“Comparados con el resto de los varados en el exterior, estábamos muy bien”

Así se expresó el puanense Thomas Leonhardt al referirse a su experiencia en Andorra, donde convivió dos meses con otros argentinos, buscando alternativas para volver al país.

Su llegada para trabajar en un centro de esquí, la irrupción de pandemia en Europa y las semanas de incertidumbre que siguieron, fueron algunos de los temas abordados en esta entrevista con este joven licenciado en Administración de Empresas. De vuelta en Puan, nos cuenta sus proyectos y de sus ganas de continuar disfrutando su pasión por los deportes de montaña.

-¿Cómo surgió la posibilidad de viajar a Andorra?

En un momento decidí que quería hacer un cambio en lo que era mi vida, referido al trabajo y al lugar donde deseaba estar, e irme a algún lugar que tuviera montañas y nieve. En un principio, pensé en buscar nuevas oportunidades en el sur de Argentina. Después, por amigos de amigos, e investigando bastante, surgió la chance de Andorra y sin pensarlo demasiado me saqué un boleto a Barcelona, la ciudad con aeropuerto que se encuentra más cerca. A partir de ahí, estuve varios meses aplicando vía web a distintos trabajos, siempre apuntando sobre todo a los centros de esquí. Por suerte, un tiempo antes de la fecha de vuelo, logré conseguir trabajo en Ordino Arcalís, uno de los tres centros que posee el Principado de Andorra.

-¿Cómo es ese país?

Es muy chiquito, para que te des una idea, en superficie el partido de Puan es 13 veces más grande. A pesar de ser tan pequeño, es increíblemente lindo (más del 90% del territorio está conformado por montaña y bosque) En Argentina, un lugar que quizás se asimila bastante a los paisajes del Principado es Villa la Angostura.

-¿Cómo se vivió la llegada de la pandemia? ¿Cómo reaccionaron las autoridades de allá?

Allá no hubo dimensionamiento de lo que sucedía en el resto de Europa hasta que cerraron abruptamente los centros de esquí el 13 de Marzo y, de un día para otro, terminó la temporada invernal, que es el principal motor de la economía andorrana.

A partir de ese momento, lo que hizo el gobierno al igual que sus vecinos Francia y España, fue decretar una cuarentena bastante estricta que duró aproximadamente veinte días. Luego de esto, comenzaron a flexibilizar de forma escalonada las distintas actividades y a realizar test masivos de anticuerpos a toda la población. Creo, de momento, es el único país en el mundo que testeó a toda su población. Cabe aclarar que son entre 70.000 y 80.000 habitantes que poseen residencia en el Principado.

-A partir de ese momento, ustedes seguramente comenzaron con las gestiones para el retorno.

En mi caso particular, estuve unos quince días analizando qué hacer, hasta que surgió la chance frustrada de volver en un vuelo charter organizado por los centros de esquí y el Gobierno de Andorra. El viaje tenía fecha para el 5 de Abril desde París con la compañía Air France que venía a Argentina a buscar ciudadanos franceses. En principio estaba autorizado. Tres días antes de partir, desde Argentina finalmente no autorizaron la llegada del vuelo con pasajeros a bordo. Luego de eso, por las restricciones que había en las fronteras terrestres, aéreas y marítimas estuve aproximadamente un mes en stand by, ya que no había información respecto a cuándo volverían los vuelos internacionales.

Una vez, desde el gobierno argentino comenzaron a informar de vuelos para el mes de mayo desde los aeropuertos españoles de Barcelona y Madrid. Empecé a consultar qué posibilidades de retornar en alguno de esos vuelos tenía. Gracias a la inmensa ayuda y gestión de Vanessa Vergara logré comprar un boleto en uno de los vuelos que partía desde Barcelona.

-¿Qué respuestas iban recibiendo del Embajada Argentina?

La verdad, en mi caso particular y en el de la mayoría en Andorra, las respuestas brillaron por su ausencia. Las personas que necesitaron ayuda como alimentos, alojamiento o medicamentos, los recibieron desde el Gobierno de Andorra, porque desde la Embajada no se obtenía respuesta.

Recién cuando hubo más visibilidad de la gran cantidad de varados en Andorra, comenzaron a atender algunos casos.

-¿Cómo manejaron la ansiedad? ¿Cuáles eran los miedos más habituales en esos días?

Creo que manejamos la ansiedad como todo el mundo, comiendo bastante (Se ríe).

-Dado que ya no tenías trabajo… ¿Cómo hacías vos y tus compañeros para subsistir en el día a día, mientras tramitaban la posibilidad de regresar?

Por suerte, tanto yo como mis compañeros trabajamos durante toda la temporada y por lo tanto teníamos ahorros. Claramente, nuestra situación de varados era mejor que la de un turista por ejemplo, que debió afrontar sus gastos con tarjeta de crédito y con un recargo del 30%. Sin embargo, ya superados los dos meses sin tener ingresos la cuestión se empezó a complicar un poco.

