que es maravilloso, siempre vuelven a pedírmelo porque les encanta. Eso quiere decir que si a alguien le moviliza una fibra de su ser, el objetivo está cumplido.

Con los adultos juego con la parte olfativa y el movimiento, ahora estoy incorporando la música. Y para adolescentes elijo las historias de suspenso. En el caso de los niños, a ellos les gustan los cuentos de superhéroes, donde el villano siempre pierde.    

Diario de Puan

Periodismo y Comunicación

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