Una puanense en el frente de batalla contra el Covid-19

Romina González Martiquet es Licenciada en Kinesiología y Fisiatría. Trabaja en el Hospital San Martín de La Plata. “No tenemos miedo, tratamos de estar con la mente en calma para hacer las cosas bien, porque ante el mínimo error estás expuesto al contagio”, cuenta en diálogo con este diario digital.

Además, nos habló de su función dentro del área crítica, atendiendo a pacientes en terapia intensiva que presentan complicaciones respiratorias. “No somos superhéroes, es nuestra manera de contribuir,  ejerciendo  la vocación que elegimos”, señaló.

Responde a cada pregunta de manera simple. Muestra seguridad y a la vez es didáctica en cada explicación. Cuando hablamos con ella, sus conceptos podrían adjudicarse a una profesional con muchos años de experiencia y trayectoria en la medicina.

Esta joven puanense de 26 años es egresada del Instituto María Susana. Se graduada en 2016 en Bahía Blanca, luego de cursar en la sede de la Universidad Católica de La Plata. Hoy, con claras posibilidades de proyectarse hacia un prometedor futuro profesional, trabaja sin perder de vista su trayectoria académica, perfeccionándose y estudiando.

Como todos sus colegas, cumple con una de las labores actualmente consideradas entre las más riesgosas del mundo: ser un trabajador de la salud en medio de la pandemia de Covid-19.

“Agradecemos esos aplausos de las 21 horas, de verdad es emocionante. La primera vez que los escuché no pude evitar alguna que otra lágrima. Porque a todo esta situación tan complicada, se suma el hecho de estar lejos de la familia, los amigos y sin poder viajar”, reconoció Romina.

-¿Qué sensaciones experimentás cuando en los medios se dice que ustedes están en el frente de batalla?

Por un lado es cierto. Puede parecer un poco exagerado, porque se desconoce cuál es la función del Kinesiólogo en la Terapia Intensiva.

Es otra parte de la carrera donde nos toca, no solo manejar esos respiradores de los que tanto se habla, sino también las vías aéreas, la toma de muestras de secreciones de los pacientes. Atendemos a las personas para rehabilitarlos de la debilidad que adquieren después de una internación prolongada, así como también nos ocupamos de la aerosolización y humidificación. Tenemos una función que por ahí se desconoce por aquello de relacionarnos con el profesional encargado de rehabilitar rodillas, caderas u hombros”.  

Romina nos comenta que cada uno de sus turnos se extiende por 12 horas, dos veces por semana. Y enseguida aclara: “esto recién empieza y posiblemente tenga por delante más cantidad de días de trabajo”.

Al referirse a la situación de la pandemia prefiere ser cauta y explicar que la situación está en una fase de inicio.

“Se habla de un pico a fines de Junio, ya empezamos a vivir ese inicio del pico esta semana y la que viene. Desde la Dirección del Hospital nos han alertado, dado que, probablemente, el pico de casos vaya llegando en los próximos días”, adelantó.

Hospital General San Martín en La Plata

-¿Cómo fue tu llegada a La Plata?

Estoy desde Junio de 2018, cuando ingresé al Sistema de Residencias de la Provincia de Buenos Aires tras rendir un examen. Un tiempo antes, estuve trabajando en Puan.

-¿Qué características tiene el Hospital San Martín donde trabajás?

Es un Hospital Interzonal General de Agudos, como el Penna de Bahía Blanca. Hacia acá derivan pacientes de alta complejidad, provenientes de la Provincia  y del resto del país. Aunque funciona el sector de Neonatología, predominan los pacientes adultos. El sector de Terapia Intensiva está equipado con 20 camas. Hay una Sala de Emergentología y a su vez atención por Consultorio Externo. En el Hospital  trabajamos unos 2500 profesionales de la salud”.

El San Martín está catalogado como un Hospital Escuela y tiene estrecha relación con la Universidad Nacional de La Plata, por eso este efector hace las veces de centro de cursada para los estudiantes. Con los años, ha ganado prestigio en materia de investigación clínica. Más allá de lo asistencial, el nosocomio platense le suma a todo profesional de la salud la posibilidad de capacitarse, con el agregado de una actualización permanente desde el área científica.

