“Esto es un aprendizaje para todos”

Así resumieron desde el Taller Protegido, la experiencia de fabricar quesos. Con la mirada puesta en la producción y en mejorar los resultados, el equipo de trabajo no olvida su misión y esencia como ONG, dedicada a, en un ambiente familiar, capacitar personas para su inserción en el mercado laboral.

PUAN 07/02/2024 . Hora: 20:34 . Lecturas: 464
“Esto es un aprendizaje para todos”
“Esto es un aprendizaje para todos”

La puesta en marcha de las nuevas instalaciones de la fábrica de quesos, ha despertado las expectativas de toda la comunidad del Taller Protegido “Crecer”. La inauguración fue el 11 de noviembre pasado. Hoy, a casi 3 meses de la presentación del flamante espacio productivo, dialogamos con la Supervisoras Mara Ferraris, Yanina Martínez y Jimena Otero, ésta última recientemente incorporada al equipo de trabajo del Taller.

Mientras probamos diferentes sabores de queso, las anfitrionas nos cuentan que actualmente la institución dispone de 23 operarios, el grupo de trabajo más numeroso –dicen-- con los que ha contado el taller desde sus inicios.   

“El balance es muy positivo, los quesos van adquiriendo la calidad y las características que buscamos. Esto es un aprendizaje para todos, comercialmente han tenido una gran aceptación”, resumió Mara.

Yanina explicó que la variedad fabricada es una sola. Se trata de un queso semiduro, el comúnmente utilizado en las picadas.

“Los sabores son orégano, provenzal, pimienta y pimentón ahumado. Vamos experimentando hasta encontrar nuevas opciones del gusto de la gente, hasta ahora el de pimienta ha sido el más pedido”, indicó.

Mara nos aclara que la comercialización se realiza en el sector ventas del mismo Taller.

“Nuestro espíritu es consolidarnos como un lugar de encuentro, formación y capacitación para insertar a los trabajadores en el ámbito laboral. Es un paso previo. No queremos transformarnos en una empresa con estándares de producción, por eso la diversidad de nuestra oferta. Tenemos quesos, hierbas secas para infusión, dulces, la parte textil, huerta, huevos y envases. Nuestro objetivo es no perder la esencia.

SI bien buscamos lo natural, lo orgánico, todo eso va de la mano de valores como la solidaridad, la familia, la contención, etc. Es un proyecto que, si va a crecer mucho, deben considerarse las dos partes, el equilibrio entre lo productivo y lo humano. La misión no la podemos perder”, puntualizó Yanina, encargada del funcionamiento de la huerta y de la producción de huevos.  

Huerta

Mara contó que “uno puede crecer comercialmente, de hecho, tenemos venta de trapos de piso en Buenos Aires, ofrecidos en unos lugares carísimos. Le arman un packaging y hasta cuentan una historia sobre su origen. Pero no es nuestra finalidad, no perseguimos esos objetivos y tampoco es nuestra misión”.  

Acerca de la producción de hortalizas, las supervisoras comentaron que tenían un listado fijo de clientes, para asegurase la venta.

“Hace años, nadie venía al Taller a comprar productos de huerta. Hoy tenemos compradores fijos. Suena poco simpático para el que viene a buscar acelga, decirle que no le vendemos porque no está en la lista. Pasa igual con los huevos”, admitió Yanina.

Actualmente, unas 50 familias hacen sus pedidos semanales de verdura y huevos. Las supervisoras nos confían que apareció más gente queriendo sumarse, por eso fue necesario establecer una lista de espera.

“Aunque contáramos con más tierra, nuestro recurso humano es limitado y tampoco alcanza el tiempo. No podemos exigir a nuestros trabajadores. Ellos tienen el enorme beneficio de venir a un lugar donde se sienten bien, desarrollan un sentimiento de pertenencia, están a gusto trabajando, buscando ofrecer productos de calidad. Nosotros acá nos tomamos tiempo para acompañar a una compañera que se está haciendo quimio; para charlar con aquel o aquella que no la pasó bien en su casa, o darle un rato al que necesita hablar. Es un ambiente cuidado”, reconoció Mara.

