Ceminari: “No podemos bajar la guardia, ni relajarnos frente a este enemigo”

En el marco de estos primeros cincuenta días de cuarentena, invitamos a referentes del ámbito político local para que nos brinden su opinión.

A continuación, compartimos el análisis del médico veterinario Rubén Ceminari, ex concejal del Distrito de Puan (GEN):

Tenemos la suerte de vivir en un país, ubicado en una región del planeta donde el coronavirus no dio sus primeros pasos… por ello tuvimos la oportunidad de tener tiempo para prepararnos.

Argentina es un país con muchos defectos: problemas sociales serios, una economía que desde hace décadas no encuentra el rumbo, pobreza y hambre en un país que genera alimentos para 400 millones de personas, y la  corrupción que nunca se termina… pero también con algunos aciertos, como la presencia del Estado, con políticas públicas en educación y salud, que a pesar de tener mucho por corregir, y ser siempre blanco de críticas bien fundadas, no es menos cierto que están siempre presentes en cada rincón del país, dando una red de contención fundamental, a la sociedad en su conjunto.

Creo que los argentinos tenemos incorporada una visión colectiva, consciente o inconscientemente, del valor que tiene el otro para nosotros…  donde lo humano está por encima de lo económico: el familiar, el amigo, o el desconocido que está en problemas y le tendemos una mano,  desde  las ONG a personas que, de una u otra manera, manifiestan su solidaridad a diario, en diferentes ámbitos de la vida cotidiana… por eso creo nos fue fácil de entender que el COVID19 es una enfermedad de la que nadie está libre de contraer, y que depende del accionar de cada uno de nosotros, lo que le depare  a las comunidades donde vivimos.

Seguramente que en estos días de cuarentena, todos pasamos por un profundo análisis de situación: valoramos más a los afectos,  nos damos cuenta de las cosas verdaderamente fundamentales en nuestras vidas; en retrospectiva, seguramente analizamos la importancia de utilizar el tiempo en lo que cada uno cree que es fundamental, y no malgastarlo en cosas superfluas;  de lo frágil que es la vida… de los logros que podemos obtener cuando hacemos cosas juntos, tirando todos para un mismo lado.

Toma otra significación el valor  de cada uno en la sociedad, y la importancia del propio Estado: se han visibilizado los invisibles, los que permiten que los servicios básicos funcionen, como la electricidad, el agua, las cloacas, la recolección de residuos… el gas, el combustible, la telefonía y el internet;  los trabajadores de la salud están en la primer línea de batalla contra la enfermedad; los maestros y nuestros hijos, aceptando este nuevo desafío de la educación virtual;  las personas de diferentes organismos del Estado, del sistema productivo y de logística, de la industria básica, como son los alimentos…  con compromiso en su trabajo, a pesar del miedo que a veces genera estar en la calle; todos los que fuimos exceptuados por nuestras labores, poniendo lo mejor, para sostener y acompañar el esfuerzo de los que se quedaron en casa… y todos cumplimos mayoritariamente cada premisa emanada desde el gobierno nacional, provincial o municipal: cada uno poniendo el hombro desde donde le toca estar.

Y hemos tenido un tremendo éxito: el número de fallecidos por la enfermedad en relación a la población es un dato relevante: muy bajo frente al de otros países.

Logramos retrasar la circulación viral, y por ende el contagio y los casos de enfermedad, cuando era esperable estar mucho peor de lo que estamos, después de ver lo que sucede en distintos países del mundo, con sociedades más equitativas, con mayores recursos económicos… pero con mucho menos compromiso social con el de al lado.

Estos logros han tenido un gran costo económico y social: economías familiares que ya no dan más,  PYMES complicadas por todo el país, el empleo pendiendo de lo que suceda en los próximos meses, algunas actividades con futuro cercano muy complejo, como las relacionadas a los servicios recreativos (las zonas turísticas, competencias deportivas, las agencias de viajes.. que tienen miles de empleos), y con un marcado estado de ansiedad en cada uno de nosotros: con cambios rotundos de hábitos, la falta de contacto con el otro y el encierro que nos cansa. ¿Quien hoy no desea estrechar a alguien con un abrazo o un apretón de manos? ¿Quién no sueña con  el asado en familia del domingo? ¿O con el mate compartido en el laburo, el partido de fútbol, la canchita de tejo, ir a pescar con los amigo, compartir un aula en el cole o en la universidad? Parece que fueran vivencias de hace mucho tiempo ya.

“¿Cuándo terminará todo esto? ¿Vale la pena seguir así, si no hay casos?” Son preguntas que escucho a diario en las charlas con los conocidos.

Nos falta un largo trecho por recorrer aún,  para recuperar lo que podemos llamar una “vida normal”. Hasta que no tengamos una vacuna de uso masivo contra esta enfermedad, estaremos sabiendo que cada vez que salimos a la calle, cada vez que estemos cerca de alguien,  cada vez que tocamos algo fuera de nuestro hogar, podemos toparnos con el coronavirus, y enfermarnos: cosa que no será grave para la mayoría de nosotros, pero si para dos grupos muy definidos, como son  nuestros  mayores y las personas con alguna enfermedad predisponente. A ellos debemos cuidar con todos lo que esté a nuestro alcance. Cuidar de no transportar ni trasmitir el virus en fundamental, tomando todos los recaudos necesarios. Y a su vez ellos, los más vulnerables, deben hacer el esfuerzo de mantenerse lo más aislados posibles, evitando cualquier posibilidad de tomar contacto con el virus.

Pero debemos abrir paulatinamente la actividad comercial: sin trabajar y sin dinero, es real que tampoco podemos sostener los hogares por mucho más tiempo, pero debemos hacerlo con mucha precaución, con mucho cuidado. Conscientes de que la salud de quienes nos rodean, depende de nuestra responsabilidad en lo que hacemos a diario. Sigamos cumpliendo con todas las sugerencias y normas que generan los organismos de salud del Estado.

Nos queda un invierno por delante, con frio, días cortos, enfermedades estacionales de por medio. Por eso, no podemos bajar la guardia, ni relajarnos frente a este enemigo invisible, que seguramente aparecerá en algún momento en nuestro distrito, en nuestros pueblos. A medida que aumente la actividad, aumentará la circulación viral, y la posibilidad de enfermarnos.

Paciencia, solidaridad, afecto y responsabilidad, creo son las palabras claves, haciendo lo que debemos hacer.

Y sin dudas esto pasará. Será una historia para contarle  a nuestros nietos, de un tiempo donde, sin importar las diferencias que teníamos con el de al lado, luchamos juntos, codo a codo, contra una pandemia, cosa que no creíamos posible pudiera ocurrir en el 2020, pero que colectivamente pudimos vencer.

Ojalá que cuando esta pandemia termine, sea con una vacuna declarada como patrimonio de la humanidad y de muy fácil acceso a todos los habitantes de la Tierra, y sea ese un punto de inflexión, momento para barajar y dar de nuevo, que nos permita reconstruir las sociedades y las relaciones entre los países del mundo: menos dedicadas a la concentración de la riqueza, y a la desconfianza plasmada en las carreras armamentistas. Y sí más atentas a bienestar de todos los humanos, y a la sustentabilidad del planeta, para las generaciones venideras.

Cordial abrazo para todos. Cuidémonos!

También podría gustarte Más del autor

Los comentarios están cerrados.