Los niños en tiempos de aislamiento

¿Cuántas veces quisimos quedarnos en casa? ¿Cuántas veces quisimos tiempo para “no hacer nada”? Al parecer… ese tiempo llegó, pero no de la forma que lo esperábamos. No con la libertad que lo deseábamos.

A los niños les pasa algo similar, de un día para otro no pueden salir, parece que anda un extraño visitante invisible que nos hace quedar en casa. Y sí, aparece el desconcierto, la inseguridad, la incertidumbre. Las mismas emociones que nos invaden a nosotros adultos. Algunos niños tienen la capacidad de comprender de qué se trata todo esto, a otros niños, debemos darles otras herramientas.

¿Organizar una rutina? Pedirlo desde afuera, sugerirlo, parece simple. Pero la realidad de cada familia nos excede. Por eso, en este momento resulta imprescindible la empatía, esa capacidad para ponernos en el lugar del otro, de la familia de cada niño; en este caso, de la realidad de cada niño.

Resulta fundamental atender las necesidades y demandas de cada pequeño, teniendo en claro que más allá de la situación, son los adultos quienes deben imponer los deberes y obligaciones necesarias para una convivencia factible y pacífica para todo el grupo familiar.

Es necesario, dentro de lo posible, sostener rutinas, pero siendo flexibles; ya que la vida continúa como suele escucharse, pero el tránsito por la misma se ve afectado por un incidente crítico que, a nivel mundial, sobrepasa las posibilidades de cada sujeto para poder afrontarlo con los recursos que comúnmente suelen emplearse.

Por esto, los adultos mismos se ven obligados a modificar o crear nuevos hábitos diarios, para poder seguir respondiendo a las responsabilidades que a cada uno le compete, en relación  a lo laboral, cuestiones familiares o sostén del hogar.

Sabemos que se debe garantizar la – tan escuchada actualmente – “continuidad pedagógica”, y claro que la escuela en este sentido está haciendo una labor importantísima.

Es sumamente valioso como los docentes, han incorporado en pocos días gran cantidad de métodos, herramientas y plataformas virtuales para acercarse a sus alumnos, pero ¡ojo!, como hemos leído en algún lado, “cantidad no siempre es calidad”.

En la escuela los niños, cuentan con un encuadre específico, donde todo se reduce al enseñar y al aprender, más allá de los vínculos y actividades extras que tengan lugar; donde además esta la seño a disposición ante cualquier duda, están sus compañeros, se promueve la socialización y prevalece el apoyo de aquellos profesionales que saben enseñar.

En casa es diferente. Porque la casa, es la casa… Es probable que para algunos, las tareas del cole impliquen un tiempo ocupado, una forma de realizar alguna actividad, de dejar a un lado tanta tecnología. Pero también puede suceder, que a algunos niños, les cueste mucho trabajo reestructurar todo lo que hacen en el cole, ahora en el hogar, ya que se dificulta lograr una adecuada concentración, sostener la misma atención.

También ocurre que hay niños que no cuentan con la disponibilidad de un “otro” adulto o mayor que los acompañe en esta tarea. Y si cuentan con él, es esperable también, que no muestre la predisposición adecuada para hacerlo. No porque no lo desee, si no porque la misma situación de incertidumbre, angustia y malestar que nos invade a todos, dificulta también poder estar pacientes y tolerantes ante ciertas situaciones.

Hoy, no se preocupen por el regreso a la escuela, los docentes son grandes expertos que encontrarán a cada niño donde está y volverá a marcar y acompañar el camino del aprendizaje. Si los adultos estamos estresados, no podremos enseñar de forma eficiente a niños que también están estresados, esto, neurobiológicamente, se presenta como una imposibilidad.

En conclusión, la sugerencia es respetar los tiempos, las posibilidades y las fortalezas de cada niño, con el acompañamiento amoroso y respetuoso de cada adulto de la casa. Cuando cada niño pueda, como pueda y de la forma que pueda, esa es la clave.

Ningún niño se va a olvidar cómo se vivió este período de aislamiento en su hogar. Habilitemos momentos de escucha, de preguntas, aprendamos a ser flexibles, a esperar, a respetar las emociones de nuestros hijos. Aprenderemos muchas cosas: a tolerar la frustración, a manejar la ansiedad, a esperar pacientes, a valorar los abrazos, a descubrir fortalezas y, sobre todo, a poder re-encontrarnos.

Como dijo la Dra. Alexia Rattazzi, les deseamos AMOR, SENSATEZ y CALMA.

  • Nerea Giménez – Lic. en Psicología M.P. 1602
  • Julieta Stiep – Lic. en Fonoaudiología – M.P. 5105

ENSEMBLE Espacio Profesional – Lamadrid 135 – Puan

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