Bruno Pradines, entre los 12 argentinos convocados por la FIFA para colaborar en el Mundial

El suplemento “Cancha Llena” de la Nación publicó el último 3 de junio una nota titulada “La otra selección argentina”. Allí, el periodista Nicolás Balinotti cuenta que son 15 mil las personas de todo el mundo que concurrieron a Sudáfrica como voluntarios para colaborar en los aprontes de la Copa del Mundo.
“Bruno, Juan Pablo y Leonardo también juegan el Mundial. Ellos son tres de los 12 argentinos que están diseminados por las nueve sedes.
Ser voluntario es una suerte de pasantía que se ofrece desinteresadamente para colaborar con la organización de un acontecimiento, en este caso, el Mundial. Para Sudáfrica 2010, la FIFA recibió casi 50.000 solicitudes desde diferentes puntos del planeta. Desde la Argentina, aplicaron unos 100 aspirantes. ¿Los requisitos? Hablar inglés, tener interés en desarrollarse en algunas de las nueve áreas que incorpora voluntarios, y contar con un dinero ahorrado para afrontar los gastos en movilidad hasta el país anfitrión.
En un país en el que se hablan 11 idiomas y en el que de a poco se respira un aire cosmopolita, quizás no sea tan común escuchar una voz familiar. En ese contexto, las voces argentinas fueron una bendición.
Bruno Pradines tiene 35 años y trabaja como voluntario en el sector de Administración del Comité Organizador. Es de Puan, provincia de Buenos Aires, y aspira a progresar en el managment y marketing deportivo. “Eventos de esta magnitud te dan la posibilidad de ganar experiencia en organización, sumar contactos y conocer gente”, dice Bruno, que también estuvo en Alemania 2006.
Juan Pablo Flores Marozzi tiene 24 años y nació en Perú, pero vivió toda su vida en Almagro. Se recibió de periodista deportivo en la escuela del Círculo y encontró en el voluntariado una oportunidad para progresar en su inglés y ser testigo de un Mundial. Coincide Leonardo Colautti, un estudiante platense de 26 años con el que Juan Pablo trabaja en el sector de prensa.
En la carta de aplicación el interesado debía escoger la sede a la que le gustaría ir. Ellos eligieron Johannesburgo. ¿Por qué? “Si bien Ciudad del Cabo es más lindo y más turístico, quisimos venir acá para quedarnos hasta la final”, dicen casi a coro Juan Pablo y Leonardo.
A diferencia de mundiales anteriores, en Sudáfrica, el comité organizador de la FIFA tuvo la saludable decisión de incentivar a los voluntarios con el pago de un viático y una comida diaria. Los gastos de hospedaje y movilidad corren por cuenta de cada uno y a veces el dinero no es suficiente. Por eso, Bruno y Juan Pablo agudizaron sus buenos contactos y las amistades, y viven gratuitamente en una casa de familia, en el barrio Hellans Park. Leonardo, en cambio, alquila a precio de oferta una casa en Suideroord junto con voluntarios de España, Corea y Brasil. Ellos también juegan el Mundial. Ellos son la otra selección”.

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