“Por la simpleza de mi gente”. Historias de Sergio Denis en Villa Iris

Hay acontecimientos que quedan grabados para siempre en la memoria colectiva de los pueblos. Uno de ellos sucedió el sábado 3 de Agosto de 1985 en Villa Iris, cuando se presentó Sergio Denis. 

Contratado por el Club Rampla Jr. el cantautor suarense actuó en instalaciones de la Juventud Agraria (actual Salón Cultural). El espacio estuvo totalmente colmado por seguidores y fans del músico, procedentes de una amplia zona.

En el Show que se extendió 1 hora y 40 minutos, el creador de “Gigante Chiquito”, hizo un repaso por su repertorio de 15 exitosos años.

Algunos memoriosos indican que a principios de los 80’ Sergio Denis ya registraba varias presentaciones en nuestro distrito.

En 1985, había lanzado su disco “Afectos”, el más vendido de su carrera, con más de 450 mil placas. Los temas “Nada hará cambiar mi amor por ti”, “Gigante, chiquito”, “Así fue nuestro amor”, “Dame luz”, entre otros, llevaron a Sergio a la cúspide de su carrera. 

Una noche inolvidable

Uno de los que mejor recuerda todo lo sucedido aquel 3 de Agosto de 1985 es Oscar Araque, un villaerense amante y cultor de la música, actualmente radicado en la ciudad de Avellaneda, en el norte de la Provincia de Santa Fe.

Ni bien logramos contactarlo vía WathsApp, Oscar mostró gran disposición para contarnos detalles de aquella inolvidable jornada.

“Tenía 20 años, aun conservo en la casa de mi madre en Villa Iris el cassette con la grabación del recital”, comentó.

De memoria, repasó los nombres de los integrantes de la banda encargada de acompañar a Sergio Denis esa noche. Eran músicos de gran nivel. Roberto Salma en los teclados, Gustavo De León en el bajo; Juan Carlos Santos en guitarra y el uruguayo Raúl Campana Cuadro en batería. El encargado del sonido fue Alfredo Costa. Otro de los datos es que usaban sonido propio, no lo alquilaban como es común ver hoy”, agregó.

Entre las canciones cantadas en el Salón de la Juventud Agraria estuvieron la versión de “El  sonido del silencio”, de Simon & Garfunkel. También incluyó a “La humanidad”, un hit por aquellos años, junto a otro gran tema: “Pipas de la paz” del ex Beatle Paul McCartney.  

 “Tengo tan presente ese recital… tanto para mí, como para mis compañeros de secundaria, Sergio era un referente. En lo personal, musicalmente fue un antes y un después.

Disfruté cada minuto del concierto, recuerdo todos los detalles”, nos contó emocionado, como si estuviese reviviendo el show. Y reconoció: “hasta ese día, nunca había visto un espectáculo de esa magnitud.  El recital nos dejó a todos muy conformes, por la calidad humana y profesional del artista. Nos brindó su amistad en todo momento. Era un pibe de pueblo como nosotros”.

Picadito en el Polideportivo con Sergio Denis. Fotos gentileza Rubén Tucat

Un picadito con Sergio

El relato de Oscar continuó y por un momento hizo un viaje imaginario al barrio de Villa Iris, testigo de sus años de niñez y adolescencia.

“Yo vivía en el Barrio Obrero. Cerca estaba el Restaurante de Oscar Carreto. Sergio, su hermano Carlos Hoffmann, y todo su equipo de músicos y colaboradores almorzaban allí.

Con mis amigos, pasábamos por el lugar, íbamos a jugar a la pelota, el tradicional picadito de los sábados a la tarde. Donde hoy está el Polideportivo, en el ingreso al pueblo, habíamos improvisado una canchita. Era nuestro potrero, ni arcos había, los improvisábamos con piedras o con algún pullover o buzo.

De pronto, se abrió la puerta del restaurante, y se asomó Sergio Denis para preguntarnos si íbamos a jugar al fútbol. “¿No nos dejan jugar con ustedes?”, fue la pregunta.

Por supuesto aceptamos y se armó un picado.

Enseguida corrió la noticia y vino más gente. Recuerdo a Nora Giménez, una conocida de Villa Iris que ahora vive en Jacinto Aráuz, fue a sacarnos fotos”, evocó Oscar.

La propia Nora nos comentó “Yo, en un momento, mientras Sergio jugaba, sostuve su pullover, que era de muchos colores. Luego se lo devolví… lástima hubiese sido un lindo recuerdo. Me firmó un autógrafo en un papelito que lamentablemente ya no tengo, pero sí guardo las fotos. Era una persona muy amable y humilde. En ese partido improvisado, con Mabel, Marisa y otras amigas hacíamos de hinchada. Ese día nos regaló el mejor recuerdo”.

El picadito se interrumpió un momento para que Sergio pose para las cámaras. Se brindó a su público, venían las mamás con sus hijos y firmó varios autógrafos.

“Demostró un muy buen dominio del balón. Emilio Prost, un muchacho de Villa iris compañero de Sergio, cuando hizo el Servicio Militar en Bahía Blanca en 1970, recuerda al que todos conocían como “El negro Denis”, o simplemente “El alemán”, como el goleador consagrado de uno de los equipos del Batallón de Comunicaciones 181. Por su gran aprecio hacia el artista, Emilio decidió bautizar a uno de sus hijos con el nombre de Sergio”, detalló.

Sin un peso para la entrada

A Oscar le era complicado asistir al recital. No tenía dinero para pagar la entrada, porque para él implicaba una suma elevada

“Por suerte, me hice amigo de los muchachos encargados de acomodar los instrumentos y los equipos, conocidos en la ambiente de la música como “plomos”.