-¿Entre tus proyectos está el de quedarte en La Plata, o pensás volver a ejercer en Puan?

Elegí el Sistema de Residencias  por ser una especie de Posgrado. El residente recibe  formación continua, estamos constantemente supervisados. Más allá de ejercer, como cualquier profesional, asistiendo a los pacientes, accedemos también a la parte académica, hacemos trabajos de investigación, preparamos clases, presentamos casos clínicos y organizamos ateneos.

Son tres años con posibilidad de jefatura después. A medida que pasamos de año, se incrementan los contenidos y las complejidades que se presentan dentro del hospital.

-Nos toca vivir una época especial… ¿Cómo estás transitando este tiempo de pandemia?

Nuestra atención siempre estuvo puesta en cuál sería la capacidad de respuesta del sistema de salud argentino.

Mirábamos y nos asombrábamos con lo sucedido en el exterior. Nuestra atención estaba puesta en España e Italia, luego en Estados Unidos. Nos sorprendía el desborde de los sistemas de salud en lugares donde se supone que la tecnología y los recursos debían dar respuestas apropiadas.

Comenzamos capacitándonos, despejando incertidumbres y dudas, leímos bibliografía nueva, hicimos simulacros, nos planteamos escenarios posibles de atención a pacientes con coronavirus.

Todos los días teníamos un artículo científico diferente, muchas actualizaciones. Como referencia o eje, disponemos de profesionales y especialistas para escuchar y saber qué opinan. Algunos de esos referentes ya han pasado por situaciones como esta.

De un modo u otro, nos manejábamos con el diario del lunes porque sabíamos qué había pasado en otros países, y lo que podría llegar a pasar nosotros.

El 90% de la Residencia está basada en formarnos en lo referido a Kinesiología Respiratoria y a la función del Kinesiólogo en la terapia intensiva.

La pandemia alteró la rutina hospitalaria del San Martín de tal manera que los servicios debieron ser reorganizados.  El plantel de entre 20 y 25 kinesiólogos, contando a los residentes y a los de planta, se reestructuró sobre todo en lo referido a las asistencias ambulatorias y a las practicadas a pacientes internados.

-¿Funcionó todo el tiempo el servicio de kinesiología o hubo algún parate?

Cancelamos la atención en el consultorio externo. Se trata de los pacientes con rehabilitación traumatológica, sobre todo los post quirúrgicos. El Hospital tiene un buen servicio de Traumatología, se practican cirugías de cadera, rodilla, hombros, todas patologías que en su mayoría concurren luego para su rehabilitación.

El consultorio por ahora permanece cerrado, y nosotros continuamos con  la atención en el área crítica.

-¿Cómo se vio modificada tu rutina?

De asistir con el ambo puesto, pasamos a cambiarnos en el Hospital. Profundizamos las medidas de higiene y desinfección, comenzamos a usar barbijo, camisolines y antiparras.

Fuimos evolucionando hacia algo distinto, por suerte somos un grupo muy unido y el apoyo entre los compañeros sigue siendo un pilar fundamental para atravesar esta situación, con menos temores. Los miedos están ahí y no solamente ante la posibilidad de contagio, sino que le temés a la incertidumbre, a la sobrecarga física y mental que te puede exigir.

Los integrantes del equipo de Romina hacen guardias de 12 horas, de domingo a domingo. A ella le toca entre las 8 y las 20 horas. La ampliación de las guardias es un hecho es inédito en los 27 años de historia de la Residencia. Trabajan en grupos, con precauciones y medidas como las de espaciar el contacto y el acercamiento entre cada uno.

-¿Hay alguna previsión de lo que pueda suceder superado el pico de casos?

Es tanta la incertidumbre, que no sé si habrá algún profesional en condiciones de asegurar algo. Debemos controlar la situación para evitar el desborde el sistema sanitario. Necesitamos que las camas y los respiradores, junto a los protocolos para proteger a los profesionales de la salud, se gestionen de manera integral y adecuada.

Estamos recibiendo respiradores y otros elementos de parte de la Provincia, pero no es solo eso, sino también evitar que el personal del hospital los profesionales de la salud terminen siendo aislados por haber mantenido contacto estrecho con algún infectado.  Eso nos perjudicaría mucho.

