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Curiosidades de El Puanense: ¡Vender el voto es una infamia!

El 7 de abril de 1912 se realizaron las primeras elecciones democráticas de la historia argentina. Se trató de una elección legislativa en la que se aplicó por primera vez la flamante Ley Sáenz Peña, que garantizaba el voto universal, secreto y obligatorio.

El periódico El Puanense publicado en esa misma fecha, pregonaba el voto por el Partido Unión Nacional como opción al sector conservador gobernante, pidiendo a la población que participe de las elecciones legislativas nacionales, ya que les daría la posibilidad de votar de manera secreta.  Y en concordancia con su editorial, publicaba artículos de la histórica Ley Sáenz Peña.

En el pie de tapa, con letras mayúsculas aparecía la siguiente frase: ¡Vender el voto es una infamia! Y agregaba: La ley castiga con cuatro meses de prisión al que venda el voto y con 6 meses al que lo compre. Es prohibida y severamente castigada, la portación de armas.  

En la editorial que ocupaba gran parte de la portada, El Puanense señalaba el fraude ocurrido en las elecciones municipales celebradas una semana atrás, el 31 de marzo, haciendo hincapié en el abultado número de votantes del oficialismo.

Las elecciones del 31: ¡1017 votos!

“Nuestros sentimientos patrióticos se revelan indignados al contemplar el contraste que ofrece el pueblo de Puan en el actual momento político del país, comparada el triunfo solemne de la Verdad en la altiva provincia de Santa Fé con la farsa vergonzosa, con el ultraje á nuestra nacionalidad que nos infieren mandatarios que son también argentinos pero que han depuesto su patriotismo en aras de ambiciones bastardas y de logrerías inconfesables.

El escarnio á nuestros derechos políticos se ha consumado una vez más, en forma brutal, impúdica, sin un átomo de decoro; la pluma se resiste a describir sin menoscabo para la cultura, el asalto villano llevado á cabo por el Partido Conservador contra la dignidad ciudadana del vecindario de Puan.

No es la primera vez que contemplamos este cuadro de mistificación y fraude, pero creíamos que el jefe de la situación, inspirado en las manifestaciones públicas del gobernador de la Provincia, sinceras o no, encaminara su actuación hacia un derrotero de más habilidad política, cubriendo las lacras de la matufia con el antifaz de la apariencia que armoniza con los principios sustentados por el partido oficialista.

El resultado de esa actuación hubiera proporcionado igual beneficio intrínseco al Diputado Maldonado, puesto que alejada la oposición voluntariamente de los titulados comicios para no purificar con su presencia el ambiente malsano que allí se respiraba, lo mismo iba a resultar consagrada su candidatura con 1017, que con 125 votos que en realidad sumaban sus partidarios de ocasión”.

En otro tramo de la editorial, la editorial agregaba: “ Y bien, votar en contra de la lista oficialista, (la del partido Conservador) es contribuir á que estas situaciones no se consoliden más, puesto que sí triunfan esos hombres, no harían sino apañar sus abusos y fraudes, como una – recompensa hacia estos oficialismos que los ayudaron á subir.

Nuestra inactividad é indiferencia, – ha hecho posible que se sostenga ante el gobierno, que el caudillo reine e soberano en este pueblo y que este pueblo lo ama y lo quiere. Nunca mejor oportunidad que los próximos – comicios, para que sin violencias y secretamente puedan todos depositar su voto por la lista de la Unión Nacional, puesto que en la localidad es  el único partido en lucha contra la situación dominante. Con la ley del voto obligatorio y secreto se busca la concurrencia á las urnas de todos los electores y á su vez substraerlos a las represalias – de estos oficialismos despóticos.

Los que por falta de carácter ú a otras circunstancias están en las redes del oficialismo, sirviéndole de pantalla y que en realidad son verdugos de su propia conciencia y de los intereses de la patria tienen el deber de redimirse de su servilismo forzado o inadvertido, votando libremente de acuerdo con sus convicciones.

Los hombres que tienen sus credos políticos y que sin embargo no actúan, deben también meditar su responsabilidad como ciudadanos conscientes. Antes que los partidos están la patria y la dignidad humana”.

La Unión Nacional

El partido al que hace mención El Puanense, fue una coalición electoral fundada el 3 de octubre de 1909 que impulsó la candidatura de Roque Sáenz Peña, del Partido Autonomista Nacional, en las elecciones presidenciales de Argentina de 1910, las últimas elecciones en las que se utilizó el sistema de voto cantado. Estaba conformada por los partidos Autonomista Nacional, Unión Cívica Radical y Autonomista Nacional (Modernista)

El Puanense, 7 de abril de 1912

Haciendo un repaso por nuestra historia

Entre 1880 y 1916, en la Argentina, el gobierno estuvo controlado por una elite, cuyos miembros estaban estrechamente vinculados entre sí, por relaciones familiares y económicas. Se aseguraban el control del poder político mediante la organización de elecciones nacionales y provinciales en las que se practicaban el fraude y la coacción sobre los votantes.

