Tras 17 años en Puan: Roque inicia una nueva etapa

El sacerdote franciscano confirmó su partida, que será a mas tardar e octubre, en medio de una reestructuración de la orden por la falta de vocaciones y el problema de salud de su madre. En una entrevista profunda, habló de su recorrido, de su nuevo destino y dejó un mensaje claro sobre la importancia del compromiso comunitario.

PUAN 03/07/2026 . Hora: 17:36
Tras 17 años en Puan: Roque inicia una nueva etapa
Tras 17 años en Puan: Roque inicia una nueva etapa

—¿Es una decisión que ya se venía madurando o fue sorpresiva?

Hace ya dos años o más, tres o cuatro, que la orden franciscana viene avisando en las reuniones que se hacían acá, cuando uno convocaba a la comunidad, durante las visitas que hacía el provincial. Antes era el fray Daniel Fleitas, ahora es Nicolás Aguilar.

Siempre se le dio el mensaje a la comunidad de que, en algún momento, nos teníamos que retirar por la falta de gente. Cuando yo entré a los franciscanos, en el año 1987, éramos 120 franciscanos.

—¿En toda la provincia o en todo el país?

En todo el país. En total hay tres entidades de franciscanos menores y, en la nuestra, éramos 120; ahora somos menos de 50. Con él son 45 personas, y las obras hemos tenido que ir reduciéndolas en distintos lugares del país.

Muchas de las obras que estábamos llevando adelante se fueron dejando y se avisaba que probablemente iba a pasar esto. Por ejemplo, hace unos años se dejó Bahía Blanca y ahora nos hemos visto obligados también a dejar Puan. En distintos lugares del país hemos ido dejando distintas obras desde aquella vez.

—No hay nuevas vocaciones como para renovarse.

Exacto. Ese es uno de los problemas que afectan a nivel general de nuestra orden en el país. También pasa en todas las órdenes, en los sacerdotes en general y en las congregaciones de mujeres. Se ha reducido mucho lo que es la vocación.

También el año pasado y este año yo dije: “Bueno, miren, yo concretamente estaré uno o dos años más, tres o cuatro”, dependiendo también del tema de la salud de mi mamá.

Este año, desde enero, mi mamá empezó con un retroceso en su salud física, por lo cual ahora ya hace como un mes que estoy dedicado a su cuidado, además de mi pastoral y de la misa, y prácticamente no puedo salir.

-¿Usted es hijo único?

Sí, soy hijo único. La orden franciscana antes no lo hacía así, pero ahora sí me permitieron traer a mi mamá. Ella necesitaba compañía desde hace mucho.

En 2014 vino a vivir conmigo, pero ella se valía sola, y yo podía acompañarla y atender a la comunidad. Pero ahora esto se agravó.

Como les digo, no solo se trata de lo local de Puan, de mi situación con mi madre, sino también de otras cosas a nivel país que influyen.

Por ejemplo, el hermano Sergio, quien vino a ayudarme, junto a otros religiosos, tiene un proyecto de abrir una casa de oración en San Luis.

Pero él ya vino con el propósito de que, pase lo que pase, iba a estar hasta octubre nada más. Eso se dijo a principios de año.

-¿Y desde cuándo está él acá?

Desde enero. El hermano Emilio se fue a Salta, y llegó él en su reemplazo. Ya vino con el propósito de estar hasta octubre.

—¿Ustedes se jubilan también en su profesión?

Los sacerdotes no. Por ejemplo, Pascual, tiene 84 años y continúa en actividad porque es una vocación.

-Vemos que Pascual tiene una actividad más itinerante

Eso eligió él desde hace varios años. Siempre lo invité a tomar algún tipo de pastoral en la parroquia, pero él prefería estar libre para ir donde lo llamen.

—¿Y él va a poder seguir estando acá o a él lo destinarán a otro lugar?

Es bastante complejo explicar la situación institucional de Pascual. Pero, en sí, se va a respetar, por sus años y por todo, que él pueda permanecer acá.

Después, a nivel legal o institucional, hay que ver cómo se lo acompaña, que sí o sí pueda tener alguien que lo acompañe y lo cuide.

—¿Y las Hermanas Clarisas? ¿Qué va a pasar con ellas?

El nuevo párroco, que va a atender la parroquia y también el Monasterio.

—¿Se sabe el nombre ya?

No, no sé quién es.

-¿Pero no va a ser de la misma orden?

No, no. Va a ser del clero, de la diócesis de Bahía. Así lo habló el Provincial con el Obispo.

—Y su destino a Río Cuarto (Córdoba), ¿es por algún motivo especial?

