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Guillermo J. Etcheverry: “Vivimos épocas de pedagogía compasiva, porque se piensa que los chicos son víctimas del sistema”

2El ex Rector de la Universidad de Buenos Aires, se refirió así a la actualidad del sistema educativo argentino. Y opinó acerca de la disposición del gobierno bonaerense de volver a colocar aplazos en el boletín de los alumnos de primaria. Señaló que esa medida se queda sólo en lo instrumental.
“Escuché a más de un padre decir que “el nene o la nena se quedó estudiando el fin de semana”, como si hubiesen hecho una contribución a la humanidad que mereciera el premio Nobel. Cuando en realidad el chico o la chica hicieron lo que tenía que hacer”, expresó en una interesante nota con Nelson Castro, en su programa de TN El Juego Limpio .

Para el académico en Argentina existe un “cierto desinterés por la cuestión educativa., más allá de lo que se dice”.
“Hay que poner más respeto en la tarea docente. No hay un sistema educativo que sea de calidad si no tiene docentes de calidad. Todos los países que han mejorado su sistema educativo, han mejorado sus docentes.
Argentina tiene unos 1300 centros de formación docente. Eso es malísimo, porque los países desarrollados tienen 30 0 40. Es muy difícil garantizar la calidad de más de mil institutos”, explicó Etcheverry.
Sobre ese tema, el escritor Gonzalo Santos, presentó recientemente su último libro “(De) Formación Docente”, siendo testigo directo de la decadencia del sistema, ya que él además es profesor en uno de esos institutos.

Calidad
1Para el ex rector de la UBA, la docencia no se puede convertir en una alternativa para personas que no encuentran otro trabajo.
“En Ecuador, donde se hace una reforma educativa muy importante, luego de terminar el secundario, los alumnos deben rendir un examen y sólo ingresarán a la Universidad, ya sea a medicina, abogacía, ingeniería o para formarse en la labor docente, los más altos puntajes.
Es importantísimo lo que hacen los docentes, y deben ser bien remunerados. El docente gana poco, porque a nadie le importa lo que hace.
Hay que pensar en la calidad de la educación. En qué es lo que se enseña. Acá vemos las cosas desde el lado instrumental: si le ponen suficiente, insuficiente, o si reprueban con 1, 2, 3 o 4. Cuando el punto está en preguntarse qué aprenden los chicos”, manifestó.
Y continuó: “vivimos en épocas de pedagogía compasiva, porque se piensa que los chicos son víctimas del sistema escolar. El sistema tiene algo que chicos y padres quieren, que es el título; y el sistema pone condiciones”.
Para el especialista en educación, se experimenta una especie de opresión, cuando los padres ven en sus hijos a los “oprimidos” del sistema.
“Escuché a más de un padre decir que “el nene o la nena se quedó estudiando el fin de semana”, como si hubiesen hecho una contribución a la humanidad que mereciera el premio Nobel. Cuando en realidad el chico o la chica hicieron lo que tenía que hacer.
“Se considera a los chicos “explotados” por la escuela, y se los quiere liberar de esa explotación, cuando en verdad lo que está roto en el fondo, es el pacto educativo, el pacto que vincula a padres y maestros en la tarea de educar.
Hoy padres e hijos están asociados en contra de la institución escolar. Hay que volver a recrear a la escuela como algo importante, los chicos merecen que les enseñemos algo, y merecen que les demos una visión de sus posibilidades como seres humanos.
Hesíodo, un poeta griego que vivió 2800 años AC decía: “educar a una persona es ayudarla a aprender a ser lo que es capaz de ser”.
La educación es una tarea de ayuda, una tarea de personas, no de máquinas. Es una tarea de ejemplo”, concluyó.