Una historia de coraje y superación desde el otro lado de la Cordillera

El último día de Enero, Gerardo Alexis Parra Eriz cumplirá 31 años. Su historia no pasaba de ser la de un joven chileno más que transcurría su vida alternando proyectos, salidas con amigos y prácticas de fútbol. Hasta ahí nada fuera de lo común.

Para situarnos geográficamente, Gerardo vive en Ranguelmo, una localidad de la comuna de Coelemu, Provincia de Itata, Región de Ñuble en Chile., situada en la zona centro-sur del país trasandino, a la altura del norte de la Provincia de Neuquén.

El 30 de Agosto de 2016 sería la fecha que “marcaría un antes y un después en mi vida”, escribió en su autobiografía “Sigo avanzando” (No hay excusas), aparecida en 2018 bajo el sello editorial de Jotace Impresos. En el libro, Gerardo cuenta, además de su vida, lo sucedido en aquel terrible accidente

“Nos fuimos con Gonzalo en su auto a Coelemu, el día estaba gris, estaba lloviznando, de esa llovizna que deja resbaladizo el pavimento, salimos de Ranguelmo ilusionados con nuestro proyecto, pero el destino, la vida, Dios, no sé… tenía otra cosa preparada para nosotros (…)

Llegando a las 4 pistas, cerca del puente Ranguelmo, perdimos el control del vehículo, y en forma de trompo impactamos contra un  camión aljibe que venía en dirección contraria y entonces comenzó la pesadilla (…) El impacto fue tan fuerte que cobró la vida de mi amigo Gonzalo y la mía quedó pendiendo de un hilo”

Tras la tremenda colisión, Gerardo estuvo, en total, siete minutos en paro, porque su corazón se detuvo en varias ocasiones. Fueron pasando las vicisitudes, y más tarde se sometió a un sinnúmero de intervenciones quirúrgicas para ganar calidad de vida.

Hoy, con un 85 por ciento de su movilidad afectada, continúa mirando hacia el futuro, confiando, creyendo que los sueños pueden hacerse realidad, y que más allá de todo, siempre vale la pena estar vivo.

Gerardo es un símbolo, un emblema de lucha y superación, una historia de la que supimos por su amiga Cintia, una joven de Puan que lo conoció por las redes sociales. Hace unos días, conversamos con Gerardo y de esa charla surgió la entrevista que a continuación reproducimos.

Junto a sus padres Juan Guillermo e Isabel del Carmen

-Gerardo… ¿Cómo surgió la idea de escribir tu libro “Sigo avanzando” (No hay excusas)?

De mi amiga Carla Gutiérrez, hermana de mi amigo Fernando Cáceres fallecido lamentablemente en el accidente. Un día pasó a saludar y me dijo: “oye: podrías escribir un libro”. Se refería a qué yo siempre le contaba mis historias vividas antes del accidente. Ella las encontraba entretenidas y eran el contraste del cambio radical en mi vida. Además, mi historia podía ayudar a las personas, porque yo siempre estaba optimista, a pesar de todo quería seguir viviendo lo más posible. Comencé a escribirlo y a enviarle los capítulos a Carlita para que los leyera. Sandrita es hermana también de mi amigo Fernando, es la mejor profesora de lenguaje y fue la encargada de editar mi libro e hizo el prólogo.

-En tu autobiografía a Ranguelmo la llamás “La ciudad de la furia”… ¿Tienen algo que ver con la canción de Soda Stereo?

Sí. Me siento identificado con la parte de la letra que dice: “Donde nadie es parte de mí y yo soy parte de todos”. Ranguelmo es una ciudad pequeña, y aun así, después del accidente, sentí que había mucha gente que yo no conocía, pero ellos sí me conocían.   

-¿Cuál fue el momento más difícil que pasaste en todo tu tiempo de recuperación?

Hay dos momentos y están en mi retina. El primero relacionado a mi recuperación, fue la primera operación de columna, muy compleja, diez horas sometido a esa intervención quirúrgica en la cual perdí bastante sangre. Me derivaron a la Unidad de cuidados intensivos (UCI). Por los sedantes, despertaba de a ratos, estuve 2 días ahí, tenía muchas alucinaciones, producto de la fiebre. En esos momentos, yo golpeaba la cama clínica para que me ayudaran a salir de esas alucinaciones. Yo no podía hablar producto de una traqueotomía y en el hospital pensaban que estaba haciendo escándalo. Entonces, me amarraron la única mano que podía mover, lo hicieron para no lastimarme, y eso me desesperaba porque no me podía comunicar para decirles lo que ocurría de verdad.

