“Abuelo de Campo”: ternura, memoria y raíces

La escritora Martita Castro presenta una obra atravesada por los recuerdos y la vida rural. Inspirado en una experiencia familiar, Abuelo de Campo pone en valor los vínculos intergeneracionales y las enseñanzas simples.

Cultura 23/05/2026 . Hora: 15:32
  • En Puan, durante la presentación de Abuelo de Campo
  • Fotos Prensa M.

Martita Castro, la autora de Bordenave, cuenta con cinco publicaciones: “Rosita, memorias de una potranca”; --obra que también cuenta con su versión en inglés--, “Rosita, mi lugar en el mundo”, “Hoy me convierto en chef” y "Abuelo de Campo".  

Durante el diálogo que mantuvimos, nos confió que ya se encuentra escribiendo su nuevo libro.

-¿Cómo nació la idea de escribir “Abuelo de Campo” y qué historia o experiencia personal la inspiró?

Nació desde la emoción y desde algo muy personal para mí: ver la transformación de mi marido, Fredy, de papá a abuelo. Ver sus ojos al recibir a nuestras nietas, la ternura, la paciencia y el amor con que las acompaña me movilizó profundamente. A partir de ahí nació esta historia, que también refleja esos vínculos tan genuinos entre abuelos y nietos y los valores simples y sinceros de la vida de campo.

-¿Cómo fue el proceso de escritura de este libro?

Fue muy emotivo. A medida que escribía, iban apareciendo recuerdos, imágenes y sensaciones muy reales. Es un libro que escribí despacio, sintiendo cada escena, tratando de transmitir emociones más que solamente contar una historia.

-Las ilustraciones son muy bellas. Contanos quién las hace y cómo conectan para reflejar el cuento en los dibujos.

Las ilustraciones son fundamentales porque ayudan a darle vida y emoción a cada página. El ilustrador, Rafael Dabrowski, hace un trabajo muy lindo.

Siempre trato de transmitir lo que siento con cada escena para que la ilustración acompañe esa emoción y refleje la esencia del campo, la ternura y los detalles simples de la historia.

-El libro pone el foco en el amor entre abuelos y nietos en el ámbito rural. ¿Qué significa para vos “abuelar” y por qué quisiste reflejarlo en esta obra?

Para mí, “abuelar” es amar desde la presencia, la paciencia y los pequeños momentos compartidos. Es una palabra muy especial que aparece en la contratapa del libro y que escribió mi amiga Luciana Gómez. Cuando la leí, sentí que representaba perfectamente la esencia de esta historia y todo lo que quería transmitir sobre el vínculo entre abuelos y nietos.

-¿Qué recuerdos, costumbres o escenas de la vida de campo aparecen reflejadas en el libro?

Aparecen muchas escenas cotidianas del campo: los mates, los silencios, los amaneceres, los animales, las recorridas, las enseñanzas simples y el valor de compartir tiempo juntos. Son cosas que quizás parecen pequeñas, pero que terminan siendo los recuerdos más importantes de la vida.

-La obra habla de memoria, raíces y transmisión de saberes. ¿Creés que hoy es más importante que nunca rescatar esas historias familiares?

Sí, totalmente. Creo que hoy más que nunca necesitamos volver a las raíces, escuchar más a nuestros mayores y valorar esas historias familiares, que muchas veces guardan enseñanzas enormes. Vivimos muy rápido y a veces olvidamos lo importante. Estas historias ayudan a conectar con la identidad, con la familia y con las emociones verdaderas.

-¿Hubo momentos especialmente emotivos durante la creación?

Sí, muchos. Hubo partes que escribí emocionándome muchísimo. Incluso personas que ya leyeron el libro me dijeron que no podían terminarlo sin llorar, y eso para mí significa mucho porque quiere decir que la historia logró llegar al corazón.

-¿Cómo es tu experiencia al presentar este libro en cada lugar al que vas? ¿Qué percibís en la gente?

Está siendo una experiencia muy hermosa. Ya voy por mi quinto libro y, en cada presentación, sigo emocionándome como la primera vez. Percibo mucha emoción, mucha identificación con las historias y también muchos recuerdos que se despiertan en la gente. Muchas personas me hablan de sus propios abuelos, de su infancia o de momentos vividos en el campo, y eso es muy movilizante para mí.

Además, he tenido la posibilidad de visitar varias escuelas e instituciones, donde los chicos participan muchísimo y se conectan de una manera muy genuina con los libros. Poder compartir la lectura, escuchar lo que sienten y ver cómo las historias despiertan emociones e imaginación es una de las partes más lindas de este camino.

También disfruto mucho visitar hogares de abuelos, porque siento que allí las historias cobran un valor muy especial. Escuchar sus recuerdos, compartir charlas y ver cómo se emocionan con los libros es algo que me llega profundamente al corazón.

Me gustaría seguir llevando este libro a las escuelas, porque creo que estos encuentros ayudan a fomentar la lectura y también a valorar nuestras raíces, los vínculos familiares y la vida de campo.

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