COLUMNA DE OPINIÓN

La dulzura de Ade

Escribe Guillermina González. Abogada, Universidad Nacional del Sur (UNS). Escribana, Universidad S XXI. Estudios de posgrado en la UNS. Funcionaria SCBA.

Cultura 01/06/2026 . Hora: 14:55
La dulzura de Ade
La dulzura de Ade

(*) Hace unos días mire en la plataforma Netflix la película española “Mi querida señorita”, la misma es un remake de la estrenada en el año 1972, y busca visibilizar a las personas intersex. En lo particular me pareció un tema tabú e interesante que considero oportuno –apropósito de la peli- para traerlo para considerar. Particularmente me cautivó y fue muy destacada la actuación de la protagonista, junto a todo el elenco que acompaña exquisitamente a fin de ponernos por una hora y cincuenta minutos, en la piel de cada uno de ellos, en cada historia de vida hacia el viaje que todos tenemos para descubrir nuestra identidad de género, con las mayores dificultades claro está, que atraviesan ciertos colectivos como LGBTIQ+, y a la vez nos invita a reflexionar con los roles de los personajes, en una sociedad que dista de ser plural. 

Para ponernos a tono, menciono que está ambientada, desarrollada en los años 1999, 2000, en una transición hacia otro milenio, la actriz se mueve desde su pequeño pueblo en Pamplona a la gran ciudad de Madrid, escenarios que resultan perfectos para acompañar la historia, en un sensible y necesario viaje de transformación. Es producida por “los Javis”, Javier Calvo y Javier Ambrossi. Ellos también han realizado la serie “Veneno” y la película “La bola negra” que tengo en agenda mirar. 

Nace la protagonista de la historia como bebé intersex -variación natural de la biología humana-, es decir con características biológicas que no se encajan en los cánones binarios corporales de masculino o femenino, y “resuelven” por indicación médica asignarle para “encuadrar” social y legalmente la noción de femenina “mujer” y la llamaron Adela –Ade-, con las consecuencias que ello implica.

Traemos a colación que la medicina tradicional de esa época tendía a “normalizar” mediante cirugías estéticas e intervenciones, que eran consentidas por los progenitores, pero no consentidas, ni siquiera informadas a las infancias. Cuestiones claves que dejan expuesto la nula consideración de la  autonomía y consentimiento informado de niños, niñas y adolescentes. Ni mencionar considerar su derecho a la salud, su grado de madurez y autonomía progresiva para ser protagonistas, nada más ni nada menos que de su propia existencia. Ello transcurre, en el marco de una sociedad patriarcal heteronormativa, que colocó a muchas personas en situación de gran vulnerabilidad, en desmedro del desarrollo de su personalidad.

Circunscribiéndonos a nuestro país, en referencia a la temática, debemos recordar la sanción –no tan lejana en el tiempo- de la ley 26.743 de Identidad de Género, sancionada precisamente en el año 2012, que en sintonía con los derechos humanos, garantiza el derecho de todas las personas al reconocimiento, libre desarrollo y trato digno de su identidad de género auto percibida, postulando la despatologización realizada en el pasado, y proponiendo firmemente la autodeterminación, permitiendo el cambio registral de nombre y sexo sin necesidad de cirugías ni intervenciones y/o diagnósticos médicos, siendo un tramite de carácter administrativo, no judicial, que se realiza ante el Registro Nacional de las Personas (RENAPER). Se busca garantizar ser en libertad, algo que a Ade –protagonista de nuestra historia- le resulta complejo en el marco de una sociedad conservadora, que no comprende que la identidad de genero puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer. 

La historia nos muestra a corazón abierto las realidades de las personas intersex, nos interpela como seres humanos, y nos invita una y otra vez, desde la dulzura de Ade a reflexionar. 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se ha manifestado e insta a los Estados parte, a que garanticen los derechos humanos de las personas intersex en contextos médicos, garanticen su derecho a la integridad personal, que no sean victimas de violencia médica, garanticen el derecho a la información y al consentimiento prestado de manera previa y libre. Algo que no sucede en el film, puntualmente y sin contar demasiado, fue una escena que me impacto, cuando Ade conversa en el consultorio con el médico, y alza su voz al descubrir lo que habían hecho, cae en la cuenta que ha vivido toda su vida como mujer, mujer que le han dicho que era, pero que biológicamente era un hombre, del relato médico queda devastada, al escuchar que al nacer sus órganos masculinos internos le fueron quitados por medio de una intervención quirúrgica irreversible, violando su derecho a la información y autonomía corporal.

Si nos detenemos a pensar lo sucedido, ¿no parece sensato para este tipo de intervenciones que sea una decisión exclusiva y excluyente de la persona?, ¿qué opinión les merece lo sucedido en la historia donde los padres deciden sobre una intervención quirúrgica irreversible?, ¿quién consideran que está en mejores condiciones de saber la preferencia sexual?, ¿es justo que los padres por una cuestión social y/o estructural sometan a sus hijos a cirugías de ésta índole (reasignación de sexo o modificación de sus genitales)?, ¿la ciencia y/o medicina siempre cura?. 

Para ir culminando estas líneas, que espero le hayan traído curiosidad y reflexión, pongo en dialogo los derechos sexuales como derechos humanos, el concepto de salud integral compresiva de la identidad de género –como así lo ha dicho la Organización Mundial de la Salud (OMS)-, la sociedad como guardiana y responsable de lo que sucede con sus miembros. Las leyes y políticas públicas que deben estar a la altura para satisfacer los estándares de derechos humanos. Recordar también que nuestra carta magna nos indica propulsar acciones positivas para los grupos vulnerables.

Ojalá podamos desaprender, desmantelar el hermético binarismo tradicional, para vivir en un lugar más justo e inclusivo, donde los derechos sean para todas las personas.

 

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