Vista del pico más alto de arcalis que divide Francia y Andorra. Ahí mismo está la frontera

-¿De quién o quiénes recibieron ayuda?

Si necesitaban alojamiento o comida, desde el gobierno de Andorra brindaban absolutamente todo a los trabajadores temporales. De hecho, también extendieron la cobertura médica más allá del vencimiento del permiso de residencia temporal para aquellos que nos encontrábamos varados.

Por lo tanto, gracias al gobierno de Andorra, comparados con el resto de los varados en el exterior, estábamos muy bien.

En mi caso particular, como ya mencioné, recibí una ayuda enorme de Vanessa para poder acceder a la lista del vuelo que partió de Barcelona y así poder comprar el aéreo.

-¿Cuándo tuvieron la certeza de que podían volver?

En mi caso, fueron 4 días antes de que saliera el vuelo. Recibí un mail del consulado informándome que estaba dentro del listado de pasajeros del vuelo Barcelona – Ezeiza del 13 de mayo y al día siguiente me enviaron desde Aerolíneas Argentinas el link para poder efectuar el pago del boleto aéreo. Una vez que aboné los 700 euros del costo del vuelo de “repatriación”, tuve la certeza de que iba a volver.

-¿Te quedaron compañeros allá?

Por suerte, en el transcurso de esta semana pudieron volver casi todos en distintos vuelos que partieron desde Madrid gestionados por el gobierno de Andorra en conjunto con los centros de esquí y la aerolínea Iberia.

-¿El pasaje de regreso tuvo algún costo?

Si, y de hecho, pagué el boleto más del doble de lo que sale normalmente el tramo Barcelona-Buenos Aires. Cabe aclarar que, a diferencia de lo que mucha gente cree, los vuelos no son gratuitos (salvo aquellos que se realizaron a través de aeronaves de la Fuerza Aérea) y hay un enorme sobreprecio.

-¿Cómo fue el viaje de vuelta hacia Ezeiza? ¿Les hicieron alguna prueba o control al ingresar al país?

En el aeropuerto de El Prat en Barcelona, nos tomaron la temperatura y debimos rellenar varios formularios antes de hacer el check in. Al arribar a Ezeiza, fuimos transitando por un corredor donde había cámaras que registraban la temperatura y a su vez, personas que desinfectaban el equipaje de mano. Eso fue todo.

– ¿Cómo fue la vuelta en micro hasta Puan?

Bastante sufrida, en mi caso, tardé 24 horas desde Ezeiza a Bahía Blanca. Quienes iban hacia el sur, a Bariloche por ejemplo, tardaron casi 60 horas.  El micro iba absolutamente lleno de varados. Todos los pasillos estaban cubiertos por valijas, al punto que para desplazarte al baño caminabas por sobre ellas.

-¿Rescatás algo positivo o alguna enseñanza luego de vivir esta experiencia?

Como positivo todo, hasta el hecho de que transité una pandemia a más de 12.000 km de mis afectos. Todo suma.

La verdad, disfruté cada momento de la temporada al punto que sentía que eran una especie de vacaciones pagas. Mi oficina pasó a ser la montaña y podía surfear todos los días, el sueño del pibe.

-Imaginamos que hiciste muchos amigos

La verdad que si, por suerte muchísimos y de varios países. Obviamente, argentinos en un  90%, todos trabajan en la temporada invernal, son, sobre todo, gente del sur de nuestro país. Después, muchos Franceses, Españoles, Portugueses, Italianos, etc. Cada país nombrado me dejó amigos, y seguro estoy pasando por alto a alguno.

-¿Regresarías a Andorra?

¡Sí! De hecho, si se normaliza un poco la situación en Europa y la temporada de invierno se desarrolla de forma más o menos regular, seguro viaje en noviembre para otra nueva experiencia en el Principado.

-¿Hay alguien a quien quieras agradecer?

A mi familia obviamente, que siempre está al pie del cañón y a Vanessa Vergara, que gracias a su gestión pude retornar. La verdad, infinitamente agradecido con ella que sin conocerme se puso la 10 e hizo lo imposible para que pueda volver. ¡Una genia!

-¿Qué es lo primero que vas a hacer cuando se levante la cuarentena?

Ir a pescar con mi viejo. Espero que para eso no falte tanto, ya que de a poco están permitiendo realizar distintas actividades deportivas, y un buen asado con amigos, sin lugar a dudas.

-¿Qué proyectos tenés en mente para este año o el próximo?

En este momento, bastante particular por decirlo de alguna manera, se complica un poco bastante proyectar. De hecho, tenía la posibilidad de ir a trabajar al Cerro Chapelco durante el invierno. Pero de momento estoy a la espera de lo que suceda con la temporada acá.

Y para el próximo año, si la situación en Europa, y especialmente en Andorra, se normaliza un poco, cosa que creo va a suceder, espero estar nuevamente allá trabajando y disfrutando de la montaña.

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