Fernando Nelson: la cámara como testigo de lo cotidiano
El fotógrafo y escritor puanense comparte en este artículo la segunda parte de su trabajo sobre fotografía documental, una mirada que rescata escenas cotidianas, memorias y testimonios captados a través de su lente.
Fernando Nelson es fotógrafo profesional, ha realizado numerosas muestras en ciudades como Rawson, Bahía Blanca y Puan, habiendo obtenido el Premio Anual del Foto Club Bahía Blanca en 1978 y en el mismo año, cinco Premios internacionales U.N.I.CE.F. (Regional Chile) con el lema “Los niños y su mundo”.
A continuación, compartimos la segunda parte de su trabajo “Fotografía Documental”, integrada por el siguiente texto e imágenes que acompañan la portada de este artículo:
1.- LA CALLE COMO ARCHIVO EMOCIONAL
No recuerdo el primer disparo, pero sí el primer silencio: el que sigue al ruido del obturador. Ese momento en que la cámara deja de ser un objeto y se vuelve una forma de captar y atesorar algo significativo de mi entorno.
Desde los dieciséis años, cada vez que salía de casa llevaba mi cámara: estaba seguro que me encontraría con algo digno de ser fotografiado: una niña mirando a través de una ventana, el rostro bello de una mujer o de un maniquí detrás de una vidriera, un anciano de muchas arrugas tomando mate en la vereda… dos niños jugando y riendo sobre un cajón de lustrar zapatos…
Al principio fotografiaba por el placer de guardar la belleza de lo espontáneo, por la ansiedad de coleccionar imágenes que me resultaban curiosas. Con el tiempo —diré mejor, con los años—entendí que lo que estaba haciendo no era solo estética, sino memoria. (Es un hecho que la fotografía artística y la testimonial pueden coexistir, y de hecho, lo hacen). Pero a esa edad yo necesitaba una guía, una opinión madura para saber si mis imágenes tenían el valor que yo deseaba: allí estuvieron mi madre y mis mejores amigos, Lorenzo “Bebe” Graci y Enrique Rodríguez.
La calle me ofrecía escenas que parecían haber estado esperándome, y yo debía captarlas con toda su verdad, pero con respeto, recordando lo que había observado en las fotos de Robert Capa y de Cartier-Bresson; fui captando niños jugando en cajas, ancianos esperando en la vereda, manos que se extienden hacia alambrados rotos, un grupo de gitanas con sus niños en brazos… No eran noticias, pero sí eran historias. Y yo, sin saberlo, me había convertido en testigo.
Mientras escribo estas líneas estoy editando también imágenes que tomadas a partir del año 1985 en Puan, localidad donde me establecí ese año.
Éstas (y otras que quisiera mostrar en un tercer artículo) las tomé en paralelo a mi trabajo de fotógrafo “todoterreno”, como suelen ser también los colegas que viven en ciudades chicas (que deben resolver sociales, eventos, carnets, peritajes, protestas, grandes obras en construcción, etc.). Entre un evento y otro (a veces, también, durante el mismo evento), suelen ocurrir hechos imprevistos, que por lo general no las dejé pasar: menciono dos casos que se incluyen en esa serie: el niño que va caminando delante de los novios en la iglesia y que de pronto se cae delante de ellos; o el dueño de una quinta quemada, que se para desafiante delante de la cámara).
2.- CUANDO LA CALLE SE VUELVE TESTIMONIO
Durante años caminé con la cámara como quien lleva una libreta: anotando gestos, sombras, silencios. No buscaba nada en particular, pero todo me parecía digno de ser recordado. Hasta que un día, sin saberlo, dejé de mirar por curiosidad y empecé a mirar por necesidad.
Fue una imagen simple. Un hombre en silla de ruedas que parecía haber sido olvidado en una vereda. Una niña detrás de un vidrio, con la mano apoyada como si quisiera atravesarlo. No lloraba, no pedía. Solo estaba. Y yo entendí que había algo ahí que no podía dejar pasar. No era solo una escena bonita, era una escena verdadera. Y la verdad, cuando se revela, exige cuidado.
Desde entonces, cada foto que tomo lleva esa pregunta: ¿qué queda cuando el gesto se borra?, ¿qué memoria se pierde si no se guarda? Ya no fotografío para mí, sino para otros. Para los que estuvieron, para los que vendrán. Para que alguien, algún día, pueda decir: “esto pasó, esto fue así”.
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- Publicación anterior: "La fotografía documental", un artículo de Fernando Nelson