Me prometieron la posibilidad de convencer al hermano de Sergio para entrar gratis, siempre y cuando los ayudara. En un ratito dejamos todo listo en el escenario”, recordó.

Ante cada una de nuestras preguntas, por la mente de Oscar pasan innumerables imágenes que él no duda en comparar con una película.

“En un momento, apareció Sergio para probar sonido. Me saludó y enseguida se acordó de que, un rato antes, habíamos estado jugando al fútbol. 

Recuerdo que el sonidista le dijo “fijate negro si te gusta el sonido”.  Entonces, se paró en la mitad del salón y, simplemente, contestó: “está bien”. Tenía un oído musical estupendo. Inmediatamente, subió al escenario, agarró la guitarra y cantó un pedacito de “Gigante Chiquito”, canción que grabaría ese mismo año”.

“Pude disfrutar de un show espectacular. Por la cuarta o quinta canción, cantó a capela, en esos años tenía una voz impresionante.

Para nosotros, en el pueblo, no era usual ver un espectáculo de esa categoría. En un momento, recuerdo que durante el recital, relató: “nosotros hacemos gran cantidad de giras en el interior del país, y muchas veces nos enamoramos de la música de esos lugares. Les voy a cantar una de las canciones más bonitas que escuché en el Litoral”, e interpretó Pueblero de Allá Ité.  

Cuando finalizaba su presentación –continúa Oscar– invitó a dos chicos de nuestro pueblo a subir al escenario. El varón era Martín “Tato” Maina (hoy es músico), para cantar el tema de Litto Nebbia “Viento dile a la lluvia”. Fue muy emotivo.

Tampoco faltó “Un hombre, un niño”, una canción que compuso junto a Héctor Decombe.

“Y cantó “Vuelve a casa hermano” acompañado por un charango con aire de carnavalito, una excelente versión. Todas sus canciones son hermosas”, admitió Oscar.

Un numeroso público siguió su recital en el Salón de la Juventud Agraria

Una dolorosa e injusta pérdida

Oscar le pone un velo de tristeza a su relato, cuando conversamos sobre el reciente fallecimiento de Sergio Denis.

“Para mí es como si hubiese fallecido un amigo, un familiar, porque el “ruso” se hacía querer, igual pasó con Sandro. Se trata de personas con una proyección más allá de lo artístico. Son buena gente. Sergio demostró ser un tipazo. Me impresionó su forma de ser. Era un fuera de serie, muy humilde. Es una pena este final, y su paso previo por tantos momentos complicados. Igualmente, siempre disfrutaremos y recordaremos su alegría”, expresó. .

Una silla con historia

Una anécdota conocida en Villa Iris es la protagonizada por Jorge Moiola, hijo del doctor Bernardo Moiola, quien por entonces tenía su consultorio y ejercía como médico del pueblo.

En 1981 Jorge cursaba sus estudios de Ingeniería en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca. Un fin de semana, decidió hacer dedo para visitar a su familia y disfrutar de la tranquilidad pueblerina.

“Ese día, una persona me llevó a dedo y me pudo dejar a 50 km de Villa Iris, ya era de noche y había neblina. Caminé durante más de dos horas al costado de la ruta y cuando estaba a unos kilómetros de San Germán, de golpe, frena un auto y alguien desde adentro me pregunta: “¿Hasta dónde vas?”. Yo le respondí: “Si me acercás hasta Villa Iris te voy a agradecer”. 

“Cuando subo, veo que son cuatro personas, no se veía bien quiénes eran porque estaba oscuro. Carlos, el hermano de Sergio Denis, iba al volante y él en el lugar del acompañante. De costado, yo veía el flequillo y su perfil, pero no imaginaba que podía ser él. Atrás, conmigo, iban dos músicos,” recordó.

“Comenzó entonces una charla circunstancial, y en un momento, el dueño del volante me preguntó si a la zona venían grupos de música y qué cantantes me gustaban. Recuerdo que le respondí que antes, a nuestra región, traían grupos muy buenos, a artistas como Sergio Denis. Ahí todos se largaron a reír y me dijeron: el que va adelante, es Sergio Denis,” contó Jorge.

“Si bien en ese entonces, yo escuchaba preferentemente música en inglés, me gustaban las canciones de él,” agregó.

“Ya cuando estábamos cerca del acceso a Villa Iris, les pedí que me dejaran ahí  porque no quería molestarlos ya que esa noche, ellos se presentaban en una localidad de la zona. Si bien venían un poco ajustados con el horario, insistieron en llevarme hasta mi casa y así lo hicieron.

Puedo decir que pasé un momento incómodo porque no me había dado cuenta de quién era, pero el gesto fue maravilloso y nunca lo olvidaré,” destacó.

Tres años más tarde, Bernardo quiso devolverle la gentileza, invitándolo a su casa a tomar un café, especialmente preparado por su esposa Lidia.

Desde ese día, y hasta hoy, en la base de la silla donde Sergio Denis se había sentado,  aun se puede leer, escrito con tinta de bolígrafo, “3 de Agosto de 1985”, una fecha que resultó muy significativa para la familia.

Por Lorena Freidenberger y Fernando Sánchez

Agradecimientos

Esta nota fue posible gracias a la colaboración y buena predisposición de las siguientes personas:

-Oscar Araque: por los valiosos testimonios y por compartir sus recuerdos

-Familia Moiola, por los detalles de la anécdota

-Nora Cavallaro y Rubén Tucat por las gestiones y contactos

-Nora Giménez por las fotografías

-Mirella Gascón por los datos

-Graciela Freidenberger, por el dato inicial que despertó nuestra curiosidad e interés.

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