Tuvimos el caso de una paciente fallecida por Covid-19. Mis compañeros estuvieron aislados. Fue un caso extraordinario, pero de un momento a otro nos encontramos, de un momento al otro, con 110 profesionales aislados. Se hizo necesario reformar todo. Los que estábamos del otro lado del Hospital, por suerte, no quedamos aislados. Luego, tuvimos que reforzar las guardias. Si semejante revuelo ocurrió con un paciente, imaginate lo que pasaría con muchos más, sería catastrófico.

-Con todo esto que pasa, ¿Te da tiempo a tener miedo o la situación te lleva a actuar sin pensar demasiado?

Ante un paciente complejo, hay que actuar rápido, con la mente fría, haciendo las cosas con cautela. Siempre nos han inculcado esto de cuidarnos primero a nosotros, eso es lo más importante. La prioridad es nuestra salud porque tenemos un hogar al que volver, gente con la cual contactarnos y pacientes para asistir. La mente debe permanecer en calma, sin dejar nada librado al azar.

Desde que ingresa el paciente a la habitación, debes tener la seguridad  de haberte colocaco correctamente tu barbijo N95. Igual con las antiparras, la cofia y la máscara. Luego, vestirte acorde al protocolo determinado por el Ministerio de Salud. En ese proceso, no podés saltear ningún  paso, sabiendo que ante el mínimo error estás expuesto al contagio.

Priorizamos el hecho de no estar solos, siempre con un colega al lado que te pueda marcar errores o te indique ser más precavido.

Nos ha pasado eso de ponernos mal el camisolín o el barbijo, son cuestiones que en la vorágine por atender al paciente, pueden perderse de vista. Estamos acostumbrados a estar con pacientes críticos, pero los infectados por Covid-19 son particulares, por el alto poder de contagio de este virus.

-A vos hoy te toca estar en la línea de batalla… ¿Qué te pasa cuando salís a la calle o charlas con otras personas y notas ese ambiente social dividido entre los pro cuarentena y los anti cuarentena?

No he tenido la oportunidad de conversar con ningún anticuarentena. Me rodeo de gente que tiene conciencia acerca de lo que pasa, toma las medidas y la debida precaución.

En las noticias y las redes, vemos cuando algunos transgreden las medidas de cuarentena, circulando por la calle o asistiendo a una fiesta clandestina. Sabemos que no pasa solo Argentina.

Son muchos días de cuarentena y es esperable que en esa situación, por un lado, estemos los que tal vez aportamos un granito de arena para luchar contra el virus, y por otro, quienes les cuesta un poco más tomar conciencia de la realidad.

En lo personal, quizás si ahora estuviese en Puan atendiendo en un consultorio no me imaginaría en un escenario como este. Pero es lo que elegí. Es el área de la carrera que me gusta y me apasiona. No lo hago como una carga, ni porque me toca estar acá en este momento. Para mí es un aprendizaje, es un honor contribuir con el resto del equipo. Trabajamos constantemente con especialistas y médicos, estamos todos a favor de la misma causa.

-Estarás seguramente llevándole tranquilidad a tu familia en Puan, más teniendo en cuenta el bombardeo mediático al que estamos expuestos

Mi familia es el pilar de oro. Nos mantenemos constantemente comunicados mediante mensajes o videollamadas, estamos en constante comunicación y el apoyo de ellos es inigualable.

Por las redes sociales y los medios, se supo del fallecimiento de la paciente por coronavirus. Lo primero que hice –antes dudé si hacerlo o no—es llamar a Puan para contarles lo sucedido, les explique que yo no estaba aislada, les pedí que no se preocupen, porque con mis compañeros estábamos bien. Y les adelanté que el hecho se vería en todos los noticieros-

Es llevar un poco de calma, porque el amarillismo y el sensacionalismo de los medios de comunicación masiva, lleva a que los familiares en la distancia, obviamente, se preocupen. Cuando empezó todo esto, me pedían: “Volvete a Puan”. “Vení”. Pero después supieron entender que es mi vocación. Me gusta estar acá y aportar algo de mí.   

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