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Conociendo a “Las Pelotas”, la banda que llegará a Puan para la FNCC

Las Pelotas, grupo emblema del rock argentino fue fundado en 1988, en la ciudad de Hurlingham, Buenos Aires tras la muerte de Luca Prodan, líder de Sumo, con una base formada por ex integrantes de aquella banda. En 1990 se establecen en Córdoba, pero poco después se mudan a Capital Federal donde actualmente residen.
Tras la muerte de Luca Prodan, cantante de Sumo, el 22 de diciembre de 1987, sus integrantes Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Roberto Pettinatto, Alberto “Superman” Troglio y Germán Daffunchio deciden reflexionar acerca del futuro de la banda. Daffunchio y Timmy Mc Kern (productor de Sumo y amigo de Luca) vuelven a las sierras cordobesas y el resto de la banda se queda ensayando en una sala del Palomar. El 5 de marzo de 1988, ya sin Luca Prodan en escena, Sumo se presenta en el Chateau Rock, con Daffunchio, Mollo, Pettinato, Arnedo y Troglio.
Todos los integrantes vuelven a Buenos Aires, menos Germán Daffunchio, quien se queda junto con Timmy en Córdoba.
Al poco tiempo Pettinatto se va a España y forma una banda llamada Pachuco Cadáver, Troglio decide no seguir ensayando en Palomar y Arnedo y Mollo forman Divididos. Para ese entonces Daffunchio llama a Troglio y este se va a Córdoba, donde comienzan a ensayar. Viajan nuevamente para Buenos Aires en busca de un cantante, y llaman a Alejandro Sokol, ex Sumo y amigo de Daffunchio, que tenía una banda en la cual cantaba y se llamaba Sokol. Los tres van a Córdoba y comienzan a sacar temas y a darle forma a su nueva banda.
Para completar la formación, llega a Willy Robles en el bajo, quien llegó hasta las sierras a dedo. El 5 de noviembre de 1988, la banda da su primer show en vivo, en el Dallas Pub, en el barrio porteño de Villa Luro

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22 años después
Gabriela Martínez forma parte de Las Pelotas desde el año 1994, cuando la banda editó Máscaras de sal. Veintidós años después se convirtió en un integrante fundamental de este grupo, que supo ser de culto en sus inicios y con los años se terminó convirtiendo en uno de los más representativos de la escena musical argentina.
Un mes atrás estuvieron en la ciudad para abrir el show de Aerosmith. Ahora, regresarán este sábado y domingo para presentar en el Teatro Sala Ópera el nuevo álbum editado este año, Brindando por nada, su disco de estudio número once.
La bajista contó el camino recorrido y reflexionó sobre el rol cada vez más preponderante de las mujeres en el mundo musical.

—Este disco es más introspectivo que los anteriores, ¿a qué se debe?
—Yo creo que a medida que pasaron los discos fuimos perfilándonos más para este lado. Ya en los últimos viene siendo más colectiva la composición. Tiene que ver con irnos conociendo, con los sonidos que buscamos. La idea original es tratar de componer entre todos, y a través de los años llegamos a una intimidad que nos permite largar desde adentro.

—¿Cómo es llegar al estudio ahora?
—Con los años sale más fácil lo que cada uno quiere dar. Poder llegar a grabar el disco no es tan complejo como hace 20 años. Antes era un esfuerzo infernal. La diferencia es que para llegar a grabar los bajos pasé por 200 etapas previas antes. El trabajo de preproducción es tan importante que el momento de la grabación se vuelve mucho más veloz. Llegamos a veces con la preproducción y no necesitamos regrabar tomas por lo bien que están.

—O sea que la expectativa está puesta en mostrar la canción al público, ¿hay nervios?
-Sí, por suerte existen. Todo queda más librado a la emoción porque lo técnico está más resuelto. Uno se sigue poniendo nervioso, y a la hora de tocar también. Antes del show estamos tranquilos, pero cuando está por arrancar empezamos a caminar ansiosos.

—¿Sentís el reconocimiento y cariño del público y del ambiente musical?
—Sí, desde hace unos años siento mucho afecto del resto de los músicos y de la gente que se mueve en este ambiente. Pero de eso me empecé a dar cuenta hace cinco años atrás. Lo comencé a sentir y es muy lindo.

—Tocaste con los Rolling Stones y con Aerosmith, ¿qué te impresionó más?
—La verdad que los Stones me marcaron, porque fue monstruoso. Nosotros tocábamos en lugares muy pequeños. Fue la primera megaproducción que vi desde adentro. Después uno empieza a crecer y a mirarlo desde otro lado. Están buenos los desafíos como el de Aerosmith, que tiene un público muy respetuoso que nos escuchó. La pasamos muy bien.

—Sos una de las primeras mujeres que ingresó en una banda totalmente compuesta por hombres, ¿sentís un avance?
—Por suerte sí. Ver a la mujer que se anima a subir al escenario y mostrar lo suyo, cuando entré en Las Pelotas era una cosa muy extraña. Ahora, por suerte, ya no. Y me parece que así debería haber sido siempre. Ahora es mas natural. A mí siempre me trataron con mucho respeto, tanto mis compañeros como el público. Pero en su momento era una cosa extraña, aunque por suerte no me importó (risas).

—¿Dónde te ves dentro de diez años?
—Espero seguir arriba de los escenarios tocando con Las Pelotas y sintiendo lo mismo que siento ahora.

El Bocha Sokol, siempre presente
Alejandro “Bocha” Sokol falleció de un paro cardíaco el 12 de enero de 2009 mientras esperaba un micro de larga distancia en la ciudad de Nono, en Córdoba. En ese momento se encontraba algo distanciado de Las Pelotas, pero su presencia continúa vigente en el recuerdo de sus excompañeros y seguidores. Gabriela lo recuerda y su tono de voz, apresurado y juvenil, baja unos cambios, se torna más solemne y serio.

—¿Se siente la ausencia del Bocha?
—(Silencio) No, no se siente la ausencia. No­sotros seguimos tocando canciones que él cantaba. Él sigue estando.

—¿Cómo te marcó?
—Rescato mucho a mi amigo Alejandro. Lo extraño. Era un compañero que me hacía reír. Con él pasaba momentos muy lindos, no solo tocando. Por ahí eso es lo que extraño.