Un bordenavense cuenta cómo es vivir en Ecuador

Milton Peralta vive allí desde hace casi un año y medio. Es psicólogo y Profesor de Karate. Tras residir más de 30 años en Mar del Plata, decidido a un cambio de vida, eligió radicarse en Quito, luego de conocer a Tania, su actual pareja. Cómo una nación hospitalaria y pacífica se convirtió en sinónimo de narcos y violencia, la crisis institucional, la militarización de las calles y el día a día en el país que hace 23 años dolarizó su economía, fueron algunos de los temas de esta entrevista.

Entrevistas 24/01/2024 . Hora: 12:32 . Lecturas: 593
Un bordenavense cuenta cómo es vivir en Ecuador
Un bordenavense cuenta cómo es vivir en Ecuador

Hace algunas semanas, nos conmovíamos con lo que ocurría en el país latinoamericano. La violencia se adueñaba de las calles, en una avanzada que protagonizaban bandas vinculadas al narcotráfico.

¿Pero qué sucede en el Estado que, hasta el año pasado, nos ponían de modelo por haber dolarizado su economía? ¿No era Ecuador hace un tiempo modelo de sistema educativo? ¿Qué pasó en un país mostrado como pujante y pacífico para que la barbarie se pasee sin escrúpulos?

Milton Peralta nació en Bordenave y allí permaneció hasta los 12 años, para luego radicarse en la ciudad de Mar del Plata. En 2022 decidió emigrar a Quito, donde vive con Tania su pareja.

Su trayectoria académica y formación fue de lo más variada. Terminó la secundaria y viajó a Buenos Aires para ser Pastor Luterano. Su proyecto no prosperó y volvió a “La Feliz”, para inscribirse en la carrera de psicología.  

Los que lo conocen saben de su afición por las artes marciales, actividad que realiza desde 43 años. Fueron 30 años de practicar la disciplina coreana del Tang soo do. Y 13 años con "Cinto Blanco", una escuela independiente de la que Milton es fundador. Además, en sus ratos libres escribe poesía y textos breves que demuestran su humor ácido e inteligente.

Con Milton nos conocemos, vivimos en Bordenave a apenas una cuadra de distancia, compartimos parte la escuela e interminables tardes de barrio, futbol y aventuras. Después, no nos vimos más, supe de él por el Facebook, el oráculo del siglo XXI. Nos comunicamos por whatsapp y acordamos la nota. Le envidio la memoria.

En la charla previa, detalladamente, recuerda de cada casa, cada patio, los baldíos, el nombre de los vecinos, el Kiosco de Ciambotti, las historias de Bordenave, mezcla de realidad y de ficción.

 Volvemos al tema que nos convoca y nos ponemos serios.

-Milton… ¿Cómo se puede explicar lo que está sucediendo en Ecuador? 

La situación se desarrolló aceleradamente en los últimos siete años, durante las presidencias neoliberales de Lenin Moreno y Guillermo Lasso. En 2017, finalizando el gobierno de Correa, la tasa de muertes por actos criminales era de 5 por 100.000 habitantes. Hoy es de 42 muertes por 100.000 habitantes. En 2022 hubo 4.603 asesinatos. En 2023 fueron 7.592.

En medio del aumento de la violencia, hubo una crisis institucional muy grave:  la Asamblea Nacional inició en marzo de 2023 el juicio político por corrupción al presidente Guillermo Lasso. El 17 de mayo, Lasso aplicó el artículo constitucional de "muerte cruzada": disolvió la Asamblea Nacional, dejando inconcluso el juicio político, pero debió llamar a elecciones anticipadas, resignando su cargo. El 19 de noviembre fue elegido presidente Daniel Noboa, quien gobernará hasta mayo de 2025, completando el período de Lasso.

Ecuador es un país pequeño, con una superficie menor a la provincia de Buenos Aires y con 17 millones de habitantes, que se autodenominaba "isla de paz", en contraste con sus convulsionados vecinos, Colombia y Perú.

Hoy esa paz se ha perdido porque el país se convirtió en un paraíso para los carteles de la droga y las mafias. El 8 de enero, luego de la fuga de la cárcel de "Fito", considerado el criminal más peligroso del país, el presidente Noboa decretó el estado de excepción mediante el decreto 110, otorgándose poderes a los militares y a la policía, se impone el toque de queda entre las 23 y las 5 horas, se restringe la inviolabilidad domiciliaria y de correspondencia, entre otras cosas.

El 11 de enero, un nuevo decreto hace referencia a una guerra interna contra grupos criminales y terroristas. Lamentablemente, y aunque los decretos no lo expliciten, se supone que la protesta social será criminalizada, quedando sin vía de expresión los legítimos reclamos de los indígenas, en particular, y de la gran masa de pobres, en general.