La segunda vez fue cuando íbamos en ambulancia con mi papá y mi mamá a un control por la operación en mi brazo. Chocamos. Mi papá iba al lado del chófer y, como mi mamá iba atrás conmigo sosteniendo mi brazo, no pudo sostenerse a sí misma y por el impacto se golpeó la cara, quedando totalmente ensangrentada. Esa experiencia la pueden leer en el libro. Está todo ahí.

Con su amiga Carlita presentando el Libro en el Canal 9 de Concepción

-Te preguntaste en algún momento ¿Por qué a mí?

Cuando empecé a estar más consciente y a saber un poco más de lo sucedido (yo no recordaba, ni recuerdo aún. En mi libro está todo detallado) traté de nunca pensar en el “¿Por qué?” Es la única pregunta sin respuesta. Menos aun me pregunté ¿“Por qué a mí”? Eso me ayudó mucho para no caer en la depresión. Pero hoy en día estoy más insensible conmigo mismo, por todo lo que pasé y me lo he preguntado. Aunque no lo recomiendo para nada porque no hace bien. Lo mejor es pasarla por alto, pensar que sucedió porque se dieron todas las condiciones necesarias para que ocurriera, lamentablemente, el accidente, y así no cuestionar nada ni culpar a nadie, porque solo sucedió.

-¿De dónde pensás que sacaste fuerzas para recuperarte?

Nunca se me pasó por la mente estar en esta condición, por lo tanto fui sorteando los obstáculos, improvisando… o al menos eso pensaba en un principio. Pero cuando pasó el tiempo y me di cuenta que la mayor parte de mi vida, antes del accidente, me fue preparando para soportar todo esto.

Un ejemplo claro lo viví con mi abuelito Lucho (Ya descansa en paz). Siempre fui muy cercano a él, desde “cabro chico” cómo dice Alexis Sánchez.

El abuelo tuvo muchas dificultades físicas en su vida, por ejemplo a sus 36 años sufrió la amputación de una pierna, pero él continuó igual con su vida, encontró a su fiel compañera, mi abuelita Elsa, con quién formó una gran familia de quienes estoy y estaré eternamente agradecido, por todo el apoyo que me han brindado.

En el año 2000 perdió la vista por un glaucoma, aún así continúo con su vida dando todo su esfuerzo para hacer cosas que para mí eran normales, porque lo veía siempre. Pero si lo pienso bien, eran cosas extraordinarias. Por ejemplo: se subía a techo de la casa por una escalera portátil de madera (construida por él) para limpiar el cañón de la estufa. No porque alguien no le ayudará, por qué la mayor parte de las veces lo hacía yo, pero era necesario para él hacerlo personalmente.

También la fuerza viene de mis padres, personas de mucho esfuerzo, lo que tienen y lo que tengo ahora es gracias a sus sacrificios. Digo “lo que tengo” porque vivo con ellos.

El día en que los médicos lo autorizaron a usar la silla de ruedas

También me preparó para esto haberme criado en mi querida Ciudad de la Furia, Ranguelmo, ya que al ser rural (campo), siempre había que hacer el triple de esfuerzo para lograr las cosas. Todo eso y más me ha mostrado hoy en día que sirvió de preparación para momentos difíciles cómo el que vivo hoy.

Hay una frase bien coloquial que se les escucha a los más antiguos de acá. La frase es: “nosotros fuimos alimentados con harinao y no con agüita de apio”. En el libro podrán saber más sobre mi abuelito.

-En los siete minutos de paro que tuviste tras el accidente, experimentaste alguna visión similar a la que tienen otras personas que suelen ver una luz o una presencia divina?

No tuve experiencias paranormales, pero sí después. Luego del cuarto paro, en el Hospital de Chillan, el doctor habló con mis padres para que entrarán a despedirse porque yo no sobreviviría por la magnitud de las consecuencias físicas dejadas por el accidente. Pero mis padres tenían Fe de que no iba a morir, yo estaba prácticamente agonizando. En ese momento, mi papá me sostuvo la mano con fuerza y me alentó con palabras que nos decíamos siempre. Estaba en eso, cuando mi cuerpo comenzó a reaccionar, palpitando bruscamente mi corazón, como diciendo “tranquilos, estoy aquí y no me voy aún”. El personal de salud sacó rápidamente a quienes estaban “despidiéndose”. Mi papá, forzosamente, trataba de seguir sosteniendo mi mano, pero lograron sacarlo y a mí me cambiaron a otra sala para ver si sobrevivía más tiempo. Fue ahí cuando entré en estado de coma por 26 días, para después entrar en otro paro que también superé.

Ustedes dirán: “es un milagro”, pero no es algo tan sobrenatural. Aquí es cuando les digo que sí es sobrenatural porque todo lo que acabo de contar se lo dije a mi papá. Ahí él me comentó que era imposible que recordara eso. Pero lo recordaba, quién sabe cómo pude recordar eso. Creo que nadie… pero lo recuerdo.