Yo soy de Villa Mercedes, pero no tenemos casa allí. Río Cuarto es lo que queda más cerca de mi familia, para que ellos puedan estar cerca de mi mamá.

Además, por las comodidades que tiene esa casa y por la parte médica. En Río Cuarto la atención médica está muy avanzada. Hay equipos de estudios médicos muy importantes, con tecnología de primer nivel.

Es una ciudad con muy buena infraestructura médica, y eso para la situación de mi mamá es muy importante.

—¿Ya lo van a designar en una diócesis o en una parroquia en especial?

No. La idea es que nosotros, los franciscanos, vivamos ahí. Hay una comunidad con cuatro hermanos. Yo estaría colaborando con la casa, pero también pudiendo dedicarme al cuidado de mi mamá.

-¿Y su mamá qué edad tiene?

Tiene 91 años. Así que bueno, tengo la esperanza que su salud repunte un poco, pero hoy por hoy no se sabe.

—¿Cómo ha sido tu experiencia en estos años? ¿Cuántos años hace que estás en el pueblo?

Llegué en agosto de 2009. Algo que me gustó mucho el otro día, cuando estuve con el provincial y con la gente, fue que se invitó a toda la comunidad a participar. La invitación fue abierta para todo el que quisiera acercarse. Y algo lindo, que me deja contento, es que las palabras de la comunidad fueron de comprensión hacia la situación que uno está viviendo.

Eso me hizo pensar que también podemos verlo como una nueva oportunidad para renovar fuerzas.  Es lindo verlo como una oportunidad de algo nuevo, de algo distinto. Va a venir un sacerdote nuevo, quizás con nuevas miradas.

La gente que aporta a la comunidad también puede preguntarse qué tiene para aportar, cómo puede brindar lo suyo en esto que es la fe y el proyecto de vida cristiana.

Todo tiene sus pros y sus contras. Para la comunidad, si bien es doloroso cuando se va un sacerdote, también los cambios —cada seis años, cada diez, por ejemplo— ayudan a movilizar.

Traen algo nuevo, aire fresco, ideas nuevas. Ojalá sea así, porque depende del sacerdote, pero también depende de la acción de la comunidad y de la integración. Es una elección poder caminar juntos y bien. Yo confío en eso, en que esto salga adelante. Uno no es indispensable.

Después, lo lindo que yo he vivido acá es un ambiente bastante familiar, un ambiente de paz y de solidaridad. Esas son las cosas que yo siempre rescaté de la comunidad.

Quizás también, como mensaje, primero hay que ser siempre agradecidos y mirar lo positivo. Saber que siempre nos falta algo; siempre nos va a faltar a todos, personalmente, como grupo y como institución.

Vamos a tener nuestras fallas, pero si ponemos la mirada solamente en eso, no se puede avanzar.

Entonces, tanto para la comunidad de la Iglesia como para la comunidad de Puan, me parece que algo importantísimo es descubrir la necesidad de comprometernos comunitariamente, desde el lugar que sea.

Porque no solo en la parroquia, sino en todas las instituciones, cuando se reúnen, muchas veces aparece el mismo planteo: no hay gente que se quiera comprometer.

Entonces siempre están los mismos. Y cuando están siempre los mismos, llega un momento en que también se cansan y dicen: “Yo quiero que venga otro y me reemplace”.

-Eso pasa en muchas instituciones. Hay una falta de renovación.

Creo que la gente joven tiene que descubrir esa parte, porque ha recibido una comunidad que se construyó con el esfuerzo de mucha gente, que fue poniendo el corazón. Gente que dio de lo suyo: tiempo, esfuerzo y también dinero.

Las instituciones generalmente no están para ganar plata, pero sí para dar vida. Y hay que descubrir que eso da vida.

También lo digo desde el mensaje de Jesús: que nos amemos y nos comprometamos como hermandad. Y creo que hay que dejar algo que hoy pesa mucho: los comentarios negativos.

Eso destruye muchísimo y desanima. Porque cuando estás criticando al otro, que está haciendo un esfuerzo, y esa persona piensa: “Encima que doy mi tiempo, pongo de lo mío y trato de ayudar, también me critican”.Eso desgasta.

Jesús lo decía muy claramente: si tenés algo con tu hermano, si ves que se equivocó, andá a hablar con él. Corregilo con amor. No hay que tirar leña al fuego.

Tiene que ser desde el diálogo y con amor. Primero con la persona. Después habrá personas más obstinadas, que quizá hacen mal las cosas y quieren seguir así. Bueno, ahí la situación es distinta.

Pero lo primero siempre tiene que ser el diálogo. No desparramarlo por todos lados, porque eso hace mucho daño, destruye y desanima.Porque, ¿quién quiere involucrarse para que después lo critiquen? Nadie quiere eso.

