¿Qué pasa cuando se termina el amor?
(*) No te deseo el mal dice Cazzu en su exitosa y popular canción. A propósito del título de esta columna de opinión, la relación de la famosa cantante y rapera jujeña Julieta Emilia Cazzuchelli con el progenitor de su pequeña hija ha dejado expuesto sobre la mesa un interesante tema para debatir, ¿que sucede con los hijos menores cuando los progenitores se separan?, ¿los reconocemos como verdaderos sujetos de derechos?.
Recordemos que uno de los conflictos se había suscitado por el permiso de viaje planteado por Cazzu para viajar con su hija de tres años, y que el otro progenitor debía prestar, viaje por cierto y como dato no menor que tenía causa en el trabajo de la progenitora, para cumplir con sus shows internacionales. Aquí se entrelaza o podemos reflexionar por unos segundos sobre otra realidad, que según estadísticas realizadas en la provincia de Buenos Aires por el
Ministerio de mujeres, políticas de genero y diversidad sexual, sucede a menudo, la madre como única cuidadora, la de la mujer que cuida y trabaja, hogares monoparentales, que en muchos casos termina con una limitación de la madre en el campo profesional y personal. Lo mencionado es lo que se ha llamado “feminización de la pobreza”. También para reflexionar y a titulo sólo de mención, lo referido a la violencia vicaria, cuando el progenitor usa dar o no la autorización, como arma de presión y control sobre la madre.
Continuando con lo señalado, en México, una diputada –Sandra Arreola Ruiz- impulsó un proyecto que fue presentado al Congreso de dicho país (Michoacán-México) que tiene como pilar una reforma sobre los derechos de movilidad de los hijos de progenitores ausentes o que sean deudores alimentarios, buscando un sistema legal ágil para el progenitor que ejerce el cuidado. Su mensaje fue, quien abandona sus responsabilidades parentales no debe tener poder sobre las decisiones de sus hijos. Si bien, esta iniciativa fue inspirada en el caso mediático de la cantante argentina referenciada al comienzo, con un prisma de necesaria perspectiva de genero sobre el cuidado de los hijos, lo fue con el fin de evitar el veto parental por parte del progenitor que sea deudor alimentario o que haya abandonado sus responsabilidades de crianza. Es decir, la propuesta consiste en que el progenitor ausente no pueda bloquear trámites esenciales, como obtener un pasaporte o salir del país. Se pretende evitar el consentimiento del progenitor ausente.
En México -comenta la diputada- el ordenamiento legal requiere la autorización de ambos progenitores para trámites como la emisión de pasaportes o la salida del país de los hijos menores de edad. Expone que en ocasiones se presentan circunstancias intrincadas: si uno de los padres se niega a firmar, incluso cuando no participa en la crianza o no paga la cuota de alimentos, el progenitor que cuida debe iniciar un proceso judicial que puede extenderse varios meses o incluso años.
¿Como es el tema en Argentina?
Además de tener vigentes y en buen estado los documentos nacionales de identidad (DNI), y dependiendo del destino el respectivo pasaporte, si viajas con tu hijo menor de edad, es decir menor de 18 años, sin el otro progenitor, se requiere su autorización. Ese permiso se puede hacer ante escribano público o ante las autoridades que correspondan, según el lugar del domicilio.
En provincia de Buenos Aires, en las localidades como Puan donde funcionan los juzgados de Paz Letrados, es función de la secretaría letrada del organismo instrumentar dicha autorización y comunicarla a la Dirección nacional de migraciones. También puede suceder que el menor viaje sin ninguno de sus progenitores, allí se deberá solicitar la autorización de ambos para materializar el viaje. Y, ¿qué sucede cuando no hay acuerdo entre los progenitores, y no se autoriza la salida del país del menor?, en estos casos no hay otro remedio más que judicializar el conflicto, lo cual se traduce en contar con tiempo para platearlo, asistencia letrada para que lleve la pretensión al aparato jurisdiccional y exponer al menor.
Debo aclarar que el proyecto presentado por la diputada mexicana que fue disparador para escribir estas líneas, aún está en etapa de estudio y debate. Solo aprovecho la ocasión para reflexionar y pensar juntos, ¿un progenitor puede vetar una autorización de viaje solicitada por el otro progenitor?, en su caso, ¿bajo que fundamentos, o cuales motivaciones resultan atendibles?, ¿si el progenitor no paga la cuota alimentaria sería justo que no pueda decidir sobre si su hijo sale o no del país?. ¿Es lo mismo un progenitor ausente que uno deudor alimentario? En su caso ¿reciben el mismo trato legal?. ¿Qué sucede con el vínculo afectivo entre el progenitor y el hijo en el marco del derecho familiar?. Sin lugar a dudas muchas más preguntas, y situaciones de hecho e hipotéticas serán objeto de debate a fin de encontrar la norma que más se ajuste a derecho.
Si contamos con una brújula imagino que el norte para avanzar en cuestiones de personas menores de edad debe ser su protección y su interés superior, como sujetos plenos de derecho, derecho a la vida, supervivencia y desarrollo sin ser discriminados o cosificados, con derecho a participar y ser escuchados según su grado de madurez y desarrollo, respetando su autonomía progresiva. En el caso de la cantante su hija tiene apenas tres años, y, remarcando que debe verse el caso concreto –más allá del criterio biologicista-, los menores pueden ser escuchados sobre que es lo que prefieren. De hecho los adolescentes de más de 13 años de edad, y aunque sus padres estén de acuerdo, pueden negarse a salir del país.
Para cerrar la columna de opinión, menciono que tenemos una perspectiva de niñez y una de género conectadas ante distintas problemáticas para gestionar la crianza de las personas menores de edad. Lo valioso, lo que destaco y priorizo, son las personas menores de edad, ponderándolas ante los conflictos parentales de los adultos. Y para despedirme traigo a estas líneas el recuerdo de una película del año 2013 argentina-española, que considero atinada con el tema, llamada “Séptimo”, protagonizada por el famoso actor Ricardo Darín, que nos interpela como adultos –y aquí me quiero detener- para preguntarnos: ¿hasta donde estamos dispuestos a llegar por nuestros propios intereses cuando se termina el amor, y tenemos hijos menores de edad.?.