En cuanto a la guerra interna declarada por Noboa, se empiezan a ver algunas señales: aceptar ayuda militar de Argentina, Estados Unidos y Perú, cerrar las fronteras terrestres y presentar el proyecto de aumentar el IVA del 12 al 15% para afrontar el conflicto armado y el déficit fiscal asociado con la severa crisis económica y productiva.

-¿Se trata de un país donde el narcotráfico tomó tanta relevancia que hoy es complicado pararlo?

Así es. La relevancia del narcotráfico creo que podría sintetizarse en un lado invisible y uno visible. El lado invisible es el de las fortunas que manejan, con las cuales pueden comprar a políticos, jueces, jefes policiales y guardiacárceles, armar y sostener estructuras de poder que les permiten a los narcos imponer agendas a los políticos. El dinero es el que lleva a sostener el otro lado, el visible, el que percibimos los habitantes de Ecuador y que se traduce en noticias policiales: sicariatos, bombas, secuestros, asesinatos de directores de hospitales, alcaldes, candidatos políticos. El caso más resonante fue el del candidato a presidente Fernando Villavicencio, asesinado el 9 de agosto en plena campaña electoral.

El poder de los narcos se sintió como nunca el 9 de enero, cuando respondieron a los decretos de Noboa intensificando los ataques en todo el país.

La pobreza de larga data, que se acentuó con la pandemia, posibilitó que la gente desesperada, sin nada para perder, fuese reclutada como mano de obra por las organizaciones criminales.

-¿Sería posible comparar lo que sucede allá como el futuro que nos espera en Argentina si no se toman medidas en ciudades como Rosario? 

Creo que sí es posible comparar y, espero, también evitar en Argentina, lo que sucede en Ecuador. Los carteles y las mafias (acá está muy fuerte la albanesa) no empiezan a operar de una en todo un país, sino que hacen base en un lugar, se fortalecen y de ahí se expanden. Hasta hace poco tiempo, los sicariatos, atentados y secuestros sucedían en la costa, en ciudades como Guayaquil y Esmeraldas, que vendrían a ser como el Rosario de acá. Pero el año pasado esta situación empezó a extenderse por todo el país. En Quito, por ejemplo, hubo bombas en gasolineras y asesinaron en la vía pública al director de una cárcel.

-¿Ecuador se está pareciendo a lo que fue Colombia en la década del 80’ y parte del 90’?

Sí, se está pareciendo, aunque sin el componente de lucha armada política, es decir, en Ecuador no hay guerrilla como hubo en Colombia y Perú. También está la necesidad de Estados Unidos de tener conflictos en la región para justificar su injerencia y la reinstalación de bases militares, que fueron desmanteladas por Correa.

Vista del centro histórico de Quito, con fuerte presencia militar (¡Gracias por la foto Tania!)

-¿La clase política ecuatoriana está unida para luchar y mantener la institucionalidad?

Hubo reacciones de apoyo a Noboa desde varios sectores, incluidos el correísmo y la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador). Es evidente que nadie puede tolerar que el narcoterrorismo se haya apropiado del país y se coincide en que algo había que hacer.

Sin embargo, Noboa que todavía no acusa desgaste porque asumió hace un mes, ha dicho que ahora todos se le quieren subir a la camioneta, manteniendo distancia de la oposición a pesar del apoyo demostrado.

-¿Cómo vivís esta situación desde tu lugar de ciudadano? ¿Tenés que tomar recaudos?

Tomamos recaudos en la medida de lo posible, porque pese a la situación las actividades cotidianas continúan. Pero lo cierto es que no sabemos cuándo o dónde explotará una bomba o habrá una balacera. Sentimos que estamos en un juego de azar.

-En un momento, se puso a Ecuador como modelo de país pujante por la decisión de dolarizar su economía. ¿Cómo analizas este tema?

El 9 de enero de 2000, durante la presidencia de Jamil Mahuad, se produce el primer acontecimiento que determinaría la situación actual: la dolarización del país, para lo cual el gobierno ecuatoriano contrató a Domingo Cavallo, que hizo acá lo que al año siguiente hizo, con algunas variantes, en Argentina: un corralito, es decir, la confiscación de los ahorros y la conversión de los sucres que una persona había ahorrado toda la vida a dólares, resultando la conversión en una devaluación atroz y recibiendo el ahorrista apenas monedas. Eso sí, en dólares.

La dolarización ha traído pujanza a la reducida porción de clase media, no al resto mayoritario de la población. El salario mínimo (es decir, no lo que se gana, sino lo que debería ganarse) es de 425 dólares. La canasta familiar básica es de 750 dólares. Un alquiler de un departamento básico, común, ronda los 300 dólares.

