Recuerdos

Dedico estas líneas a los que en octubre de 1983 estábamos en la niñez de nuestras vidas, viendo como jóvenes y adultos colmaban las calles con banderas azules y blancas y festejaban el triunfo de la democracia más que la victoria del radicalismo. Los más pequeños no sabíamos muy bien qué significaba ese momento histórico donde quedaba atrás la dictadura militar.
Sin embargo, sentimos tanta felicidad al ver la algarabía del pueblo ante la apertura de una nueva etapa de la historia argentina. Tenía ocho años y en el preciso momento de la euforia por el cambio, recordé que tan solo unos meses atrás, en 1982, veía la imagen de mis abuelos tapando las ventanas del antiguo caserón con telas porque así era la orden que daban los jefes de cada manzana del pueblo en los llamados “oscurecimientos”. En mi barrio, el Señor García era el encargado. Mi abuela cubría una de las ventanas con un repasador estampado con dos conejitos que decían “Paz y amor”. Me daba miedo tanto silencio.
En las escuelas hacían simulacros de bombardeo, nos metíamos bajo los bancos. Era la guerra de Malvinas y aunque poco entendíamos, sabíamos del sufrimiento de todo un país. Muchos chicos de 18 años estaban combatiendo antes los experimentados ingleses. Había sensación a muerte. Desde mi estatura veía a los más grandes llorar. Recuerdo a Coca y Marcela sumergidas en el dolor más profundo por Robi. Madre y hermana estaban atemorizadas por el destino de quien luego fuera un sobreviviente del Crucero Belgrano. Héroe.
Así supe que tan grave había sido el ‘82 y que tanto alivio produjo el advenimiento de la democracia en 1983. Alfonsín, hoy en su adiós, nos vuelve a dar un mensaje de cambio.