—Hemos observado que han logrado formar un grupo de chicos misioneros. Qué lindo que hayan podido concretarlo.

Sí, no es fácil y no es algo común de ver. Pero muchas veces depende de la gente y del carisma de cada uno. En este caso, Miguel Rodrigo, que además es profesor y ahora director en Villa Iris, es quien realmente le puso el cuerpo a esto.

Porque es algo que siente como vocación. Es algo que le gusta, que le llena la vida. Y tiene que estar detrás de los jóvenes, lo cual no es fácil. Es difícil, pero él tiene ese carisma.

—¿Qué importante es generar espacios de participación y aprendizaje 

Algo que yo siempre dije, y ojalá quede también como legado, es esto: si vos querés hacer algo, vení. Acá no se le cierra la puerta a nadie.

Si tenés una idea totalmente distinta a la mía, si te gustaría hacer las cosas de otra manera, hacelo. Mientras yo no vea que estás haciendo algo mal, hacelo. Si veo que te estás equivocando, te lo voy a decir: “No, por ahí eso no te va a hacer bien”. Pero si no afecta negativamente a nada, hacélo. Así vas a aprender. Así me enseñaron a mí.

Me acuerdo que cuando terminé mis estudios y empecé, el primer sacerdote que me acompañó me decía: “Mirá, yo no coincido para nada con lo que vos pensás”.

Él lo habría hecho totalmente distinto. Porque él era el párroco y yo era ayudante. Pero aun así me decía: “Hacelo”. Si te equivocás, vas a aprender. Y si te sale bien, también será una forma distinta de hacer las cosas. Eso te da la posibilidad de crecer.

Porque si te cierran la puerta y te dicen: “No, eso no se hace así porque yo digo que se hace de otra manera”, ahí se corta todo.

—¿Cuál fue tu primer destino?

 En Orán, Salta. Teníamos un colegio con 1.500 alumnos y una parroquia donde iban a misa diaria entre 50 y 60 personas. Además, teníamos unos 300 jóvenes en la parroquia. Era un movimiento muy grande.

—El Norte es distinto.

Sí, completamente distinto. Otra idiosincrasia. Por ejemplo, algo hermoso que viví allá, y que de esa manera no lo logré en otros lugares, era lo que hacíamos para Pentecostés. Se hacía una vigilia que empezaba a las 10 de la noche y terminaba con la misa a las 6 de la mañana.

Toda la noche dedicada a la oración, encuentros y comunidad. Rezábamos, bailábamos, cantábamos, compartíamos café. Era toda una noche despierto en torno a la fe, preparando la llegada del Espíritu Santo. Era una experiencia muy linda.

-¿Cómo fue su experiencia en la Casa de Retiro?

Fue algo que a mí me dio mucha vida. A mucha gente le hizo bien. Por momentos, eso también me llevó a descuidar un poco la parroquia, porque demandaba muchísimo trabajo.

-¿Tiene una estadística de cuánta gente pasó en estos años?

La verdad que no. Tendría que pensarlo bien. Pero eran entre 50 y 60 personas de promedio, entre adultos y jóvenes. Más o menos, un promedio de 70 personas por retiro.

-Recordamos que un grupo de venezolanos estuvo en el Monasterio hace unos meses...

Sí, me acuerdo. También venían grupos que alquilaban la Casa de Retiro. Nosotros, además, hacíamos retiros con gente de acá y con un equipo de la zona que coordinaba esos encuentros.

Se hizo mucho bien. Y algo que a mí me quedó muy marcado fue ver el impacto que esos retiros tenían en la vida de las personas.

Había gente que llegaba después de atravesar años de depresión, sin encontrar salida, pasando por médicos y distintos tratamientos. Y venir a un retiro, encontrarse con ese espacio y empezar a ver que la vida podía cambiar. Eso fue muy fuerte.

Por ahí después seguían participando en otros retiros, pero para mí eso muestra lo sanador que puede ser hacer un retiro.

—Claro. Hasta para los chicos también.

Sí. Por eso yo siempre le decía a la comunidad que, tal vez, faltó aprovechar más todo esto.

A veces lo aprovecha más la gente de afuera que la propia comunidad.

—Sí, suele pasar.

Sí, no sé por qué será, pero pasa. De hecho, hay gente de acá que, cuando va con catequesis o participa de algún encuentro allá, dice: “Es la primera vez que vengo”. Y eso sorprende, porque no conocen el lugar.

A veces van simplemente por curiosidad, para ver de qué se trata. Y realmente es un lugar hermoso.

 

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