118 años de la Colonia Santa Rosa: Plantaron un almendro

Este domingo, la Colonia Santa Rosa celebra un nuevo aniversario y en homenaje a aquellos abuelos alemanes del Volga, sus descendientes ayer plantaron un almendro. Árbol de hermosas flores que da título a uno de los libros del escritor Horacio Walter, nieto de quien fue el constructor de la escuela de la colonia en el año 1949.

En varias oportunidades me pidieron que hablara del almendro. En otras, me preguntaban por el sentido de plantar el almendro. Y el sentido es este: el de la esperanza de un pueblo, de su gente. Mientras el almendro -esperanza siga verde es que las cosas irán bien. Alguien  ha tomado la idea de plantar un almendro en Escobar, un amigo en su “colonia-casa jardínde La Plata, otro amigo en el cementerio de una aldea entrerriana,” cuenta el escritor.

A continuación, compartimos el mensaje que dejó Walter para este nuevo aniversario:

El Almendro

Cuando inicié la escritura de “Los Senderos del Wolga” tuve la intención de generar un hecho, un recuerdo, un “leitmotiv” como se dice en el cine, para que por su  repetición  – como un hilo conductor – fuera marcando la importancia del desarrollo de esta historia. Esa ida se plasmó en el libro con la incorporación de “El almendro”.

“A Katherina se le hizo un nudo en el corazón, en esa  tarde, cuando escuchó de su marido la noticia de que se iniciaría el viaje. También Magdalena  escuchó lo mismo y le pidió a Kaspar que la acompañara hasta el viejo almendro, ya que deseaba quedarse unos momentos a solas. Kaspar, con ternura y cuidado, la acompañó y la recostó contra su tronco casi seco y lleno de pequeños musgos. En ese momento Magdalena irrumpió en  llanto. Viendo a su madre  desahogarse de sus viejas penas y de la violencia interna del desprendimiento, preocupado le preguntó que le sucedía.

– ¡Hijo! Corta una buena rama del almendro y la llevaremos con nosotros. Si crece en la nueva tierra donde has puesto tu esperanza, significa que todo irá bien – mientras lloraba como lo hacía ante todo acontecimiento importante – hoy quiero que lleves con nosotros un recuerdo de nuestra vida en la aldea.

Kaspar cortó una  rama. Con sus hojas y  un poco de tierra la preparó para el arraigo de sus raíces y armando un pequeño paquete, lo humedeció y lo llevó hacia el carretón. Lo acomodó en un rincón para que no se estropeara. Pensaba en el almendro y lo asociaba a la esperanza. Pensaba en la nueva tierra y no dejaba de recordar las lágrimas de su madre, iguales a las lágrimas de su abuela, a la que, también, debajo del almendro, la había visto llorar expresando su profundo dolor” (Los Senderos del Wolga, de Horacio Agustín Walter, 3º ed. El Escriba, 2017, Bs.As.).

Magdalena, la madre Kaspar  muere durante el viaje a Rusia, en el Mar Báltico y es sepultada en el mar. Cuando Kaspar se instala en la aldea que comienzan a construir y que se llamará Rothammel, planta su almendro. La cuida de las primeras nevadas, crece, aumenta su  follaje y despliega flores a lo largo de la historia de la familia Haas que no es otra que la de la migración de los Alemanes del Volga. Y cuando los hijos se van de su casa, se llevan un gajo o una rama para plantar el almendro en otra aldea, en otro lugar. Y así, se repite con cada uno de los miembros de la familia.

Kaspar Haas es el iniciador de la migración hacia Rusia, en mi novela.  Gaspar Haas, un estudiante actual revisa su historia y comienza a preparar su árbol genealógico en la búsqueda de sus raíces, descubriendo de este modo la existencia del almendro. Al final del libro, en una fiesta familiar, parientes y amigos, recibirán una pequeña  maceta  con un plantín de almendro para ser llevado a sus casas.

Mi otra novela “Las Flores del Almendro” quiere mostrar el simbolismo de esta planta que conocimos en la novela anterior. Su belleza, sus brotes y la vigencia de  aquella profética frase de Magdalena: “Si crece en la nueva tierra donde has puesto tu esperanza, significa que todo irá bien”.

Gaspar Haas redescubrirá  la historia de los Alemanes del Volga, en Argentina y también investigará lo sucedido en Rusia. Y el simbolismo de la esperanza siempre presente. Sólo que en sus recorridos por las aldeas de Rusia se encontrará con el almendro seco de sus antepasados en la Aldea Rothammel, o en otros lados,  sus plantas marchitas.

Su alegría mayor la tendrá cuando regresa a su país y en casa de un amigo volguense, que años atrás había recibido el souvenir del almendro, ahora tenía una planta hermosa y florecida. “Al abrir la puerta se sorprendió. En un macetón bastante grande lucía un árbol de más de dos metros de altura con una copa frondosa y una creciente floración El sol de la media mañana lo iluminaba en un escenario de magia y fascinación sobre la gran cantidad de flores blancas que el árbol exhibía. Un suave perfume completaba el pequeño paisaje del jardín de Luciano.

– ¿Te acordás? Es el almendro. Han pasado seis años de aquel pequeño souvenir  que nos regalaron en Colonia Hinojo. Ahora, casi a fines del invierno, está lleno de flores” (Las Flores del Almendro, Horacio Agustín Walter, 2º edición, 2016, El Escriba, Bs.As).

En varias oportunidades me pidieron que hablara del almendro. En otras, me preguntaban por el sentido de plantar el almendro. Y el sentido es este: el de la esperanza de un pueblo, de su gente. Mientras el almendro-esperanza siga verde es que las cosas irán bien. Alguien  ha tomado la idea de plantar un almendro en Escobar, un amigo en su “colonia-casa jardín” de La Plata, otro amigo en el cementerio de una aldea entrerriana.

 ¿Qué tal, si generamos la costumbre de que en cada acto que hagamos en público los alemanes del Volga, plantemos un almendro? De este modo, seremos protagonistas de una nueva tradición: la de disfrutar el colorido de sus flores entre fin de agosto y comienzo de septiembre, cuando termina el invierno y nace la primavera. De sentir el perfume de sus flores blancas y hermosas, de deleitarse con el follaje intenso de muchas tonalidades de verde.

Y cumplir ese sueño de Magdalena: Si crece en la nueva tierra donde has puesto tu esperanza, significa que todo irá bien”.

Tomado de “Una vieja valija de cartón” próximo a editarse.

Horacio Agustín Walter

horacioawalter@hotmail.com

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