PUAN

CSyOP Olivares tuvo una cosecha récord

La finca de 21 hectáreas, llegó a producir este año hasta 10.000 litros de aceite de oliva. El producto multipremiado en el concurso internacional “Olivinus”, incrementa su posicionamiento en el mercado.

El Ingeniero Marcelo Honoré, presidente de la CSyOP, habló sobre logros y desafíos de un emprendimiento con 15 años de trayectoria.

-¿Qué balance realizan de esta nueva cosecha de aceitunas?

Este año tuvimos la suerte de tener una cosecha importante y una de las de mayor volumen, desde que comenzamos en 2007 con la primera plantación.

Producimos unos 10.000 litros de aceite, que respecto a las dos o tres últimas cosechas, implica prácticamente el doble, como para tener una idea de volumen. Eso se debió al trabajo que realiza nuestra gente y a las buenas condiciones climáticas.

La calidad del aceite “Epu antu” es muy buena como siempre, y todos los años participamos en concursos nacionales e internacionales. Por ejemplo, el año pasado, fuimos nuevamente premiados por el concurso Olivinus en Mendoza, con el galardón “Gran Prestigio Oro” y una puntuación de 93 sobre 100. Esto significa que mantenemos la calidad como el primer día. Siempre buscamos ofrecer un producto premium.

La cosecha este año se demoró bastante, algo que viene sucediendo en los últimos años y se hizo más notorio esta temporada. Nos afecta la falta de personal temporario para levantar la cosecha. Más allá de haber realizado dos llamados de búsqueda de mano de obra, no fue suficiente. Nosotros precisábamos más gente y hubo que manejarse con las pocas personas que se acercaron. Esto dejó un remanente de alrededor de 40.000 kilos de aceitunas sin juntar, porque los días pasan y, al no haber la cantidad necesaria de cosecheros, el fruto se malogra. Veremos cómo afrontamos este tema en los próximos años.

-¿Y esas 40 toneladas no pueden destinarse a otro fin?

-No, porque, al caerse y quedar en el suelo, con el paso del tiempo, la aceituna queda como una pasa de uva. Pierde su contenido de agua y se achicharra, convirtiéndose en un carozo recubierto de piel. No se le puede dar un uso.

-¿La cosecha exige un procedimiento minucioso?

-Es 100 por ciento manual. Se peina cada planta con un pequeño rastrillo de plástico, de unos 20 cm de ancho. Se debe hacer sobre plantas que alcanzan 3 o 4 metros de altura, y eso lleva bastante tiempo. Cuando uno tiene un año de muy buena producción, insume mucho trabajo y tiempo. Es muy distinto extraer 10 o 15 kilos que extraer 60 kilos. Necesitás más personal en los meses de la cosecha, durante abril y mayo. Después de ese tiempo, la aceituna se pasa y pierde calidad el aceite.

-Son emprendimientos que de alguna manera le abren la puerta a personas que necesitan un recurso económico.

-Sí, pero las personas que reciben algún tipo de asistencia social y vienen a realizar la cosecha a la CSyOP Olivares, se encuentran con un trabajo registrado y en blanco. Entonces, por ese motivo, manifiestan su temor de perder la asignación o plan. Cuando el beneficiario de una ayuda social, en registrado en la AFIP para hacer un trabajo, por una cuestión de la ART, automáticamente le dan de baja  a la asistencia. Por eso, el miedo a no poder recuperarla.

Estas cuestiones provocan una especie de cuello de botella…

La persona que cobra un plan social mensual de 20.000 pesos, cuando vienen a realizar la temporada de cosecha, en un mes por ejemplo, gana hasta 40.000 pesos, obteniendo el doble de ingresos. Pero si después no le vuelven a dar el alta en el plan, se queda sin ingresos.

Es un cuello de botella que nos lleva a estar cada vez más complicados  porque el año pasado ya algo se vio de esta situación y en el 2022, fue más notorio.

-¿La demanda del producto se mantiene dentro del mercado?

-Sí, por lo menos en lo que respecta al año pasado. La producción se vende totalmente antes de comenzar la nueva cosecha. Estamos hablando de un producto que no es de primera necesidad y en esta evolución tenemos en la economía, habría que ver qué pasa a futuro. De todas formas, estamos viendo algo ya previsto, con 15 años de presencia en las góndolas de Puan y la zona, la gente comienza a acostumbrarse, dejando de ser un consumo algo suntuoso para ser algo normal en la lista de compras.

Más allá de la cuestión económica, tenemos fieles consumidores. Siempre estamos sujetos a la competencia porque hay muchas marcas. Uno, cuando entiende el tema y ve determinados productos, en cuanto a calidad, sabe que están mucho más abajo en el ranking nacional que el aceite de la cooperativa. El consumidor está aprendiendo de gustos, catación, calidades y reconocimiento de marcas.

-Estamos en una situación económica muy complicada, pero más allá de eso, ¿Qué proyectos planifican desarrollar?

Como siempre, la Cooperativa no se detiene y lo demostró con sus más de 70 años de historia. En cuanto a la producción de aceite, queremos ampliar la sección de almacenamiento porque necesitamos más tanques presurizados de acero inoxidable con atmósfera controlada. 

También programamos realizar una poda correctiva en las plantaciones de olivares. Siempre se monitorea el tema de las plagas, tratando de manejar todo ecológicamente. Hay loros y cotorras, sabemos que abundan en el pueblo y les encantan las aceitunas. Desde el verano y hasta julio, están permanentemente comiendo los frutos.

-¿Se puede controlar de alguna manera?

Primero habría que ver a dónde están anidados porque generalmente lo hacen en cuevas. En la zona de CORFO tuvieron bastantes problemas y lograron espantarlos con ruidos emitidos por unos cañones. Esa explosión los aleja, pero los loros son bastante inteligentes y se acostumbran al ruido.

Diario de Puan

Periodismo y Comunicación

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