La habitación de Gerardo decorada con los colores del club de sus amores: la U de Chile

-¿Siempre te apoyaste en tu Fe o hubo momentos en que te enojaste con Dios?

Desde un principio le di las gracias por mantenerme con vida, pero después de un tiempo de volver del hospital me pasaron más cosas. Una trombosis venosa profunda y el accidente en la ambulancia que ya mencioné. Aún así, seguí estoico frente a la adversidad, pero me siguieron ocurriendo cosas y fui perdiendo la Fe. No por pensar que Dios no escucha, pero  sentía que a mí no me escuchaba.

-Luego del accidente vino tu recuperación paulatina, pasaste por operaciones y tratamientos… ¿Fue complicado para tu familia hacer frente a los gastos que deben haber sido bastante onerosos?

Con la condición de un 85 % de discapacidad física, aparecieron muchos gastos para mis padres. Nunca dejaron de visitarme y, cómo viajaban a diario, debían costear boletos de bus, comidas diarias etc. Yo estuve en muchos hospitales por diferentes problemas físicos, operaciones, heridas en el cuerpo y eso involucra insumos muy costosos para las curaciones. Para muestra un botón: hoy en día tengo dos úlceras de presión, una desde hace casi dos años. Luego, me apareció otra y terminé en el hospital. Hoy ya estoy en mi casa, pero a mis papás les  salió bastante caro, por ser insumos especiales y el sistema de salud público no entrega todo lo necesario.

El primer gasto que tuvieron mis papás, gracias a mí, fue porque mi habitación estaba en el segundo piso y tuvieron que construir una habitación adaptada. Han gastado mucho.

-Pasaron más de dos años desde que terminaste el libro… ¿Cómo has vivido este tiempo?

Ha sido un tanto extraño porque de primera, a muchos que lo leyeron les ha gustado. Me dijeron que esperan el segundo libro. Pero no tengo muchas ganas porque creo que ya cumplí  mi obligación (digo obligación porque soy un convencido… cuando alguien puede ayudar tiene la obligación de hacerlo).

Con mi libro sé que ayudé a mucha gente, ahora espero cruzar la frontera para seguir ayudando, a través de mi experiencia escrita con mucha sinceridad, bien simple. Para experimentar esa cercanía que los lectores han sentido. Aquellos que lo lean ahora, espero lo sientan y les ayude mucho.

En un partido del Deportivo Ranguelmo,,donde juega su hermano

– ¿Cómo estás físicamente? ¿Qué cosas has logrado?

No estoy bien, quedé con 85% de discapacidad, a eso se le sumó la trombosis en mi pierna izquierda. Mi operación en el brazo no funcionó y me causa mucho dolor, más algunas infecciones.

Es importante saber que la mente es más fuerte de lo que creemos, porque muchas veces he logrado neutralizar el dolor. En estos años pude sentarme en la silla de ruedas sin que baje mi presión arterial, logré respirar sin ahogarme tanto. Ahora, por mis heridas, estoy con reposo absoluto desde el año pasado. Si me preguntan cómo estoy físicamente la respuesta en seco es “Mal”. No por ser negativo o algo parecido, soy honesto.

Aprovecho este medio para agradecer a mi amigo Eduardo Romero, enfermero de profesión, quien apenas se enteró de lo ocurrido me ofreció su ayuda desinteresada. Es quien se ha encargado este último tiempo de evitar qué yo vuelva al hospital. Es una tremenda persona, muy solidario… cercano. Y encima somos hinchas de nuestro amado Club Universidad de Chile. Además, es uno de los fundadores de La Banda Coelemu Azul a quienes también agradezco por toda su preocupación y ayuda, siempre realizando ayudas sociales para quienes lo necesiten. Quiero reiterarlo, la mente es poderosa.

– ¿Cuáles son tus proyectos?

Mi proyecto más cercano es, en Abril próximo, volar en parapente, porque es un mes ideal para los vuelos perfectos. Y por mi condición debe salir todo a la perfección, tengo confianza que será un muy buen vuelo. Abril… ¡Cómo te espero para poder volar y volar!

A lo mejor dirán: “ese no es un proyecto”, porque generalmente los proyectos se asocian con trabajo o emprendimientos. A mi modo de ver, el mejor proyecto es disfrutar todos los momentos que nos regala la vida, eso es muy valioso.

Mi otro proyecto es guiar las series menores de fútbol de mi querido Club Deportivo Ranguelmo, quiero seguir ligado a lo que más me gusta, y qué mejor ahora desde el lado de la experiencia, para ayudar a los más pequeños. Ese plan tenía fecha, pero la pandemia cambio todo lo que se podía o no hacer.

