Recuerdos de Doña Sinforosa: “La Chinfa”

(Por Jorgelina Walter) Días pasados recordábamos a don Juan Cañonau, una de las últimas personas de sangre originaria que vivió en el Distrito de Puan y, que con 112 años dejaba de existir.

Desde el Museo Municipal,  queremos traer a la memoria a otra persona que supo ganarse el cariño de la comunidad de Puan. Seguramente muchos las recordarán como una mujer delgada, relativamente alta, que siempre vestía ropa oscura y que  cubría su cabeza con un pañuelo negro que anudaba por debajo de su barbilla.

Había nacido en Santiago del Estero en 1853, hija de un español y de una mujer de la región. En años jóvenes había llegado hasta Azul donde se asentó con su familia y tuvo la oportunidad de conocer “ Al Cipriano”, indio que describía como guapo y de hermosa estampa que comandaba a los “ catrileros”

Su nombre… Sinforosa Leguizamón.

Gracias a María Cristina Bartolomé pudimos dar con un escrito de su nieto, Roberto Cabrera, quien quiso dejar plasmado en papel las memorias de su abuela. En el relato menciona que doña Sinforosa convivió con un italiano llamado Pablo Arnaldi a quien conoció en su estadía en Azul. Había venido de Italia contratado por el Gobierno para cubrir los servicios de ranchos, comidas, pero no para pelear contra los aborígenes. Cada vez que el ejército lograba tomar tierras, ellos debían trasladarse y construir un nuevo rancho  más cerca de la “ frontera”. Así es que llegan a Puan, donde ya estaban las tropas de Maldonado y es en la zona del “ cerrito”,  cerca de la laguna donde debieron establecerse, según las órdenes del ejército. Luego la Municipalidad les construye una casa en un terreno ubicado entre las calles Garibaldi y Santamarina, donde actualmente vive otro de sus nietos, el señor Manuel Pujol.

Por su parte,  Rubén Detina de 79 años,  nos transmitió a través de su sobrino Guillermo Prunell que, “La Chinfa” -como también se la conocía a doña Sinforosa-  le entregaba a su mamá, Zulema Vercellino, los ingresos que percibía para que ella se los administrase ya que no sabía leer ni escribir.

Del relato de su nieto Roberto,  extraemos que tenía muy buen carácter y cada vez que los nietos se lo pedían les mostraba danzas como El Pericón, El Cielito, La Huella o La Firmeza, etc. Con gracia y soltura,  doña Sinforosa revoleaba su pañuelo y daba giros.

Otra vecina, Nora Maldonado de 84 años,  nos comentó que su abuelo Pascual Bottino la contrataba para cosechar maíz y mientras lo hacía se la escuchaba decir “ Busca a Dios”. Sinforosa era Evangelista.

Para finalizar compartimos el obituario publicado en el periódico El Puanense, de agosto de 1960

La Autora de este artículo se desempeña como Directora del Museo Municipal Ignacio Balvidares

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