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Gente a la que se va a extrañar

13220717_1206019756109541_7397483941936981148_oAyer sábado, una trágica noticia conmovía a la comunidad de Puan.
La tragedia habita en lo inesperado, en lo absurdo y cuando llega conmueve, golpea y desespera.
La muerte, por más previsible que se muestre, se trate ya de personas de edad muy avanzada, o cuando es inexorable por algún mal irremediable, igual deja marcas.
Tal vez lo que pueda diferir (o no, es una mirada personal) es el proceso, que marca cuán rápido corren las agujas del reloj, hasta que alcanzamos a procesar el duelo.
Este tipo de pérdidas existen para recordarnos lo efímero de la existencia humana.
Las desgracias, los infortunios, los trágicos desenlaces, no pueden controlarse y eso, como seres humanos, acostumbrados a controlar casi todo, nos desarma.
Allí parado, detenido en un punto, está el destino, ese punto culminante hacia el que caminamos, a veces solos, otras veces acompañados, en ocasiones con paso seguro y también a ciegas o a tientas.
Casos como el de Cristina y otros anteriormente ocurridos, por ser personas jóvenes, por la forma en que concluyeron su paso por esta vida, causan un dolor enorme.
Como seres racionales tratamos de comprender, buscar explicaciones. Pero no las hay porque existen hechos que no tienen respuesta. Suceden y punto. Y eso nos desvela, nos hace sufrir. Y ese sufrimiento aumenta y se hace visible de acuerdo a la lejanía o cercanía que teníamos con esa persona.
Los que los acompañaban en esta vida, en especial sus amores, sus afectos más cercanos, con quienes transitaban momentos de felicidad y también de los otros, no tienen consuelo.
Por eso, ante estos casos, deben primar el silencio y la compañía. Las palabras, el bien intencionado, pero inútil “fuerza mengano o zutano”, creemos que están de más. Hoy no hay fuerza ni nada, no se puede tener fuerza, cuando todavía el golpe de perder un ser querido duele en cada célula, en cada fibra del corazón.
Ellos, los que nos hacen falta, se van a extrañar siempre, porque, además de ser buenas personas, fueron parte activa de la comunidad y ponían su cuota de esfuerzo, ya sea desde sus actividades privadas, o desde la labor como empleados, preocupados por el crecimiento de su comunidad.
A quienes hacemos Todas las Voces Puan, solo queda enviar nuestros respetos, y un cálido abrazo a sus familiares y afectos, en especial a uno de esos “afectos” (Valerio) lo conocemos desde hace muchos años y guardamos de él grandes y gratos recuerdos.