Mi otro proyecto es poder recuperarme un poco más aunque sea.

-¿Cómo ha modificado tu vida este tiempo de pandemia?

En mi cotidianeidad cambio solo el no poder recibir visitas cómo antes, porque cuando tuve la trombosis me dieron 8 meses en cama, sin poder levantarme, encerrado en mi habitación. Por eso, ya venía un poco preparado. Ahora en pandemia, con mucha más tristeza al saber de la gran cantidad de fallecidos por el maldito Covid.

-¿Sigue en pie tu visita al Salar de Uyuni?

No, al menos que la oportunidad se diera de improviso y estén mis condiciones físicas aceptables. De acuerdo a mi criterio propio, en lo personal, pienso vivir disfrutando cada momento que sea posible. Por eso, no es una prioridad, mi prioridad principal hoy es seguir viviendo.

La tapa de su libro autobiográfico

-Contanos un poco sobre la foto de la tapa del libro… ¿Qué quisiste representar con ella?

La imagen de la portada surgió de mi pensamiento. Jugaré un poco con las palabras para poner un poco de humor diferente que me encanta.

Aparezco sentado en la playa. A la foto me la tomé días antes, en una salida a pescar con mi mejor amigo Mario Andrés Sánchez y Sixto Fuentealba, otro amigo. Esto pasó antes de mi accidente y fue tomada el último día en el que recuerdo haber estado bien (no accidentado).

Luego del choque, revisando mis fotos, recordando el pasado, me puse a pensar qué pensativo estuve ese día… pensaba en que todo seguiría normal, sin advertir que sería la última vez que pensaría eso.

En la otra imagen estoy sentado en la silla de ruedas con la luz del sol en la cara. La captura fue hecha la tercera vez que me sentaba en la silla, pero la primera vez que entraba a ese lugar después del accidente,

La observé pensando en qué podía estar pensando en ese momento, eran pensamientos nuevos, de un nuevo Gerardo, un Gerardo más pensativo.

Era obvio porque no dejaba de pensar en qué podía haber estado pensando ese día, sin pensar que después pensaría en qué pensaba en esa foto.

Pensaba en que podía unir las dos fotos, en una pensando en nada, solo mirando, antes del accidente, creando la sensación de estar pensando en la vida antes del accidente, con la foto en la que pensaba muchas cosas de la vida disfrutando el sol.

Cuando pensé eso, habíamos tres Gerardos pensando. Uno el que está en la imagen pensando en nada sin pensar todo lo que piensa ahora. Otro, la imagen en silla de ruedas en la que estoy pensando que ese día pensé muchas cosas que antes no pensaba pensar. Y la tercera foto, observando la foto en la que no pensaba en nada sin pensar que sería la última vez de un pensamiento en blanco y viendo la imagen en la que estoy en silla de ruedas pensando en todo, pero sin pensar que después pensaría utilizarla junto a la otra imagen cómo portada de mi libro autobiográfico de pensamientos y recuerdos “Sigo Avanzando” (no hay excusas).

Así pienso ahora que sé que se puede jugar con palabras, cosa que antes ni siquiera pensaba. Sí les gusto el juego de palabras me lo hacen saber o al menos piénsenlo. Les dije que era un humor diferente, no me castiguen por ser tan aburrido (se ríe).

-¿Cómo pueden hacer para conseguir tu libro las personas interesadas en leerlo?

El libro lo pueden conseguir comunicándose directamente a mi Instagram solicitando el libro por Direct. Mi Instagram es @gerar_vivitoaun. Y mi Facebook es Gerardo Alexis Parra Eriz

El libro se enviará inmediatamente.

El precio del libro será lo que surja del cariño del lector, llamaremos así a ese valor porque será lo que quieran obsequiar. Cerveza para pasar el calor, camiseta de Racing, un mate, una buena conversación o el simple pero cordial “Gracias”. 

-¿Te gustaría agregar algo más que no te hayamos preguntado?

Después de este tiempo, estando en esta condición, he pasado momentos muy difíciles, por todo lo que conlleva estar en estas condiciones  de discapacidad física. Pero también por la atención de la salud pública que aquí deja mucho que desear. Ha mejorado un poco después del 18 de Octubre de 2019 con el estallido social. Tengo fe en que si continuamos alzando la voz, podremos obtener muchos más logros. Seguiremos, hasta que la dignidad se haga costumbre, porque tanto la salud como la educación son y deben ser siempre un derecho, no una muestra de caridad como piensan algunos.

Espero que les haya gustado está entrevista, y a quienes lean el libro ojalá también les guste y sirva de mucho.

Padres y hermanos acompañando a Gerardo en los momentos más importantes

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