Algunas fuerzas políticas, como el radicalismo y el socialismo, cuestionaron estas prácticas y exigieron una reforma electoral que permitiese comicios libres y legítimos. Durante la presidencia de Roque Sáenz Peña, en 1912, se sancionó la ley que estableció el sufragio secreto y obligatorio para todos los varones mayores de edad –conocida como la “Ley Sáenz Peña” –.

¿Cómo se votaba antes de la Ley Sáenz Peña?

1821. Se sancionó la primera ley electoral argentina en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Martín Rodríguez, por el impulso de su ministro de gobierno, Bernardino Rivadavia. Esta ley establecía el sufragio universal masculino y voluntario para todos los hombres libres de la provincia y limitaba exclusivamente la posibilidad de ser electo para cualquier cargo a quienes fueran propietarios. A pesar de su amplitud, esta ley tuvo en la práctica un alcance limitado, porque la mayoría de la población de la campaña ni siquiera se enteraba de que se desarrollaban comicios. Así, en las primeras elecciones efectuadas con esta ley, sobre una población de 60.000 personas apenas trescientas emitieron su voto.

1853. La constitución de ese año dejó un importante vacío jurídico en lo referente al sistema electoral, que fue parcialmente cubierto por la ley 140 de 1857. El voto era masculino y cantado, y el país se dividía en 15 distritos electorales en los que cada votante lo hacía por una lista completa, es decir que contenía los candidatos para todos los cargos. La lista más votada obtenía todas las bancas o puestos ejecutivos en disputa y la oposición se quedaba prácticamente sin representación política.

La emisión del voto de viva voz podía provocarle graves inconvenientes al votante: desde la pérdida de su empleo hasta la propia vida, si su voto no coincidía con el del caudillo que dominaba su circuito electoral.

Los días de elecciones los gobernantes de turno hacían valer las libretas de los muertos, compraban votos, quemaban urnas y falsificaban padrones. Así demostraba la clase dominante su desprecio por la democracia real y su concepción de que ellos eran los únicos con derecho a gobernar un país al que consideraban una propiedad privada, una extensión de sus estancias.

Cambio de época

Con el surgimiento de nuevos partidos, como la Unión Cívica Radical (1821) y el Partido Socialista (1896), atraían en nuestro país a los sectores sociales que no estaban representados en las instituciones políticas del Estado, controladas por la clase gobernante conservadora y liberal.

Un sector del grupo gobernante comenzó a considerar que la prosperidad alcanzada podía peligrar de no atenderse los reclamos de la oposición. Se mostraban dispuestos a considerar la introducción de reformas graduales en el sistema electoral con el fin de evitar conflictos sociales.

El primer paso en ese sentido se da con la reforma “uninominal” en el sistema de elección de diputados. Cada ciudadano votaba por un solo candidato y no por una lista. El ministro Joaquín V. González había propuesto el voto secreto, pero el senador por la Capital Federal, Carlos Pellegrini, se opuso en el Congreso Nacional, afirmando que el voto secreto era para los hombres conscientes, no para las masas que votaban según simpatías y no según ideas.

1905. El nuevo sistema duró poco. Con el presidente Manuel Quintana, se volvió a la lista completa, en la que cada elector, en su circunscripción, votaba por todos los candidatos de su distrito. Dos meses después de esto se suprimió el voto de viva voz, que no fue secreto, pero sí escrito. El elector debía entregar a la mesa electoral, en un papel escrito y doblado, los nombres de la totalidad de los candidatos por los que votaba. Obviamente esto limitaba el voto a los alfabetos, una franca minoría por aquel entonces.

“Quiera el pueblo votar”

Con esta frase presidente Roque Sáenz Peña sintetizó el espíritu de la reforma electoral que él mismo impulsó y se sancionó durante su gobierno.

El 10 de febrero de 1912 el Congreso sancionó la ley 8871, más conocida como Ley Sáenz Peña, que logró instaurar la transparencia en los sufragios y la representación de las minorías a través del sistema de lista incompleta.

Ejerció la presidencia entre 1910 y 1914, fecha en que falleció cuando aún restaban poco más de dos años de mandato

“Yo aspiro, señores senadores y señores diputados a que las minorías estén representadas y ampliamente garantizadas en la integridad de sus derechos. Es indudable que las mayorías deben gobernar, pero no es menos exacto que las minorías deben ser escuchadas, colaborando con su pensamiento y con su acción en la evolución ascendente del país”, había afirmado Sáenz Peña dos años antes al asumir la Presidencia de la Nación.

Fue un gran avance, pero aún quedaban sectores excluidos

La ley excluyó del derecho de ciudadanía a las mujeres, a los varones extranjeros no nacionalizados, y a los argentinos nativos o naturalizados que habitaban en los Territorios Nacionales. También dejó afuera a los religiosos, los soldados, los detenidos por juez competente y los llamados incapaces de ejercer sus derechos -dementes, sordomudos incapaces de escribir.

Igualmente, la ley colocó a Argentina dentro del reducido grupo de países que, en el mundo de entonces, permitían el ejercicio libre del derecho de ciudadanía, a una apertura democratizante.

  • Fuentes: Roque Sáenz Peña: “Quiera el pueblo votar” de El historiador, Felipe Pigna / Hace 90 años el “pueblo quería votar”, artículo de La Nación (2002)

Diario de Puan

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