La media salarial ronda los 470 dólares, pero como suele decirse, si una persona come dos pollos y otra ninguno, la estadística considerará que en promedio cada uno ha comido un pollo. Es decir, la media pasa entre los que ganan mucho más que lo básico y el 25 por ciento de la población que está por debajo de la línea de pobreza, con un ingreso per cápita mensual inferior a 89 dólares.

La pobreza, la desocupación y la subocupación no sólo no se resolvieron con la dolarización, sino que se agravaron durante la pandemia.

Por otro lado, la dolarización es el determinante directo por el cual Ecuador se convirtió en un paraíso narco. Los vecinos Colombia y Perú son los principales productores mundiales de cocaína, que ingresa al país sin que existan grandes controles fronterizos. Una vez en Ecuador, la droga se cotiza y se vende en dólares, por la elemental razón de que es la moneda oficial. Luego se embarca en Guayaquil y sale hacia Europa y norteamérica.

-También se habló de su modelo educativo. ¿Qué podés decirnos de eso?

El modelo educativo ecuatoriano se basa en el paradigma constructivista, con el énfasis puesto en ciertos ejes: aprendizaje centrado en el sujeto activo, importancia de los conocimientos previos y del aprendizaje significativo, etc. Es el mismo paradigma que se impuso en Argentina a partir de la Ley Federal de Educación en la época de Menem.

También como en Argentina, en Ecuador hay educación fiscal (estatal) y privada, con variaciones de calidad entre las instituciones de una u otra modalidad.

En cuanto a la educación universitaria, si bien la Universidad Central, estatal, era la que ostentaba la mejor calidad, hoy por hoy las más deseadas o ambicionadas por los estudiantes y sus familias son las universidades privadas, a pesar de lo restrictivo por lo económico, pero al mismo tiempo ese factor pone en juego un imaginario de prestigio, de elite, que suele ser difícil de sostener.

Entonces es muy frecuente la migración de chicos y chicas al extranjero, buscando educación de calidad y accesible. Les resulta más económico, por ejemplo, estudiar en Argentina (aún con los gastos de alquiler, manutención y pasajes aéreos) que en una universidad ecuatoriana. Hace unos días me decía una médica ecuatoriana graduada en la UBA que incluso les salía más barato estudiar en una universidad privada de Argentina, no sólo en una estatal.

Actualmente hay unos 2.500 ecuatorianos estudiando en universidades argentinas. El arancel en una universidad privada en Ecuador puede oscilar entre 4.800 y 6.500 dólares por semestre.

-¿Cuánto hace que estás allá? ¿En qué ciudad residís?

Estoy residiendo en Quito desde el 7 de octubre de 2022.

-¿Qué motivos te llevaron a radicarte en Ecuador?

Soy de Bordenave. En 1980, cuando tenía 12 años me radiqué en Mar del Plata. En el 2021 empecé a pensar seriamente en volverme a mi pueblo, pero conocí virtualmente a la que hoy es mi esposa, Tania. Viajé en junio del 2022 a conocerla y cuatro meses después me mudé a Quito con mi perrita. Nos casamos con Tania en diciembre de 2022.

-¿A qué te dedicás?

Soy psicólogo y profesor de Karate.

-Si tuvieras que hacer un resumen del país, su idiosincrasia, su cultura, su gente, ¿Cómo lo describirías? ¿Es muy diferente a Argentina?

Lo que más amo de Ecuador es la naturaleza: montañas, volcanes, ríos. Todavía no pude conocer el mar.

A nivel humano, la población indígena es mayoritaria. Se escucha hablar en kwichua por todas partes. Hay una gran variedad de grupos indígenas. Incluso en el Oriente del país hay pueblos "no contactados", es decir, no han tenido contacto con la civilización occidental.

Como contraste, veo una clase media con estudios universitarios, que dominan el inglés (que hablan con un acento como si fueran conductores de CNN) y que tienen una gran identificación con Estados Unidos.

En Quito todo huele a historia. El centro histórico está repleto de iglesias construidas desde el siglo diecisiete y que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Algunas diferencias con Argentina:

-El arroz, que es la base de la alimentación ecuatoriana ¡Parecen vietnamitas!

-No existe el bidet.

-Se cena alrededor de las 19:30.

-Hay otro concepto del tiempo, que dificulta cumplir con compromisos asumidos y horarios.

Una gran similitud con Argentina: son locos por nuestro rock nacional. En la calle, en el súper, en cualquier negocio, en la radio, se escucha Soda, Charly, León, Piero, La Mosca, Los Abuelos...

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