Sala de producción

Mientras recorremos las instalaciones de la quesería, observamos la estructura de la salas de elaboración, análisis y cámara de frío. Todo con la tecnología más moderna. Los recipientes para los insumos y el ambiente en sí, deben estar impecables. Es un enorme trabajo que necesita de la aplicación de productos muy específicos y de alto costo, como lavandina y jabón especiales.

“Podríamos tener un maestro quesero, o un huertero, pero la idea es que nosotros nos capacitemos y llevemos adelante estas propuestas que formen a nuestros trabajadores”, indicó Mara, al tiempo que recordó que el Taller Protegido “Crecer” es una ONG sin fines de lucro.

Yanina reconoció que, ante cada posibilidad de innovar, o previo a cualquier nueva producción, primero se reúnen a pensar cómo llevarla adelante.

Consultada acerca de cómo es un día en el Taller, Mara lo definió como “sorpresivo”.

“Cuando todo el mundo se va relajando para fin de año, nosotros arrancamos, tenemos todas las cosechas de frutas, nos traen y buscamos. El año pasado, usamos 200 kilos de ciruelas. Es un trabajo de hormiga y en conjunto. Tenemos siete freezers, casi dos se van a llenar de higos en febrero. Las moras y las ciruelas se perdieron un poco con el viento y las tormentas. Tratamos de aprovechar todo, la gente nos trae los frascos, luego los seleccionamos, lavamos y esterilizamos.

Ponedoras

El Taller cuenta con 84 gallinas, el lote se va renovando por tandas, las más viejas por otras nuevas. En estos días, todavía no están todas en postura. Los valores de la materia prima incluidos en el precio final son reales.

“Si bien nosotros vamos a cosechar la fruta, compramos azúcar en el caso de los dulces y alimento cuando se trata de ponedoras. El taller no se cierra en todo el año, ahora los chicos volvieron de sus vacaciones”, señaló Mara.

Mara, Yanina y Jimena, coincidieron en lo trabajoso que es mantener el lugar, conservar el pasto corto, sacar las malezas de la huerta. Todo, lo hacen los operarios. Cada uno tiene su habilidad puesta en una actividad.

“No es que los 23 trabajadores van a ir a la quesería, necesitamos que cada uno de nuestros espacios de producción sea parte de la institución y no solo la quesería. La quesería es la suma de las otras propuestas que ya teníamos”, aclaró Yanina.

Haciendo un poco de historia, el Taller Protegido “Crecer”, se inició en junio del 2000, con un grupo de padres que buscaba un espacio para el desarrollo de sus hijos.

“Empezaron haciendo huerta y trapos de piso, mientras sus hijos miraban y aprendían. Hoy, es igual, nosotras aprendemos para luego transmitirles a ellos. Ese grupo de padres pasó a ser comisión, después se formó una organización como cualquier taller, luego empezó la producción, buscando qué ofrecer, pensando en tener un impacto comercial afuera”, comentó Mara.

“Puan nos da una gran posibilidad porque es un lugar chico, todos saben del movimiento de la institución. Otros talleres, en las ciudades, pasan más desapercibidos, les cuesta llegar al público, acá ese equilibrio está dado”, reconoció Yanina.

Las tres supervisoras forman un equipo de trabajo que se completa con los 23 operarios, una empleada de mantenimiento y la invalorable tarea de Marisel Bravo, destacada por sus compañeras, tanto en la parte comercial, como en la administrativa.

“Ella está en todo, es muy prolija. Nuestro crecimiento es tan amplio, los trabajadores todos los días hacen posible que aquello que logremos producir lo tengamos.

Queremos agradecer a quienes nos compran, nos elijen y nos acompañan, a los que se hacen parte del Taller en cada asamblea e integran las comisiones. Sin todo ese engranaje, es imposible que el taller pueda progresar”, concluyó Mara.

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