IA, ¿buena lana para tejer el sweater de la coparentalidad?
Escribe Guillermina González. Abogada, Universidad Nacional del Sur (UNS). Escribana, Universidad SXXI. Estudios de posgrado en la UNS. Funcionaria poder judicial de Bs As.
El pasado domingo se celebro el Día de las Infancias. Más allá de ser una fecha para celebrar con los de menos edad, me invita a reflexionar sobre este grupo de personas. ¿Las infancias poseen el espacio para ser libres y diversas?, ¿nosotros como adultos permitimos que los colores sean de todos y se elijan por gusto?, realmente matamos nuestro prejuicio y a la hora de comprar un juguete ¿nos detenemos a observar como es esa persona, que le gusta, que actividades realiza?, ¿o compramos en función del género asignando roles estereotipados?. No podemos negar que cargamos con una cultura que debe evolucionar.
Ahora bien, entiendo a los niños, niñas y adolescentes –en adelante NNyA- como decía al comienzo como grupo de personas vulnerables, que merecen cuidado y protección, se presenta e impone en mi mente la tecnología desafiante, enfatizo sobre el manejo de redes sociales, la inteligencia artificial (IA), los juegos on-line y de azar, y la responsabilidad parental frente a ello. Un tema actual, complejo, amplio e intersectorial para abordar.
Entendemos a las redes sociales como un fragmento de la realidad que cada quien construye y decide mostrar. Así, reflexionar sobre los derechos de los menores, sobre el derecho a su imagen, en que la exposición de su rostro puede causar un daño irreversible, nocivo, resulta necesario.
Me vienen imágenes de stickers de WhatsApp, gif, memes, de niños que se han vuelto virales y han recorrido el mundo, fuera del control de quien lo subió. Muchos recordarán, o la pueden buscar, a la niña estadounidense Chloe Clem, rubia, con esa mueca rara, mirando de costado con una ceja en alto y mostrando sus dientes delanteros. La historia detrás del meme era un efímero video donde la madre da una noticia a Chloe y su hermana y ella reacciona con esa cara, que luego se volvió viral. Lo traigo para comprender como de algo tan simple, corto, y sin intención de divulgación, termino en uno de los memes más virales a nivel mundial.
También el caso de muchos famosos quienes usan la imagen de sus hijos como recurso narrativo como publicidad. Reflexionar en el interés superior de ese menor, el derecho a ser oído y en la autonomía progresiva de la mano al grado de madurez que vaya adquiriendo. Muchos con viva voz exponen que no quieren ser expuestos en redes.
En un fallo reciente, de febrero de este año -2026- acaecido en la provincia de Mendoza en el Juzgado de Gestión Judicial Asociada de Familia de Las Heras una adolescente de quince años con patrocinio letrado y en uso de su autonomía progresiva peticionó ante la justicia manifestando su deseo de no ser expuesta en entornos digitales, porque su progenitora usaba imágenes suyas en redes y aplicaciones para adultos como Tinder, manifestando que afectaba su intimidad e imagen, causando situaciones de bullying en la escuela y ciberacoso. Tramitó como un proceso urgente y autónomo (medida autosatisfactiva) ante el perjuicio irreparable sobre derechos personalísimos.
La jueza que resolvió el planteo, ordenó el cese inmediato de cualquier publicación y la eliminación de contenido previo donde se identifique el rostro de la menor. Se consideró el impacto de la huella digital permanente en la reputación e identidad de la persona.
El mundo digital tiene peligros para los NNyA, podemos hablar de las apuestas on line, fraudes en línea, ciberbullying, ciberacoso, del grooming, del uso indebido de la IA, entre otros, pero no quiero detenerme con esta arista, solo mencionarla y dejarla en el tintero.
Si me permiten y por una cuestión de estructura y espacio de esta columna de opinión, me interesa viajar al núcleo de las familias, entendidas en un sentido amplio y diverso, ensambladas, de sangre o de corazón. Las familias donde los progenitores se separan y comparten la responsabilidad parental de los hijos en común, donde atraviesan circunstancias particulares y complejas, donde se suscitan conflictos, problemáticas, mala comunicación, y llegan a los estrados judiciales, es decir, se judicializan, para obtener una respuesta con la intervención del órgano jurisdiccional. En este escenario, la tecnología puede presentarse como una respuesta para llevar adelante un diálogo sostenido en el tiempo, claro, practico, memorioso y respetuoso entre progenitores que ya no conviven. ¿A que me refiero? A que existen aplicaciones que se han desarrollado particularmente en Estados Unidos para que la comunicación y registro sea confiable e inalterable entre progenitores.
Me refiero a la aplicación de telefonía celular “talking parents” disponible desde google play store o app store diseñada por Stephen Nixon. La misma es usada en Estados Unidos por letrados y operadores jurídicos, adoptada asimismo por los tribunales de dicho país como una aplicación de crianza compartida segura.
Lo relevante es que se crea un registro inalterable de la comunicación entre los progenitores, los mensajes no se pueden borrar, las llamadas quedan documentadas, es posible enviar dinero para gastos compartidos quedando registrados, entre otras funciones; resumo, en que todo queda registrado de forma permanente, también con sugerencias de redacción en las aplicaciones más avanzadas donde indican la mejor forma de comunicar, resultando una herramienta con resultados positivos. En Argentina no es oficial ni es usada en los juzgados, pero si es algo que ya se piensa.
Puntualmente, y sobre la temática una jueza del fuero de familia de Morón, Maria Laura Lucchini Minuzzi desarrolló con IA una plataforma llamada “VINVULOS” para ayudar al fuero de familia en el que trabaja, diseñado para la coparentalidad, para que la comunicación entre los progenitores transite de manera moderada y cuidada con el fin de evitar el conflicto, y se priorice el bienestar de los NNyA en un espacio sereno para sostener la crianza. Posee chats moderados, donde ante un texto agresivo la IA sugiere y/o corrige de manera asertiva y le llega modificado a la otra parte, es decir de manera asertiva, no agresiva (sin acusación) para evitar conflictos, la plataforma ante cierta cantidad de intervenciones de la IA da aviso y el letrado activa la revisión por parte del juez, quien es el único que ve todos los mensajes y supervisa, analizando el grado de violencia. Los mensajes son almacenados de forma permanente. La plataforma también contiene sección de gastos compartidos, agenda, calculadora, y demás funcionalidades, para brindar un servicio y espacio de transparencia y orden entre los progenitores que ejercen la coparentalidad.
Cierro la columna de opinión reflexionando en como la tecnología disruptiva está entre nosotros atravesando todas las franjas etarias, ya ha contaminado nuestra sangre, y como debemos asimilarla para que resulte ser una aliada de nuestro organismo, para presentarse útil, para fortalecer a las relaciones humanas. Y allí me pregunto si la IA resultará ser una lana liviana cálida y elástica para tejer el sweater de la coparentalidad.

